Los tacones rojos de Hades

52— Enfrentados

Asher Larren | Hades

El camino de ida a la universidad fue más silencioso de lo que esperaba, lo único que me tranquilizaba era la mano de Lyla sosteniendo la mía.

Justo cuando el auto ingresó al estacionamiento de la facultad sentí sus dedos tensarse alrededor de mi mano, sin embargo, su mirada era firme, como si nada pudiera hacerla cambiar de opinión.

Ya habíamos visto a qué nos enfrentaríamos una vez que diéramos un paso dentro del recinto, Jess nos había dado enviado las fotos de muchos carteles de la cara de Lyla con las palabras “Manipuladora” y “Falsa” escritas con marcador rojo, otras tantas incluían fotos de nosotros juntos con la frase “Solo es una apuesta”.

Honestamente esperaba que a estas alturas los estudiantes fueran más maduros como para dejarse llevar por los rumores, pero a la gente le gusta el chisme y el drama antes que enfocarse en sus propios asuntos.

Apagué el motor y miré a la chica a mi lado.

— Estamos a tiempo de irnos.

Ella se rio sin pizca de humor.

— ¿No me habías dicho que dejara de avergonzarme?

Ladeé la cabeza con una media sonrisa.

Solo ella podía hacerme contradecir tanto.

— Quiero hacer lo que te haga sentir más segura.

— Entonces déjame enfrentar a esto.

No insistí, no tenía caso hacerlo considerando lo decidida que estaba a entrar a la universidad y hacer frente a todo lo que sucedía, así que simplemente me bajé del auto para abrir su puerta y ayudarla a bajar.

Ella hizo un gesto con la cabeza que solo fue perceptible para mí.

Caminamos por los pasillos una vez más con su mano entrelazada con la mía mientras los murmullos volvían a invadir nuestro alrededor. Lyla en ningún momento bajó la cabeza, solo yo sentía como sus dedos se tensaban contradiciendo la seguridad con la que caminaba.

Sonreí con orgullo, esa era mi insoportable princesa.

Los susurros y las miradas no cesaron, muchas de ellas eran de curiosidad, otras de lástimas y unas pocas simplemente nos juzgaban de la misma forma que el día anterior.

Sentí un apretón en mi mano y bajé la mirada hacia ella, por un segundo la vi dudar, pero al ver que seguía su andar la seguí de cerca.

Entre más nos adentrábamos menos discretos eran los murmullos, como si tuvieran toda la intención de incomodar a Lyla.

No tardamos mucho en llegar al edificio que le correspondía, en cuanto Jess nos vio llegar prácticamente corrió hacia su amiga y la abrazó con fuerza.

Lyla soltó mi mano para poder corresponderle.

— Pensé que no vendrías, me alegra haberme equivocado.

Mark y Kyle también estaban ahí, a unos pasos de distancia con un semblante desanimado, luciendo completamente incomodos.

— También me alegra verlos.

La sonrisa que les dirigió fue genuina, una de las pocas que pudo hacer esa mañana.

Kyle también se acercó con pasos cautelosos mirándome como si fuera el responsable de su condena.

Le sonreí amablemente, después de todo ella no tenía culpa alguna, pero mi gesto la desconcertó tanto que se quedó quieta a mitad del camino.

— Kyle, ¿estás bien?

Los ojos de la pelirroja se desviaron hacia la rubia intentando recobrar su compostura.

— No mucho -volvió a bajar la cabeza y suspiró-. Lamento que todo esto empezara por culpa nuestra.

Lyla le sonrió colocando una mano sobre su hombro.

— No tienes que disculparte por algo que hicieron Zed y Nora.

Kyle volvió a mirarme.

— ¿Y tú? ¿Acaso me odias por todo lo que pasó con tu novia?

Negué con la cabeza rodeando el cuello de Lyla con mi brazo.

— Claro que no, sé bien la clase de amigos que ella tiene y no los voy a juzgar por un error.

Eso pareció tranquilizar por completo a la pelirroja.

Mark se acercó unos segundos después.

— Ya le envié todas las pruebas que recopilamos a Andrew, espero que con eso puedas arreglar una parte de todo este desastre -avisó revolviéndole un poco el cabello.

Solo asentí.

Lyla Rosse | Insoportable princesa

Ver a Kyle y Mark tan arrepentidos por algo que no hicieron fue una escena que me encogió el corazón.

No me gustaba que mis mejores amigos se sintieran mal y para ser franca la situación no era tan catastrófica como alguna vez creí que sería, aunque todavía me quedaban muchas horas por delante.

Giré hacia Asher.

— Puedes ir a tu clase si quieres, estaré bien.

Su entrecejo se frunció. No le había gustado mi sugerencia.

— Me quedaré contigo, Tyler me avisará cuando mi profesor haya llegado.



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En el texto hay: apuesta, romance, roomies

Editado: 19.06.2026

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