Los tres son mis Mates??

Capitulo 4

Zophie Gonzales

El sonido persistente de mi alarma me obligó a abrir los ojos. La luz tenue de la mañana se filtraba por las cortinas de mi nueva habitación, recordándome que hoy era mi primer día oficial de trabajo en la pastelería. Me senté en la cama y, casi por instinto, me llevé las manos a las mejillas.El aroma seguía ahí.Había pasado la noche anterior frotándome la cara con agua y jabón, pero la fragancia a pino salvaje, tierra mojada y menta helada se negaba a desaparecer de mi piel. Se sentía como un tatuaje invisible. Suspiré profunda y resignadamente. Me levanté para darnos un baño rápido y me vestí con ropa cómoda pero bien arreglada, ideal para atender al público en la caja.Cuando bajé a la cocina, el olor a café recién hecho y pan tostado inundaba el ambiente. Alma ya estaba despierta, luciendo impecable y radiante como siempre.

-¡Buenos días, mi niña! -saludó con su habitual alegría, sirviéndome un plato con el desayuno-. Mírate qué hermosa estás. ¿Lista para tu primer día?

-Buenos días, Alma. Sí, un poco nerviosa, pero muy lista -respondí, sentándome a la mesa.Desayunamos entre risas y charlas ligeras. Alma me daba consejos sobre los clientes del pueblo, actuando con total normalidad. Me alivió muchísimo notar que, a pesar de estar tan cerca de mí, ella no parecía percibir el aroma de los lobos que tanto me preocupaba. Al terminar, tomé mi bolso, me despedí de ella con un beso en la mejilla y salí de la casa.El trayecto hacia la pastelería fue hermoso. El aire de la mañana era sumamente fresco y el pueblo comenzaba a cobrar vida con los lugareños abriendo sus negocios. Cuando entré al local, el olor a pan recién horneado y tortas era increíble.

-¡Buenos días, señorita Gonzales! -me saludó la señora Moretti con una cálida sonrisa desde el mostrador-. Qué puntual. Venga por aquí, le enseñaré a encender el sistema de la caja registradora antes de que abramos las puertas.

Asentí con entusiasmo y me puse detrás de la barra. Los señores Moretti se tomaron el tiempo de explicarme con mucha paciencia cómo marcar los postres, los cafés y cómo manejar el efectivo y las tarjetas. Me sentía bastante cómoda; el trabajo en sí no era difícil y estar rodeada de tantos dulces me hacía sentir como en casa.A los pocos minutos, el señor Moretti giró el cartel de la entrada para indicar que ya estábamos abiertos. La campana de la puerta tintineó por primera vez, anunciando la llegada de los clientes de la mañana. Me acomodé la ropa, dibujé mi mejor sonrisa y me preparé para atender.

Las primeras horas de la mañana transcurrieron de manera maravillosa y bastante rápida. Atendí a varias personas del pueblo que venían apuradas por su café matutino, algunas facturas y panes recién horneados. Me gustó mucho el ritmo del lugar; el olor a azúcar, chocolate y canela inundaba el ambiente, camuflando por completo el extraño aroma a pino y menta que los lobos habían dejado en mis mejillas el día anterior.

Los señores Moretti me daban miradas de aprobación y sonrisas cálidas cada vez que envolvía un pastel con cuidado o manejaba la caja con agilidad. Me sentía útil, tranquila y feliz de haber encontrado un buen empleo en un lugar tan agradable.Sin embargo, a media mañana, la tranquilidad de la pastelería se esfumó en un segundo.El tintineo de la campana de la entrada resonó con fuerza, y tres hombres imponentes cruzaron el umbral.
El ambiente en el local cambió de inmediato; se sintió una energía densa, magnética y extrañamente pesada. Avanzaron hacia el mostrador con pasos firmes, derrochando unos aires de grandeza y superioridad que de inmediato me cayeron mal. No soportaba a la gente arrogante que caminaba creyéndose dueña del mundo, y estos tres claramente desbordaban un exceso de confianza insoportable.

Dos de ellos eran extremadamente parecidos, altos, de facciones esculpidas y una postura dominante. Uno me clavó una mirada intensa y decidida, mientras que el otro me observaba con una sonrisa ladina que pretendía ser seductora, pero que a mí solo me pareció engreída. A su lado caminaba un tercer chico, de porte elegante, piel sutilmente pálida y una seguridad absoluta.A medida que se acercaban, el chico de piel pálida se apoyó en el mostrador, dedicándome una sonrisa demasiado ensayada que me hizo endurecer la espalda de inmediato. Borré cualquier rastro de timidez, adoptando mi postura más fría, distante y profesional detrás de la caja. No iba a inflarles el ego.

-Buenos días. Bienvenidos a la pastelería Moretti -respondí con voz neutra y cortante, ignorando las miradas intensas de los otros - Que desean ordenar?. Con gusto se los marcaría en el sistema.

-Nos gustaría ordenar tres cafés y tres porciones de pastel de chocolate más tu nombre reina - dijo el chico que estaba lleno de tatuajes.

A lo que yo solo le volteé los ojos

-En un momento estará listo su pedido caballeros,para eso es que estoy aquí para atender los pedidos más no para andar dando mi nombre.

Matteo Russo

Acompañé a Alexis y a Alexander a la pastelería solo porque no habían dejado de insistir en que habían encontrado a una humana increíble en el sendero del bosque. Como su amigo de confianza y un vampiro que respeta las alianzas entre nuestras especies, quería asegurarme de que los hermanos Ramazotti no cometieran una locura por el pueblo. Entramos al local con nuestra habitual actitud segura y dominante, listos para ver de quién se trataba.Sin embargo, en cuanto di un paso hacia el mostrador, el olor a pasteles pasó a un segundo plano y una fragancia celestial me golpeó directo en el pecho con una fuerza sobrenatural.

Chocolate y vainilla.Como vampiro, mis sentidos se agudizaron al límite. El lazo de la sangre y el destino se activó en mi interior con una intensidad salvaje y desconocida, haciendo que mi propia naturaleza reclamara a la portadora de ese aroma. Me quedé completamente congelado por un segundo, con los ojos fijos en la hermosa castaña detrás de la caja.



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En el texto hay: vampiros, humana, amor

Editado: 06.07.2026

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