Los trillizos de mi Sugar daddy

Rompiendo patrones

Patricia se volvió a comunicar con el misterioso hombre que la deseaba. Pero no fue por mensajes, sino por una llamada breve. Su voz se escuchaba rara: era masculina, pero gélida y un tanto... ¿forzada? Pareció estar segura de que escuchó ese mismo timbre de voz en otro lugar, pero no recordaba nada; ni dónde, ni cuándo.

Los nervios se incrementaron cuando aquella voz llenó, como un eco, su oído.

—Dime algo... ¿Por qué me escogiste a mí? ¿Qué tengo yo de especial?

Un silencio sepulcral fue lo que se escuchó detrás de la línea. Ella esperaba aquella respuesta impaciente. Deseaba poder confiar en que esto sí funcionaría, que no se trataba de una broma cruel del destino o, peor aún, le suplicó al universo que este hombre no fuera un asesino serial obsesionado con ella.

—Porque solo quiero follarte... porque es tan solo un deseo carnal —contestó siendo sincero, pero con ese tono gélido y perturbador que, además, pareció ser egocéntrico. Estaba casi segura de que aquella voz estaba siendo emitida o modificada por una computadora.

—¿Tan reservado eres? —inquirió en un murmullo. A pesar de que se encontraba sola, estaba murmurando; no entendía por qué, solo podía pensar en que esto era una locura.

—No me gusta mostrar mi rostro —confesó Samir. Una vil mentira, porque eso era lo que más le gustaba presumir, un hombre egocéntrico al fin—. Por eso quiero que sea confidencial. ¿Te molesta?

—Más que molestarme, me inquieta —admitió sincera.

—¿Todavía crees que soy un asesino serial? —cuestionó en un tono juguetón—. Lo único que deseo es...

Se quedó en silencio. Patricia intentó tragar, pero su garganta estaba seca. No sabía qué era esa sensación, pero su corazón empezó a latir con fuerza. Jamás había entablado una conversación de esa manera con un cliente; solo hablaban de los montos y del lugar, más no de la acción. Nada más. Pero ese hombre era distinto. Aunque su voz se amortiguó por la modificación de la computación, pudo notar que aquel barítono era jodidamente sexy. Era una familiaridad que le provocaba un escalofrío, como un recuerdo enterrado que se negaba a salir a la luz.

—¿Qué? —insistió inconscientemente, con la curiosidad cosquilleando en la punta de su lengua. Se desesperó cuando notó que no le contestó, así que con ansiedad miró la pantalla del móvil para asegurarse de que él continuaba ahí.

—¿Por qué te quedas en silencio? —inquirió con ese sentimiento de molestia en su pecho. Patricia era una mujer directa, no le gustaba la tensión, y eso era lo que estaba sintiendo en aquel momento. Mordió sus labios mientras acomodaba su cabello negro. Tomó aire y se abanicó con la mano, totalmente avergonzada. No debió preguntar aquello.

—¿Quieres saber? —pronunció él. Ella asintió como si él estuviera viéndola a los ojos, anonadada, imaginando a ese hombre varonil con aquella máscara adornando su rostro.

—Sí —su voz fue un murmullo inseguro—. Quiero saber.

—No soy de los que hablan demasiado —confesó—, pero si te tuviera, primero te haría disfrutar, porque... de esa misma manera lo haría yo, escuchando tus gemidos, observando tus expresiones, mientras... te saboreo toda.

—¿Quieres... saborearme? —Se sorprendió, porque a las mujeres como ella jamás la acariciaban; solo estaban disponibles para el disfrute de los hombres. Se emocionó; su corazón se aceleró más con la intriga.

—¿Tú qué crees? Te deseo mucho, muñequita. Quisiera tenerte, todo de ti, tu cuerpo.

Una sonrisa nerviosa intentó construirse. Sintió un sudor casi helado en su espalda. Era miedo ligado a otra emoción desconocida.

—Ahora la pregunta mía es... ¿te gustaría que yo lo hiciera, muñequita?

Cuando le decía "muñequita" con aquella voz, todos sus sentidos se descontrolaban más. Patricia no sabía cómo mantener a raya aquellas sensaciones que no tenía idea de por qué las sentía tan intensas, tan abrumadoras.

—Sí —afirmó—. Quiero.

—¿Quieres... esta noche? —inquirió él. Una emoción intensa creció en su pecho al saberse victorioso en su objetivo.

—¿Estás en el mismo lugar que yo? —inquirió sin poder creerlo. Esperaba que le dijera que se encontraban lejos; no se esperaba que estuviera tan cerca de ella.

—Puedo llegar a donde sea que estés, cariño.

—Me gustaría que nos tomáramos esto con más tranquilidad —sugirió cuando una ola de claridad invadió su cabeza. No podía actuar por impulso y por curiosidad; no quería exponerse por la emoción del momento.

—Será como tú quieras, muñequita.

Y colgó antes de que pudiera responder a su despedida. Era tan impredecible aquel hombre misterioso, pero le atraía. Incluso si aquella no fuera su voz real —estaba casi convencida de que no lo era, a menos que tuviera un talento especial—, la intriga la consumía.

¿Podría Patricia sentirse deseada? ¿Podrían ser aquellas sensaciones el comienzo de un sentimiento sexual? Le aterraba la idea de que estos sentimientos se convirtieran en una gran estafa cuando, en el acto, su mente la volviera a traicionar. Le aterraba la idea de no disfrutar esta vez. Quería saber cómo se sentía aquello tan delicioso que le había explicado Enola; lo deseaba con todas sus ganas: esa atracción sexual, esas sensaciones placenteras en su parte íntima... no dolor, no ardor. No quería sentirse incómoda mirando al techo esperando a que un hombre terminara; quería venirse con alguien, y que ese hombre la besara, la mirara a los ojos con emoción y la tratara con decencia humana. Eso era todo. No necesariamente tenía que amarla; ella sabía que eso era imposible.

Cerró los ojos y se quedó dormida, hasta que su móvil empezó a sonar media hora después. Era Enola.

(...)

Dos horas antes.

Cuando Enola se fue a arreglar su cabello, Boran se quedó de pie, pensativo, al otro lado de la habitación.

Se quedó pasmado pensando en la reacción de Enola cuando descubriera que estaba dispuesto a casarse incluso sin su consentimiento. Si se negaba a eso y él la persuadía, ¿acaso lo percibiría como un monstruo?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.