Zophie Gonzales
Llegué a la casa casi sin aliento. Cerré la puerta principal a mis espaldas y me apoyé contra la madera, intentando calmar los latidos desbocados de mi corazón. Tenía las manos temblorosas y las mejillas me ardían, no solo por la caminata rápida bajo el frío del crepúsculo, sino por el recuerdo táctil de aquellas dos imponentes criaturas.Llevé una mano a mi rostro de manera inconsciente. Al acercar los dedos a mi nariz, lo percibí. Un aroma espeso, salvaje y extrañamente embriagador se había quedado impregnado en mi piel. Olía a pino, a tierra mojada tras la tormenta y a un toque sutil de menta helada. Era un olor puramente masculino y dominante, pero que, extrañamente, en lugar de asustarme, lograba adormecer la ansiedad que traía desde la mañana.
-¿Zophi? ¿Eres tú, mi niña? -la voz de Alma resonó desde la cocina, sacándome de mis pensamientos.
Tragué saliva y traté de componer el rostro antes de caminar hacia ella. Alma estaba de espaldas, acomodando unas tazas sobre la mesa de madera.
-Sí, Alma, ya regresé -dije, intentando que mi voz sonara lo más normal posible.
Alma se giró con una sonrisa radiante que de inmediato iluminó la habitación. Dejó a un lado las tazas y me miró con ojos llenos de genuino interés maternal, sin notar en absoluto el torbellino de emociones que yo traía ni el extraño aroma que se había quedado impregnado en mis mejillas.
-¡Qué alegría, mi niña! Estaba justo preparando un té caliente para cuando llegaras -dijo con entusiasmo, acercándose para darme una palmadita afectuosa en el brazo-. Cuéntame, ¿cómo te fue? ¿Lograste encontrar bien la pastelería? ¿Qué tal son los señores Moretti?Su tono tan calmado y sus preguntas tan normales me ayudaron a bajar la guardia. Me senté en una de las sillas de madera, agradecida de la atención de Alma.
-Me fue muy bien, de verdad -respondí, esbozando una sonrisa más tranquila mientras jugaba con mis manos-. El pueblo es hermoso y encontré el lugar sin problemas. Los señores Moretti son personas un poco serias al principio, pero se portaron muy amables conmigo. Me explicaron cómo se maneja todo y me dijeron que por ahora estaré en la caja, aunque más adelante podré entrar a la cocina a preparar mis postres.
-¡Oh, eso es maravilloso, Zophi! -exclamó Alma, colocándose frente a mí con una taza humeante-. Te lo dije, son una pareja excelente y sé que te tratarán de maravilla. Me alegra mucho que todo haya salido bien en tu primer día.
Asentí, tomando la taza entre mis manos para calentarlas. Mientras escuchaba a Alma hablar sobre lo mucho que le gustaban los dulces de esa pastelería, mi mente no podía evitar desconectarse por segundos. Miré de reojo hacia la ventana de la cocina, que daba al jardín trasero. Más allá, la silueta oscura del bosque comenzaba a ser devorada por la noche. Aunque estaba a salvo bajo el techo de Alma, el aroma en mi piel seguía recordándome que esos dos inmensos lobos estaban allá afuera, ocultos en la penumbra...
Alexis Ramazotti
En cuanto regresamos a la profundidad del bosque y nos alejamos de la vista de la humana, Alexander y yo recuperamos nuestras formas humanas en un parpadeo. Nos vestimos a toda prisa con la ropa que habíamos dejado escondida entre las raíces de un gran roble. Mi respiración seguía agitada, pero no por el esfuerzo físico, sino por la adrenalina pura que corría por mis venas.Tenía el lazo ardiendo en mi pecho.
-Dime que tú también lo sentiste, Alexander -solté, volteando a ver a mi hermano mientras me abotonaba la camisa-. Dime que mi lobo no se volvió completamente loco.
Alexander estaba apoyado contra el tronco del árbol, con los ojos abiertos de par en par y una mano presionada contra su propio corazón. Estaba igual de impactado que yo.
.-Es ella, Alexis... -murmuró con la voz ronca, todavía procesando el shock-. Es nuestra mate. Pero... ¿cómo es posible? Es una sola humana. Para los dos.
-No lo sé -respondí, pasando una mano por mi cabello con frustración y emoción contenida-. Jamás en la historia de la manada se había visto que dos hermanos compartieran una misma compañera.
El lazo nos golpeó a ambos al mismo tiempo. Cuando mi lobo la olió, simplemente supo que le pertenecía... que nos pertenece.Me crucé de brazos, intentando calmar el instinto territorial que me exigía correr de regreso, sacarla de esa casa y esconderla en nuestra habitación donde nadie pudiera tocarla. El exquisito y dulce aroma a chocolate y vainilla de su piel se había quedado grabado a fuego en mi mente. Era una fragancia adictiva.
Alexander Ramazotti
Ver a Alexis tan alterado solo confirmaba que no había sido una alucinación mía. Mi lobo rasgaba mi interior, exigiendo volver a transformarse para correr tras ella. Recordar la textura de su mejilla izquierda bajo mi lengua y ese embriagador aroma a chocolate y vainilla que desprendía me hacía desear volver a tenerla cerca. Era pequeña, delicada, y sus ojos expresaban una inocencia que me había desarmado por completo.
-Tenemos un problema -dije, enderezándome y mirando hacia la dirección en la que ella había corrido-. ¿Te fijaste a dónde fue? Entró directo a la propiedad de Alma.Alexis se tensó de inmediato y sus ojos brillaron con un sutil destello carmesí en la oscuridad.
-La casa de nana... -susurró mi hermano, frunciendo el ceño.-. Alma es una vampira. Aunque sea nuestra aliada y la queramos como a una madre, su casa sigue siendo territorio neutral. No podemos entrar ahí a la fuerza a reclamar a nuestra mujer. Además, la habríamos asustado. Estaba temblando cuando nos vio.
-Lo sé -asentí, apretando los puños-. Fuimos demasiado impulsivos al salir del bosque y saltar sobre ella, pero nuestros lobos no nos dieron opción al oler ese chocolate con vainilla. Ahora sabe que existimos, aunque no entienda qué somos ni por qué la marcamos con nuestro olor.