Zophie Gonzales
El teléfono vibró en mi regazo apenas un par de minutos después. Lo tomé de inmediato, sintiendo una pequeña chispa de curiosidad.«¿En serio? Jaja, vaya, qué mala primera impresión te llevaste del pueblo», decía el mensaje de Elian. «Pero te aseguro que no todos somos así. Y acepto encantado ese café. ¿Te parece bien mañana sábado por la mañana? Como es fin de semana, sé que los señores Moretti cierran la pastelería y no trabajan los sábados ni los domingos, así que supongo que tienes el día libre. Conozco una cafetería hermosa cerca de la plaza central».
Esbocé una sonrisa ligera y tecleé mi respuesta afirmativa rápidamente, acordando la hora. Dejé el celular en la mesa de noche y me recosté en la cama, mirando el techo. Elian tenía razón. Apenas había llegado al pueblo el miércoles, directo a instalarme en mi nueva casa, y el jueves había comenzado mi primer día en la pastelería Moretti. Prácticamente no había tenido tiempo de desempacar por completo, ni de explorar, ni de conocer a nadie antes de sumergirme en el trabajo el jueves y el viernes. El hecho de tener el fin de semana libre me dejaba en una situación un tanto incómoda: no tenía absolutamente nada que hacer en una casa a medio arreglar y en un lugar donde era una completa extraña.«Al menos tendré la oportunidad de hacer un amigo», pensé, cerrando los ojos.
Sin embargo, justo antes de quedarme dormida, la imagen de Alexander y su mirada rota volvió a colarse en mi mente, acompañada por ese persistente y fantasmagórico aroma a pino y menta. Era frustrante lo mucho que esos tres hombres lograban descolocarme sin siquiera hablarme.
(Al día siguiente - Sábado por la mañana)
El sol del sábado entró con fuerza por la ventana de mi habitación. Me levanté con calma, disfrutando de no tener que correr hacia la pastelería. Me di una ducha larga y busqué en mi maleta algo lindo. Decidí ponerme una falda negra combinada con unas medias pantis negras y un suéter verde oscuro, que era bastante abrigador para el clima fresco de este lugar, el cual parecía tener una extraña fijación con los días lluviosos.A las diez de la mañana en punto, salí de mi casa y caminé hacia la plaza central siguiendo las indicaciones que Elian me había mandado. El pueblo se veía encantador los fines de semana; las calles empedradas estaban tranquilas y el aire se sentía sumamente limpio.Cuando llegué a la cafetería "El Roble Viejo", una estructura rústica de madera con grandes ventanales, vi a Elian sentado en una de las mesas de la terraza exterior.
En cuanto me vio, se levantó de un salto. Tenía una sonrisa enorme, pero noté algo raro en él: estaba impecablemente peinado, vestía una camisa de botones extrañamente formal para un café matutino y sus ojos se movían de un lado a otro de la calle de forma casi paranoica.
-¡Zophie! Buenos días. Te ves... verdaderamente hermosa -dijo Elian, estirando su mano para guiarme a la silla con una caballerosidad exagerada.
-Buenos días, Elian. Muchas gracias, tú también te ves muy bien -respondí, sentándome y mirándolo con una ceja levantada-. Aunque pareces un poco tenso. ¿Todo bien con tu emergencia familiar de ayer?
-¡Sí! ¡Perfecto! Todo bajo control absoluto de las máximas autoridades -exclamó él, riendo de una forma un tanto nerviosa mientras se sentaba y se acomodaba el cuello de la camisa-. No hay nada de qué preocuparse. Sabía que los señores Moretti jamás trabajan los fines de semana porque cierran por completo el local, así que me pareció el momento ideal para que saliéramos a despejar la mente.
Elian continuó hablando sobre el clima, pero su mirada se desviaba hacia el otro lado de la plaza central cada vez que intentaba mantener el contacto visual conmigo.Instintivamente, volteé a mirar hacia donde él veía con tanta insistencia, pero solo vi un gran auto negro con los vidrios completamente polarizados estacionado debajo de la sombra de un árbol. En el aire del lugar, un sutil y fresco olor a pino y menta comenzó a flotar.
.Alexander Ramazotti
«Si le vuelve a tocar la mano, juro por mi corona que me bajo del auto y le arranco los dedos», gruñó Alexis a través del lazo mental. Estaba sentado en el asiento trasero del vehículo, con las uñas enterradas en el cuero del asiento y los ojos fijos en la terraza de la cafetería.
«Cállate, Alexis, estás bloqueando mi visión», siseó Matteo desde el asiento del copiloto, sin quitar sus ojos negros como un pozo de la figura de Zophie. El vampiro estaba usando sus sentidos agudizados para leer los labios de nuestra mate a la distancia.
«Ella se está riendo. Dijo que Elian es dulce».Apreté el volante del auto con tanta fuerza que mis nudillos se pusieron blancos. El lazo mental era un absoluto hervidero de celos de tres Reyes de la comunidad sobrenatural. Habíamos liberado nuestro camuflaje de olor a lluvia para inundar la plaza y mantener controlado el radar de cualquier otra criatura, aun no sabemos si pudimos hacer que a Zophie no le llegara nuestro olor real. No queríamos que descubriera que la estábamos siguiendo.
«Mírenla... se ve preciosa con esa falda y ese suéter verde», comenté por el vínculo, sintiendo una mezcla de adoración y una profunda opresión en el pecho al ver lo hermosa que lucía nuestra reina. Me dolía estar tan cerca y a la vez tan lejos de ella, todo por culpa del maldito malentendido de las humanas del viernes.
«Elian está sudando frío. Sabe que si comete un error, su cabeza decorará la entrada de la mansión», añadió Alexis, con una sonrisa salvaje y oscura. «Pero tenemos que actuar ya. No puedo seguir viendo cómo ese brujo respira su mismo aire. Alexander, busca la forma de que nos crucemos "por accidente" ahora mismo».
Miré a Matteo y luego a mi hermano a través del espejo retrovisor. Los tres asentimos al mismo tiempo. Era hora de bajarse del auto y empezar a recuperar a nuestra reina.