Los tacones rojos de Hades

55— El cumpleaños de Hades

Lyla Rosse | Insoportable princesa

Dos días después de nuestra visita me olvide por completo de los retos de la lista que quedaban pendientes y me enfoqué en el cumpleaños de Asher.

Tomé el pastel individual del refrigerador y caminé con pasos lentos hacia su habitación tratando de que el taconeo de mis zapatillas rojas no le despertaran.

Abrí la puerta con cuidado y me acerqué a él dejando el pastel con la vela encendida en la mesa de noche, luego me acerqué a su oído y con una sonrisa en los labios le susurré.

— Feliz cumpleaños, Hades.

Al escuchar mi voz se giró y sus ojos azules se encontraron con los míos a la par que una sonrisa amplia invadía su rostro.

Me parecía increíble que ese hombre hace algunos meses solamente me dirigía miradas indiferentes o gestos de molestia en lugar de su sonrisa actual.

— Buenos días, princesa.

Él se incorporó, sentándose con la espalda recargada en la cabecera de la cama.

Tomé el pastel y lo coloqué frente a él.

— Pide tu deseo.

Ladeó el rostro con gesto divertido mezclado con su somnolencia.

— ¿Es necesario?

Asentí con ilusión.

— No tienes que decirme tu deseo, solo piénsalo y sopla la vela.

Sin dejar de mirarme a los ojos ni un solo segundo apagó la vela.

Sonreí cual niña pequeña y volví a dejar el pequeño pastel en la mesa de noche acomodándome a su lado.

— Entonces… ¿Tienes algún plan para hoy?

El pelinegro me abrazó por la cintura atrayéndome hacia él y recargó su cabeza sobre mi hombro.

— No. ¿Por qué? ¿Planeaste algo?

Asentí con entusiasmo.

— Desgraciadamente mi plan del karaoke se pospuso para el sábado en la noche, pero tengo algo mejor en mente.

Traté de evitar su mirada o terminaría contándole lo que había planeado para él.

— ¿Me darás alguna pista?

Negué con la cabeza.

— Las sorpresas no se cuentan, por algo son sorpresa -le guiñé un ojo levantándome de la cama mientras alisaba mi falda negra con estampado de rosas.

Observé como su mirada azulada se desviaba a mi blusa y se quedó ahí un segundo de más.

Por alguna razón había optado por usar una blusa roja carmesí que se ajustaba a mi figura. El escote en forma de corazón me causaba un poco de inseguridad por como realzaba la piel de mi cuello, pero intente ignorarlo.

Carraspeé, a pesar de que ya no lo observaba sentía la intensidad de su mirada en mí.

— Te… espero en el comedor -le di una sonrisa tímida antes de salir de la habitación y cerrar la puerta detrás de mí.

Inmediatamente después saqué mi celular de uno de los bolsillos ocultos de la falda y leí los mensajes sin leer para distraerme.

Tras soltar el aliento, que no sabía que estaba conteniendo, me dediqué en responder cada mensaje del grupo que cree para planear todo lo que haría el día de hoy con ayuda de mis amigas.

Jess: ¿Y? ¿Cómo va la operación Hades?

Sonreí ante el ridículo nombre.

Lyla: Bien, acaba de despertar. Tal vez lleguemos a la universidad en una hora.

Kyle: Perfecto. Ya tengo lo que me pediste en el carro.

La curvatura en mis labios se ensanchó al mismo tiempo que guardaba el celular en el bolsillo una vez más y empecé a preparar el desayuno para ambos.

Unos minutos después Asher se unió a mí con su cabello mojado y desarreglado a causa de la ducha. Vestía un pantalón de mezclilla oscuro, una camisa negra que se le ceñía al cuerpo y su chaqueta de cuero.

No pude evitar mirarlo de pies a cabeza, obviamente él se dio cuenta y me dedicó una sonrisa ladeada.

— ¿Te gusta lo que ves?

Aparté la vista tan pronto como pude, tratando de evitar que mis mejillas se sonrojaran.

— No seas tan arrogante.

Su risa resonó por el departamento y sentí mi corazón dar un brinco.

— Claro, lo debí haber imaginado.

El tono sarcástico no desvaneció la sonrisa en sus labios.

Coloqué ambos platos con comida en los lugares de siempre y ambos desayunamos sin decir nada más.

Cinco horas después nos reunimos en la cafetería con nuestros amigos, aunque la verdad es que ni Asher, ni yo estábamos prestando atención a la conversación.

— ¿Entrarás al taller de baile? -indagó.

— No -hice una pequeña mueca-, lo olvidé y mi vestimenta no se presta para bailar.

Él asintió.

— De cualquier forma, me encanta como te ves, aunque tú siempre eres hermosa.

Me dio un pequeño apretón en la cintura y en respuesta le di un pequeño beso en la mejilla.



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En el texto hay: apuesta, romance, roomies

Editado: 14.07.2026

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