Zophie Gonzales
Pasó una hora, luego dos, y los tres hombres seguían sentados en la mesa del rincón. Sus tazas de café ya debían de estar completamente frías y los pasteles apenas los habían tocado. Lo peor de todo no era que no consumieran, sino que sus miradas no se despegaban de mí ni por un solo segundo.Cada vez que levantaba la vista de la caja registradora para despedir a un cliente o para limpiar el mostrador, me topaba con tres pares de ojos fijos en mi dirección.
El chico de los tatuajes me observaba con una sonrisa divertida, como si estuviera disfrutando de mi incomodidad. Su hermano mantenía una expresión más seria y protectora, mientras que el chico pálido, el que me había pedido el nombre, me miraba con una intensidad tan profunda que me hacía perder el hilo de lo que estaba haciendo.Sentía la nuca caliente y los nervios a flor de piel. Su presencia derrochaba un magnetismo tan pesado que incluso los demás clientes parecían apurarse a salir en cuanto notaban la tensión que venía de esa mesa.
-¿Se le ofrece algo más, señora? -le pregunté a una mujer del pueblo, intentando concentrarme en mi labor y fingiendo una demencia absoluta ante el trío de acosadores guapos.
-No, mi niña, gracias -respondió la señora, dándome el dinero.Al abrir la caja para meter los billetes, mi respiración se agitó un poco. No podía negar que eran increíblemente atractivos, pero esa insistencia y esos aires de superioridad me ponían de mal humor.
«¿Acaso no tienen nada más que hacer en todo el día?», pensé con fastidio, golpeando los botones de la pantalla con un poco más de fuerza de la necesaria.
Matteo Russo
«Mírenla... se está empezando a molestar de verdad», les advertí a los hermanos a través del vínculo mental, sin apartar mis ojos de sus delicadas manos mientras acomodaba el dinero en la caja.
«Sus mejillas están rojas y está tecleando esa pantalla como si quisiera romperla».
«Está hermosa cuando se enoja», respondió Alexander de inmediato, apoyando la barbilla en su mano tatuada, completamente embelesado.
«Tiene un fuego adentro que me fascina. Las lobas de la manada siempre bajan la cabeza ante nosotros, pero ella... ella nos ignora como si fuéramos simples estorbos. Me vuelve loco».
«Concéntrate, Alexander», lo cortó Alexis, aunque su propia mirada delataba que estaba igual de hipnotizado. «Matteo tiene razón. Si nos quedamos aquí parados como estatuas mirándola fijamente, solo vamos a lograr que nos agarre más fastidio del que ya nos tiene. Debemos irnos por ahora».
Apreté los dientes, sintiendo cómo mi instinto vampírico luchaba por quedarse cerca de ella. Su aroma a chocolate y vainilla se había vuelto más intenso en el local debido a su agitación, y para mí era como un néctar del que no quería alejarme jamás. El lazo del destino nos estaba quemando por dentro a los tres. Sabíamos que a partir de este día, la pastelería Moretti se convertiría en nuestra parada diaria obligatoria.
«Vámonos», sentencié, poniéndome de pie con elegancia y acomodándome la chaqueta. «Ya dejamos en claro que sabemos dónde está. Dejemos que respire por hoy. Mañana iniciaremos el verdadero cortejo, y esta vez lo haremos bien».
Los hermanos Ramazotti suspiraron al mismo tiempo, pero me imitaron y se levantaron de las sillas. Antes de caminar hacia la salida, los tres le dedicamos una última mirada. Alexis le dio un leve asentimiento con la cabeza a modo de despedida, Alexander le guiñó un ojo con arrogancia y yo le regalé una sonrisa suave. En cuanto cruzamos la puerta, el tintineo de la campana pareció devolverle el alma al cuerpo a nuestra hermosa reina.
Zophie Gonzales
El resto de la tarde transcurrió con mucha más tranquilidad después de que ese extraño y arrogante trío abandonara la pastelería. Cuando llegó la hora de cerrar, ayudé a los señores Moretti a limpiar las mesas y a dejar todo impecable para el día siguiente. Me despedí de ellos con una sonrisa y emprendí el camino de regreso a casa de Alma.El trayecto me sirvió para despejar la mente. El cielo se había teñido de un azul oscuro y el aire fresco de la noche me golpeaba el rostro. Al llegar, el delicioso olor a cena casera me recibió en cuanto abrí la puerta principal.
-¡Zophi, mi niña! Qué bueno que llegas -saludó Alma desde el comedor, sirviendo la comida-. Ven, siéntate. Cuéntame, ¿cómo terminó de irte en tu primer día oficial?.
Me dejé caer en la silla con un suspiro de cansancio, pero con una sonrisa.
-Estuvo bastante bien, Alma. Los señores Moretti son un amor de personas -dije, tomando los cubiertos-. Aunque... a media mañana llegaron tres tipos que me cayeron un poco pesados. Eran súper arrogantes, se creían los dueños del lugar. Dos se parecían muchísimo y uno estaba lleno de tatuajes; el tercero era más pálido y elegante. Se quedaron horas en una mesa del rincón solo mirándome. Fue muy incómodo.Alma clavó sus ojos en mí con una mezcla de sorpresa aunqueno le tomé importancia.
-Vaya... -murmuró Alma, ocultando una sonrisa detrás de su taza de té-. Bueno, ya sabes cómo son algunos jóvenes del pueblo, a veces les gusta llamar la atención. No les hagas mucho caso, mi niña. Lo importante es que hiciste un gran trabajo. Come y ve a descansar, que mañana será un nuevo día.
Asentí, agradecida por sus palabras. Subí a mi habitación sintiéndome a salvo, pero al acostarme en la cama, miré hacia la ventana que daba al bosque oscuro. El aroma en mis mejillas seguía ahí, y por alguna razón que no lograba comprender, la imagen de esos tres hombres arrogantes se quedó grabada en mi mente antes de quedarme profundamente dormida.
Alexis Ramazotti
Mientras nuestra mate descansaba bajo la protección de Alma, Alexander, Matteo y yo nos encontrábamos reunidos en la gran cabaña principal de la manada. El ambiente estaba cargado de una tensión salvaje. Mis pasos eran erráticos; caminaba de un lado a otro de la sala con los puños apretados, sintiendo a mi lobo blanco rugir en mi interior, insatisfecho por haber tenido que dejarla ir.-¡Esto es una locura! -soltó Alexander, golpeando con frustración la mesa de madera-. Es nuestra mujer, Matteo. Compartirla con mi hermano ya era algo que mi lobo estaba procesando... ¡¿pero contigo?! Eres un vampiro. Jamás en la historia se ha visto que un lazo de licántropos se cruce con el de tu especie.