Narra Enola
Lloré muchísimo cuando supe que estaba embarazada. Yo no deseaba esto; era algo tan inesperado y, sin embargo, lo acepté inmediatamente. Iba a tener a mi hijo.
—¿Has pensado en lo que vas a hacer? —preguntó Paty mientras se maquillaba frente al espejo—. Recuerda que voy a apoyarte en lo que decidas.
Sabía que esto era una locura, pero no podía deshacerme de este bebé. No tenía el corazón para hacerlo, pero tampoco quería tener un hijo tan joven y en este momento tan difícil, sin ningún empleo y dependiendo totalmente de Patricia. Me sentía muy abrumada; era aterrador no saber qué iba a pasar el día de mañana, era aterrador pensar en volverme prostituta.
—No lo sé —confesé sintiéndome aterrada—, soy muy joven y no tengo nada que ofrecerle a este hijo. Sin embargo, no quiero, no puedo pensar en abortar.
—Creí que ibas a hacer lo contrario, como lloraste tanto —resopló preocupada—. Enola, si quieres ser madre, es lo mejor que te puede pasar; pero si no te ves como una, es lo peor que te puede pasar.
—Tengo mucho miedo, estoy aterrada —confesé con voz llorosa—, pero... aun así, no quiero abortar.
Lloré con el corazón magullado por la angustia.
—¿Y no vas a hablar con el padre? Debe saberlo, Enola. Debes hablar con él; no puedes pasar por esto tú sola. Es difícil hacerlo sola.
—No lo sé, amiga...
Estaba dudando si volver a buscar a Boran Sabanci. Después de que lo abandoné, no sabía si quería hablar conmigo. ¿Acaso iba a creer que este hijo era suyo? Tal vez creería que quería atraparlo con un hijo que no era de él.
—¿Y si cree que quiero atraparlo con un hijo que no es suyo?
—Que crea lo que quiera, para eso existen las pruebas de paternidad. Ese hombre es jodidamente rico.
—Aun así, no quiero volver a encontrarme con él, porque siempre me recordará aquella noche en la que hice aquello.
—Aun cuando no lo ves, piensas en él. ¿Crees que no te escucho suspirar en las noches?
—Tienes razón —terminé admitiendo con las mejillas ruborizadas—. No dejo de pensar en él, Paty. Es que es como si me hubiera marcado.
Me sequé las lágrimas y me senté en la cama.
—Estoy buscando trabajo, Patricia —le avisé—, pero no sé si me lo vayan a dar en mi estado.
—Si te llaman no digas que estás embarazada; podemos falsificar una prueba de embarazo negativa. No te preocupes, yo sé hacer eso.
—¿En serio?
Asintió.
—Le robé el sello a la del laboratorio —sonrió con malicia—. Todavía creo que lo está buscando. Una chica me pidió que la ayudara con eso; la paga fue buena.
Reímos.
—Eres muy hábil, Paty...
—Enola, hazme caso, ¿sí? Habla con el padre si decides conservarlo. Te lo dice una madre soltera que no tuvo otra opción: ser madre no es fácil... y menos sola.
—¿Tú crees que él quiera escucharme? ¿Qué tal si lo niega? No dejo de pensar en ello.
—Me dijiste que ambos sabían que el condón se rompió... Entonces no tiene por qué dudar; si lo hace, es un gilipollas. Pero yo misma me voy a encargar de que se haga cargo, yo misma, ya verás.
—Paty, por favor deja que yo hable con él, ¿sí?
—Como tú digas, Enola... Pero si desiste de su paternidad, entonces me va a oír.
Patricia se fue a trabajar y yo me quedé sola con mis pensamientos.
Pensé en Boran y me preguntaba si realmente cometí un error. ¿Y si de verdad él me veía como a una persona y no como tan solo una mujer que vendía su cuerpo? ¿Podría yo perdonarme por lo que hice algún día? ¿Cómo volver a ver a Boran si estaba segura de que cada vez que lo mirara a los ojos me sentiría motivada a repetir de nuevo aquel encuentro entre los dos?
Estar con él en la cama, él dentro de mí, fue como morir y volver a nacer. Pensé en aquella noche, cuando él me hizo suya. Guardé todas las cosas que me hizo sentir: es una sensación... que me aceleró el corazón y la respiración de tanto gozo; no podía pensar, y solo queria gritar de lo extasiada que estaba conforme él me acariciaba la piel. Y al final todo explotó, todo se contrajo violentamente dentro de mí; sentí paz, me relajé y, aunque aquella sensación solo permaneció unos pequeños segundos, fue lo suficientemente intensa para dejarme satisfecha.
Y entre suspiros y pensamientos, por fin cerré los ojos dejando de pensar en él, pero no por mucho, porque él apareció en mis sueños.
Narra Boran Sabanci
—¿Cuántas veces debo decirles que deben usar el casco? —pregunté a los hombres que se encontraban de pie, agrupados en una reunión.
Estaba muy molesto porque uno de mis obreros se cayó por no usar las precauciones necesarias y se dio un golpe en la cabeza. No podía creerlo.
—Ustedes no pueden trabajar bajo riesgo creyendo que son inmortales —volví a repetir. Hubo un profundo silencio—. Aprendan de Halil.
—Por suerte no pasó a mayores y solo fue un pequeño golpe —agregó Karim—. Ya no seas tan intenso, Boran. Relájate.
—¿Cómo quieres que me relaje? Quiero que todo salga bien... ¡Haz tu trabajo! Dile a tus muchachos que se encarguen de poner orden. Da el ejemplo.
Entrecerró los ojos, observándome con atención de una manera extraña. Imbécil, como si nunca hubiera visto a un hombre enojado. Me enojaba mucho cuando algo salía mal porque no me gustaba estresarme; se suponía que este trabajo era mi manera de distraerme del mundo.
Y Enola no aparecía. Se esfumó, era como si nunca hubiera existido; sin embargo, dejó una huella en mí imborrable. La extrañaba muchísimo. No quería ser intenso, pero era inevitable; este era yo, un hombre apasionado.
—Ya pareces una mujer, estás muy emocional este día —volvió a insistir.
—Cierra la boca —ordené—, ¡cierra la puta boca! ¿No sabes que este no es momento para bromear? Esto es serio.
Acaricié mi estómago intentando apaciguar las náuseas y lo revuelto que se me puso el vientre; tal vez algo me había caído mal. Dios mío, estas náuseas estaban acabando conmigo. Deseaba con todas mis fuerzas expulsar lo que sea que comí en mal estado.
#508 en Novela romántica
#221 en Chick lit
romance erótico drama, romance erotico dolor lagrimas, bebesecreto
Editado: 11.01.2026