Zophie Gonzales
El segundo día en la pastelería Moretti comenzó con el mismo ritmo agradable. El aroma de los panes horneándose temprano me ayudó a sacudirme el cansancio y a concentrarme en mis deberes. Me sentía más segura detrás de la caja, saludando a los clientes frecuentes con una sonrisa genuina y amable. Los señores Moretti andaban de un lado a otro en la cocina trasera, dejándome a cargo del mostrador principal.A media mañana, el tintineo de la campana de la entrada me hizo levantar la vista de manera automática.Al ver quiénes cruzaban el umbral, mi espalda se tensó por completo y el corazón me dio un vuelco involuntario. Eran ellos otra vez.Sin embargo, noté algo diferente de inmediato.
No entraron empujando el aire con esa soberbia insoportable de ayer. Sus pasos eran más pausados, casi cautelosos. El chico de los tatuajes, Alexander, venía con las manos metidas en los bolsillos y una expresión inusualmente mansa, mientras que su hermano me miraba con timidez. Matteo caminaba al frente, luciendo impecable, pero sin esa sonrisa ensayada de galán de película.Se acercaron al mostrador manteniéndose a una distancia muy respetuosa. Yo entrelacé mis manos sobre la barra y los miré fija y seriamente, manteniendo mi postura estrictamente profesional.
-Buenos días, caballeros -dije con voz neutra y educada-. Bienvenidos de nuevo. ¿Qué van a ordenar ?
Matteo Russo
Habíamos pasado la mitad de la noche discutiendo cómo acercarnos a nuestra mate sin volver a arruinarlo. Mis ojos, que en la intimidad de la manada se habían tornado negros como un pozo por la frustración, ahora lucían normales y tranquilos. Sabíamos que nos estábamos jugando la oportunidad de que nos permitiera entrar en su vida.Al estar frente a ella, su exquisito aroma a chocolate y vainilla volvió a inundar mis sentidos, desatando un ansia brutal en mi interior. Pero me controlé. Di un paso adelante y la miré con la mayor honestidad y humildad posible.
-Buenos días -respondí, bajando ligeramente la cabeza en una señal de respeto que los hermanos imitaron al instante-. Antes de pedir algo, queríamos disculparnos contigo por nuestra actitud de ayer. Entramos actuando de una manera muy desatinada y presuntuosa. No fue nuestra intención incomodarte ni faltarte al respeto en tu primer día de trabajo.Alexis se aclaró la garganta y se adelantó un poco, apoyando las palabras que compartíamos a través de nuestro lazo.
-Es verdad -añadió Alexis, con una voz suave que contrastaba con su imponente físico-. Solo queríamos comenzar de nuevo, si nos lo permites. Prometemos ser los clientes más educados de todo el pueblo.
Alexander asintió, conteniendo su habitual sonrisa arrogante y mirándola con unos ojos que suplicaban una tregua. Ver a los dos licántropos más fuertes de la región y a mí, un vampiro de linaje, disculpándonos con tanta sumisión ante una simple humana habría sido el hazmerreír de cualquiera de nuestras especies. Pero para nosotros, la aprobación de nuestra reina lo valía todo.La humana nos observó en silencio durante unos largos y agónicos segundos. Examinó nuestros rostros, buscando rastro de alguna burla, pero al ver que hablábamos completamente en serio, la rigidez de sus hombros disminuyó sutilmente.
Zophie Gonzales
Los miré fijamente durante unos agónicos segundos. Busqué en sus expresiones el más mínimo rastro de burla, ironía o condescendencia, pero no encontré nada de eso. La mirada intensa del chico pelinegro sin tatuajes era de una honestidad casi conmovedora; el tatuado mantenía los labios apretados con un esfuerzo genuino por no sonar soberbio, y los ojos del chico rubio reflejaban una seriedad sincera y caballerosa.
Ver a tres hombres tan imponentes rebajar su orgullo de esa manera para disculparse conmigo logró ablandar un poco la barrera de mi fastidio. No me gustaba la gente arrogante, pero apreciaba mucho la madurez de quienes sabían reconocer sus errores.La rigidez de mis hombros desapareció por completo. Dejé escapar un suspiro suave y les dediqué una sonrisa pequeña pero sincera, la primera que les daba desde que los conocí.
-Está bien,caballeros,disculpas aceptadas-respondí con una voz mucho más suave y accesible, aunque manteniendo mi distancia-. Se agradece el gesto. De verdad habla muy bien de ustedes que hayan venido a enmendar lo de ayer.El alivio en sus rostros fue inmediato y tan evidente que casi me da risa. Parecía como si les hubiera quitado un peso enorme de encima. Me acomodé frente a la pantalla de la caja registradora y tomé el lápiz táctil, lista para trabajar.
-Muy bien, borrón y cuenta nueva -añadí con un tono más ligero-. Ahora, como clientes educados que prometieron ser, ¿qué les puedo ofrecer esta mañana? ¿Van a pedir lo mismo de ayer?
Matteo Russo
En cuanto esa hermosa sonrisa se dibujó en sus labios y sus palabras de perdón flotaron en el aire, el vínculo mental entre los tres se inundó de una euforia salvaje. El lobo blanco de Alexis dio una vuelta de alegría en su interior, Alexander contuvo las ganas de celebrar en voz alta y yo sentí que mi sangre se calentaba de una forma maravillosa. Habíamos logrado pasar la primera y más difícil prueba: ya no le caíamos mal.El aroma a chocolate y vainilla que desprendía pareció volverse todavía más dulce con su cambio de humor. Me obligué a mantener la compostura, aunque mis ojos amenazaron por un microsegundo con volverse negros como un pozo por la intensa oleada de posesividad y adoración que me golpeó el pecho.
Alexander se adelantó un paso, apoyando las manos en el mostrador de forma mucho más relajada, aunque cuidando de no invadir su espacio.
-Sí, por favor -dijo Alexander, regalándole una sonrisa que esta vez no tenía nada de arrogante, sino una calidez muy sutil-. Tres cafés negros bien cargados y tres porciones de pastel de chocolate.