Zophie Gonzales
Al fin había logrado acomodar todo. Al salir de la habitación, me encontré con la señora de la casa, que, por cierto, se llama Alma.
-Hola, señora Alma. Ya terminé de acomodar mis cosas. ¿Necesitas que te ayude en algo?
-Hola, Zophi. No, cariño, tranquila. Y ya te dije que me llames solo Alma; diciéndome «señora» me haces sentir más vieja de lo que soy.
-Está bien, mi querida Alma, no te llamaré así. Bueno, si me disculpas, quisiera recorrer un poco el pueblo y llevar los papeles al lugar donde voy a trabajar.
-Está bien, mi niña. Anda y ten cuidado con los animales del bosque; aunque suelen ser muy tranquilos, uno nunca sabe qué pueda suceder.
Yo simplemente asentí y fui a mi habitación a buscar mi celular. Como estaba tan concentrada ordenando mis pertenencias, ni cuenta me había dado de que tenía una hermosa vista que daba justamente hacia los árboles.
El camino desde la casa hasta la pastelería donde voy a trabajar estuvo tranquilo. Aunque me he sentido un poco ansiosa, supongo que deben de ser los nervios de estar en un lugar nuevo. Los dueños son un poco serios pero muy amables; una pareja súper unida, por lo poco que pude ver. Me explicaron todo el procedimiento y me dijeron que, por el momento, me podía encargar de la caja. Ya luego, si quería, podía trabajar en la cocina preparando algunos de los postres que sabía hacer.
-Bueno, señores Moretti, fue un placer haberlos conocido. Será un honor trabajar con ustedes.
-Lo mismo decimos, señorita Gonzales. Esperemos que todo vaya de maravilla y sea de su agrado trabajar con nosotros.
-Así será, señores Moretti.
Al salir de la pastelería, el aire fresco de la tarde me recibió en la fachada. El sol comenzaba a ocultarse, pintando el cielo de tonos anaranjados y melancólicos. Mientras caminaba de regreso por el sendero que colindaba con la vegetación, un crujido entre las hojas secas me hizo detener en seco. El corazón me dio un vuelco.
Desde la densa penumbra del bosque, emergieron lentamente dos imponentes criaturas. Se trataba de dos inmensos lobos: uno de un pelaje blanco tan puro como la nieve y el otro completamente negro como la noche más oscura. Lo más impactante eran sus ojos, de un rojo intenso y brillante que parecía brillar con luz propia.
El pánico me congeló los músculos, recordando las palabras de Alma. Sin embargo, no había agresividad en sus posturas. Para mi sorpresa, el lobo blanco se acercó a mí con pasos pausados y elegantes. Sin darme tiempo a reaccionar, dio un ágil salto hacia adelante, apoyando sus patas sobre mí. Cerré los ojos esperando lo peor, pero solo sentí el cálido y húmedo roce de su lengua pasando suavemente por mi mejilla izquierda, en una especie de saludo o reconocimiento
Al bajarse, el lobo negro dio un paso al frente. Su imponente presencia me hizo contener el aliento, pero sus movimientos eran igual de tranquilos. Se aproximó lentamente y, con una delicadeza sorprendente para su tamaño, saltó también hacia mí. Repitió el gesto de su compañero, pasando su lengua por mi otra mejilla, dejándome completamente atónita. Tras ese desconcertante momento, ambos me miraron fijamente por última vez antes de darse la vuelta con total parsimonia, perdiéndose de nuevo entre la arboleda. Con la respiración agitada y el corazón desbocado, apresuré el paso hacia la casa, intentando procesar lo que acababa de ocurrir.
Alexis Ramazotti
Después de la reunión, nuestro amigo se fue y nosotros decidimos salir a caminar un poco por el bosque que queda cerca del territorio de la manada. Por alguna razón, el bosque nos llamaba con insistencia; nuestros lobos estaban inquietos y querían ir hacia allá a toda costa. No me quería ilusionar pensando que podría tratarse de nuestra mate, pero una extraña certeza en mi pecho me decía que lo que nos esperaba entre los árboles no era nada malo. Al contrario, se sentía como un imán.
Alexander Ramazotti
Al adentrarnos en la espesura, la necesidad fue tan grande que no pudimos evitar transformarnos. Mi lobo es un precioso ejemplar blanco de ojos rojos, mientras que el de Alexis es uno negro como la noche, con los ojos del mismo color carmesí.De repente, un aroma dulce e idílico inundó de golpe nuestros sentidos -una mezcla de vainilla, chocolate y algo completamente celestial-. Corrimos guiados por el instinto hacia los límites de los árboles y fue entonces cuando la vimos caminar por el sendero. En ese microsegundo, el lazo se activó con una fuerza arrolladora y destructiva que nos sacudió a ambos por igual.El impacto nos dejó atónitos a través del vínculo mental: no solo habíamos encontrado a nuestra mate, sino que, contra todo pronóstico, ¡era la misma hermosa humana para los dos! No sabíamos quién era, de dónde venía ni qué hacía en los límites de nuestro territorio, pero nuestros lobos reclamaron su presencia de inmediato.Vimos el pánico en sus ojos cuando salimos de la penumbra, así que avanzamos con extrema lentitud para no espantarla. Yo no me pude contener; me acerqué con elegancia y salté suavemente sobre ella, apoyando mis patas en sus hombros solo para saborear su piel, dejando una caricia húmeda en su mejilla izquierda. En cuanto me bajé, el lobo de Alexis dio un paso al frente, compartiendo la misma adoración y el shock del descubrimiento. Se aproximó con delicadeza, saltó y lamió su mejilla derecha, sellando nuestro primer encuentro.Su confusión y asombro eran evidentes. Nos giramos despacio y regresamos al bosque, ocultándonos entre las sombras para vigilarla mientras corría a ponerse a salvo. No sabíamos nada de ella, pero ahora descubrir quién era esa humana se había convertido en nuestra única prioridad.
Espero les guste!!!