Capítulo: El Aroma del Engaño
Amira me perseguía a todas partes. Era como una sombra persistente que se negaba a disolverse incluso bajo la luz más brillante. Después de lograr escapar y dejar a Enola en su trabajo, mi esposa apareció en la compañía buscándome con la furia pintada en el rostro. No pudo encontrarme porque estábamos trabajando en una localización externa, pero su rastro de destrucción quedó marcado en la oficina.
Mi secretaria, con la voz todavía temblorosa, me contó que Amira estuvo a punto de agredirla físicamente si no le revelaba mi paradero. Se mantuvo firme, pero tuvieron que intervenir los guardias de seguridad. La situación se estaba escapando de mis manos.
—¿Puedes ayudarme con Amira? —le supliqué a Samir, sintiendo el peso de la desesperación en mis hombros.
—Boran, por favor —bufó él al otro lado de la línea—. Puedo hacer lo que sea por ti, pero lidiar con tu esposa celópata está fuera de mis límites.
—No eres un buen amigo si no estás dispuesto a ayudarme —reproché con amargura—. Pero yo sí estoy dispuesto a colaborar con tu tonta aplicación.
—Tampoco exageres... Todos obtenemos un beneficio aquí. Pero veré qué puedo hacer por ti.
—Necesito que la convenzas —le sugerí, mi mente trabajando a mil por hora—. Si se niega, habla con mi padre. Invéntale que no estoy en el país, dile que ella está sola en Abu Dhabi. Mi padre es un hombre de honor; no permitirá que una mujer de su familia esté desprotegida y sola en una ciudad extraña.
—Dios mío, Boran, en qué lío te has metido. Mis energías están puestas en otro lugar ahora mismo... exactamente en mi otra cabeza.
—¿De qué hablas?
—Estoy pensando en crear un perfil en mi propia plataforma —confesó Samir en un tono conspirador—, pero quiero que mi identidad sea secreta.
—¿Y eso por qué?
—Porque hay una mujer con la que quiero estar... pero no quiero que ella sepa quién soy yo realmente.
—¿Y quién es ella?
—Eso es confidencial, Boran. Un secreto de estado.
—Bien, pero no te olvides de lo mío. Te lo pido. No puedo dejar que Enola me descubra. Entiende que no puedo perderla.
Colgué el teléfono, sintiendo un vacío en el pecho y un miedo terrible. Lo peor de todo era que sabía que probablemente mentiría aún más para sostener aquella mentira que dije si las cosas continuaban así. La angustia no me dejaba pensar en opciones, sabía que decir la verdad era la solución sin embargo sabía que podría ser un riesgo.
Me estaba matando saber que probablemente Enola no iba a perdonarme. Lo peor de todo era que sabía que probablemente mentiría aún más para sostener aquella farsa si las cosas continuaban así. La angustia no me dejaba pensar en opciones; sabía que decir la verdad era la solución, sin embargo, sabía que podría ser un riesgo.
Me consumía el pensamiento de que, muy posiblemente, Enola no me perdonaría jamás. Tanto quería detener el tiempo en aquella cama para tenerla siempre conmigo, acurrucado con ella... pero eso solo formaba parte de una ilusión imposible. O tal vez me estaba precipitando al pensar que se iba a enojar tanto.
Caminé hacia la cama y me acosté a su lado. Atraje su cuerpo hacia el mío, rodeándola con mis brazos para aspirar aquel aroma a chocolate que tanto me fascinaba. Parecía que Enola sabía exactamente qué era lo que me mantenía cautivado.
—¿Cómo te sientes? —pregunté. El sonido de mi voz la hizo estremecerse levemente.
—Me haces cosquillas —murmuró ella con una pequeña sonrisa—. Y mi respuesta es: horrible. Me siento horrible.
—¿Qué puedo hacer por ti, preciosa?
Se giró para encararme. Estaba ruborizada. Sus dedos acariciaron mi mejilla mientras nuestras miradas se entrelazaban en un silencio cargado de significado.
—Solo abrázame. Quiero descansar en ti —susurró. Y cumplí su deseo, apretándola contra mí como si el mundo exterior no existiera.
—¿No vas a contarme a qué te dedicas realmente? —preguntó de pronto, su voz era apenas un hilo debilitado por el sueño.
—No —respondí en un tono juguetón—. No pienso revelarte mis secretos hasta que tú me digas todo de ti.
—No es justo, yo pregunté primero.
—No, la pregunta fue mía... ¿Recuerdas?
—¿And qué es lo que deseas saber? Mi vida no es tan emocionante como la tuya, Boran.
—A mí me interesa todo de ti —le aseguré, besando su sien—. ¿Por qué decidiste venir? ¿Por qué me diste un "toque" en la app, Enola?
Se encogió de hombros, pensativa, mordiéndose el labio inferior mientras buscaba las palabras adecuadas.
—Lo hice... porque eras un buen prospecto —admitió con una honestidad que me dolió—. Solo quería que la experiencia fuera menos traumática, Boran. Para ser sincera, solo quería hacerlo con un hombre. Y tú tenías todo lo que yo necesitaba.
—Creí que me habías elegido por ser irresistible y atractivo —bromeé para ocultar mi incomodidad.
Su risa llenó la habitación; era delicada, hermosa.
—Eso también —confirmó ella—, pero pesaba más el hecho de que quería que fuera una sola vez, con un solo hombre.
—¿Y por qué decidiste hacer... eso?
—Porque me estaba muriendo de hambre y estaba desesperada —confesó, con un dejo de tristeza en su voz—. Después de que mi padre me dijo que me fuera, pasé por mucho en la calle sin ningún hogar para vivir. Intentaron abusar de mí; si no hubiera sido por Patricia y por un amigo... No sé si estaría con vida en estos días.
La miré sintiendo una profunda lástima en mi pecho. Imaginarme a Enola tan frágil caminando por las calles me conmovió de una manera terrible. Esa confesión lo cambiaba todo. Empecé a empatizar con ella y me enojé por la forma de actuar de su padre. Acaricié su mejilla buscando su mirada. Empecé a entender el porqué estaba siendo tan obstinada con el trabajo: era porque no quería volver a repetir aquel trago amargo en su vida.
—Temía a que me volviera a pasar lo mismo —prosiguió—. Quedarme sin comida y probablemente sin hogar formaban parte de mis peores pesadillas. No quería eso para mí.