Los tres son mis Mates??

Capitulo 8

Alexander Ramazotti

La oficina principal de la mansión de la manada se sentía tan tensa que el aire casi podía cortarse con un cuchillo. En el centro de la habitación, sentado en un fino sillón de cuero, estaba Elian. El brujo sostenía su teléfono móvil con manos notablemente temblorosas, desbloqueando la pantalla una y otra vez sin atreverse a escribir.A su alrededor, la presión era absoluta. Alexis caminaba de un lado a otro como un león enjaulado, haciendo crujir el piso de madera con cada paso de sus botas, mientras sus brazos tatuados permanecían cruzados sobre su pecho.
Matteo estaba de pie justo detrás del sillón de Elian, con la mirada fija en el aparato, tan inmóvil y frío como una estatua de mármol. Yo me apoyaba contra el borde del escritorio, observando al brujo con una sonrisa contenida, pero con el lazo mental vibrando con la misma urgencia de mi lobo

.-A ver, Elian, no tenemos toda la noche -apremié con voz suave pero firme-. Prometiste que le escribirías hoy para tantear el terreno. Hazlo ya.

-Es que... Alfas, Rey Matteo... no es tan fácil -tartamudeó Elian, mirando de reojo al vampiro que le respiraba en la nuca-. Si le escribo algo demasiado formal, va a sospechar. Tengo que sonar como un chico normal del pueblo.

-Escribe lo que quieras, pero averigua qué piensa de nosotros -gruñó Alexis, deteniendo su caminata y clavándole sus ojos de Alfa-. Dile que... no sé, que se veía linda hoy, pero que el ambiente en la pastelería estaba algo pesado por los idiotas de la esquina. A ver qué responde.

-¡No, eso es pésima idea! -intervine, soltando una risa-. Si hablas mal de nosotros, se va a notar demasiado que estás buscando información. Elian, ponle algo sencillo. Pregúntale cómo terminó su día de trabajo.

Elian pasó saliva, asintió rápidamente y comenzó a teclear con timidez.«Hola, Zophie. Soy Elian, el chico de la pastelería. Lamento haber salido corriendo hoy, surgió una emergencia. ¿Cómo terminó tu turno? Espero que esos tres tipos raros de la esquina no te hayan seguido molestando.»Antes de que pudiera presionar enviar, la mano fría de Matteo se posó sobre el hombro del brujo, haciéndolo saltar del susto.

-Borra la palabra "molestando" -sentenció Matteo con su tono gélido de Rey vampiro-. Nosotros no la molestamos. Fuimos estrictamente educados. Pon que esperas que el ambiente se haya relajado.Elian borró frenéticamente y corrigió el texto bajo nuestra estricta supervisión. Tras un par de minutos de intensa discusión, Elian finalmente respiró hondo.

-De acuerdo... quedó así: "Hola Zophie, soy Elian. Perdón por la huida de hoy, gajes del oficio familiar jaja. ¿Qué tal estuvo el resto de tu día? Espero que la tensión de la mañana no te haya arruinado el turno con los clientes." ¿Lo envío?Alexis y yo nos miramos, sopesando el mensaje. Matteo asintió una sola vez con la cabeza.

-Envíalo -ordené.Elian presionó la pantalla. El mensaje había salido. Ahora, solo nos quedaba esperar el veredicto de nuestra reina.

Zophie Gonzales

Estaba sentada en el sofá de mi pequeña sala, vistiendo mi ropa más cómoda y sosteniendo una taza de té caliente entre las manos. La casa estaba en silencio, lo que me daba el espacio perfecto para que mi mente volviera a repasar los extraños sucesos de la mañana.Por más que intentaba concentrarme en otra cosa, no podía sacarme de la cabeza la intensa y dolorosa mirada que me había dado Alexander antes de cruzar la puerta de la pastelería. No tenía sentido. Apenas nos conocíamos, y sin embargo, su expresión parecía la de alguien que acababa de perder algo sumamente valioso. Y luego estaba el misterio del aroma. Juro que cuando ellos pasaron a mi lado, el aire se inundó de un aroma riquísimo a pino y menta, tan vívido que me hizo sentir en medio de un bosque invernal. Lo raro era que, al mirar por la ventana hacia el resto de la calle, todo el pueblo olía simplemente a lluvia fresca y asfalto mojado. «Seguro fue mi imaginación por el cansancio», intenté convencerme, aunque en el fondo sabía que no era así.El repentino vibrar de mi teléfono sobre la mesa de centro me sacó de mis pensamientos. Dejé la taza a un lado y tomé el aparato. Era un número desconocido.Al abrir el mensaje de texto, vi que era de Elian. Sonreí un poco al leer su disculpa por la extraña forma en que había salido huyendo de la pastelería. Era tierno que se preocupara por cómo había terminado mi día, pero lo que realmente llamó mi atención fue la última frase:

"Espero que la tensión de la mañana no te haya arruinado el turno con los clientes."Apreté los labios, recordando de inmediato al trío de la esquina y al grupo de chicas que los habían rodeado. La decepción volvió a instalarse en mi pecho. Tomé el teclado y comencé a responderle con total honestidad:

"Hola, Elian. No te preocupes, entiendo lo de tu emergencia. Mi turno terminó bien, por suerte. Y respecto a la tensión... bueno, supongo que es normal en este pueblo que los tipos mujeriegos vengan acompañados de su club de fans. Una lástima, porque por un momento pensé que eran caballeros de verdad. En fin, ¿cuándo nos tomamos ese café?"
Dejé el teléfono sobre mis piernas, esperando su respuesta.

Alexis Ramazotti

Elian estaba sentado como una estatua, con el teléfono extendido en el aire como si fuera una granada a punto de explotar. En cuanto la pantalla se iluminó con la respuesta de Zophie, Alexander y yo nos abalanzamos sobre el escritorio, mientras Matteo se inclinaba tanto hacia adelante que su rostro quedó a centímetros de la pantalla.Leímos el mensaje en silencio. Un segundo. Dos segundos.

«...supongo que es normal en este pueblo que los tipos mujeriegos vengan acompañados de su club de fans. Una lástima, porque por un momento pensé que eran caballeros de verdad...»

El lazo mental entre nosotros tres estalló en un rugido de furia, dolor y pánico absoluto. Fue tan fuerte el impacto que mi lobo blanco se encogió en mi interior, soltando un lloriqueo lastimero antes de rasgar mi conciencia con pura rabia.
-¿¡Mujeriegos!? -rugí en voz alta, perdiendo el control por completo.El poder de mi voz de Alfa se liberó sin querer y una de las pesadas lámparas de cristal de la oficina parpadeó antes de reventar con un sordo estallido. Mis músculos tatuados se tensaron al límite y enterré las garras directamente en el borde del escritorio de caoba, agrietando la madera preciosa como si fuera papel.
-¡Por los dioses primitivos, Elian! ¡Nos llamó mujeriegos! ¡A nosotros! -Alexander se llevó las manos a la cabeza, caminando de un lado a otro con los ojos inyectados en sangre, completamente desbocado-. ¡Yo jamás he mirado a otra mujer en mi vida! ¡Ninguno de nosotros lo ha hecho! ¡Esa etiqueta nos va a destruir!



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En el texto hay: vampiros, humana, amor

Editado: 06.07.2026

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