Lyla Rosse | Insoportable princesa
La cafetería estaba en silencio, los platos y vasos reposaban sobre algunas mesas y los micrófonos se encontraban a un lado de la laptop ahora apagada.
Seren se había ido hace una hora atrás junto con su mamá y Aldaia, esta última ya se encontraba profundamente dormida para ese entonces.
Finalmente, solo quedábamos Andrew, Asher y yo recogiendo el poco desastre que quedaba.
Mientras limpiaba la barra tarareé la última canción que cantaron nuestros amigos en el Karaoke, atrapando las miradas curiosas de Asher cada cierto tiempo.
Al día siguiente, por la mañana, recibí una llamada de Zed que no contesté, poco después sonó la notificación de un mensaje suyo que tampoco leí. No tenía ningún interés en hablar con él ni enfrentarlo.
Una vez que estuve en la cafetería junto con mi hermano, Jess llegó a primera hora, como cada fin de semana.
La pelinegra se llevó su taza de café a los labios con una sonrisa. Andrew, por su parte, solo escuchaba nuestra conversación sin interferir, después de todo se trataba de nuestros planes al graduarnos.
— ¿Qué hay de ti? ¿Ya tienes claros tus planes a futuro? -preguntó mi amiga con sus ojos fijos en mí.
— Sí, intentaré enfocarme en la cafetería y usar parte de mi carrera en ella, tal vez transforme el local en un café galería -respondí mirando alrededor.
— ¿Y Asher? El semestre está a nada de concluir. ¿Ya saben que pasará con ustedes para entonces?
Negué con la cabeza.
La verdad era que no habíamos conversado al respecto y era irónico porque habíamos hablado sobre mis deseos de formar una familia, pero ni siquiera teníamos claro si, para entonces, seguiríamos juntos.
Hice una pequeña mueca que atrajo la atención de mi hermano, quien exhaló pesadamente.
— Tal vez yo tenga algo de información al respecto.
Jess y yo levantamos la cabeza en su dirección.
— Por lo que sé es posible que se mude por un año a otro país. Seren ha conversado con su padre y le dijo que había hablado con algunos amigos para que lo contraten, aunque no se lo han dicho.
Fruncí el ceño.
¿Asher se irá del país? Si lo hace… ¿Qué pasará con nosotros?
Estaba algo absorta en mis pensamientos hasta que escuché el tintineo de la campana de la entrada, atrayendo la atención de los tres.
Frente a nosotros Zed avanzaba sin mucha prisa y en el momento en que mi hermano lo reconoció vi que su buen humor se desvanecía y su mandíbula se tensó en su lugar.
Genial, otro problema con el que tengo que lidiar.
— Harris -su voz denotaba el resentimiento-. ¿Qué haces aquí? Sabes bien que no eres bienvenido.
El castaño no avanzó más de lo necesario, quedándose a medio camino de la entrada y la barra.
— Tranquilo, no vengo a hacerles daño o algo parecido.
— ¿Entonces? -inquirió.
Después de soltar un corto suspiro, Zed respondió con tono cansado.
— Quiero hablar con ella… a solas.
Sus ojos azules encontraron los míos y por un segundo me hizo dudar.
Estaba por contestar cuando Andrew contestó en mi lugar colocando ambas palmas sobre la barra.
— No -esa simple palabra fue contundente-. No te daré la oportunidad de acercarte a mi hermana después de todo lo que hiciste.
Mi ex suspiró con pesadez, ya no parecía tan seguro de sí mismo ni con ánimos de querer discutir o convencerlo de cambiar de opinión.
— Supuse que te negarías, pero la pregunta se la hice a ella.
Nuevamente la campana sonó, esta vez mostrándonos la imagen de un pelinegro que conocíamos muy bien.
Por un segundo olvidé que esa misma mañana me dijo que vendría a verme antes de ir a cuidar de Aldaia.
Asher pasó por un lado de Zed sin darle la más mínima mirada o gesto. Cuando estuvo cerca de mí, me abrazó instintivamente por la cintura de forma protectora. Los ojos azules del castaño se fijaron en esa dirección.
— Has evitado mis llamadas y mensajes desde la mañana.
Los dedos de Asher se tensaron involuntariamente al escucharlo.
— Eso es porque no tengo nada de qué hablar contigo -mi voz sonó más cortante de lo que me habría gustado.
— Yo creo que sí, por ejemplo, la denuncia.
Silencio, nadie se atrevía a decir nada, ni siquiera Jess fue inoportuna.
— Quiero saber si la harás, Lyla.
Me mordí el labio inferior.
Llevaba días dándole vueltas al tema y seguía sin tener claro cuál decisión era la mejor. Incluso tenía la esperanza de que ese tema se olvidara con el tiempo.
Como era de suponer, Andrew posó su mirada en mí, esperando que respondiera.
Bajé la cabeza y me lo pensé por un momento.