Los Trillizos Del Ceo

Capítulo 14 – Contratos y silencios

POV ADRIÁN

La sala de juntas huele a café recalentado y ambición contenida. Victoria lleva una hora diseccionando su nueva obsesión: expansión al mercado europeo de productos premium. Vinos. Aceites. Alimentos orgánicos. Palabras que suenan elegantes pero que al final significan lo mismo: dinero.

—Necesitamos un socio consolidado —dice, deslizando carpetas sobre la mesa de caoba—. Alguien con infraestructura ya establecida, reputación intachable y conexiones políticas que faciliten la entrada.

Marcos, el director financiero, hojea los documentos sin mucho entusiasmo.

—Europa está saturada. Los márgenes son estrechos y la competencia feroz. ¿Estás segura de que vale la pena el riesgo?

Victoria no parpadea.

—Por eso necesitamos al mejor. No a cualquiera.

Gira su laptop hacia nosotros. En la pantalla aparece un logo elegante: una vid entrelazada con ramas de olivo, y debajo, en letras doradas: *De Rossi Wines & Oils*.

—De Rossi —lee Marcos en voz alta—. ¿Sicilia?

—Sicilia —confirma Victoria, con ese brillo en los ojos que aparece cuando encuentra algo que quiere—. Empresa familiar. Cuatro generaciones. Exportan a treinta y dos países. Producción orgánica certificada. Márgenes del treinta por ciento sostenidos durante la última década.

Hace una pausa, dejando que los números hablen.

—Y lo más importante: son extremadamente selectivos con sus alianzas. No trabajan con cualquiera. Si conseguimos un acuerdo con ellos, no solo entramos a Europa. Entramos por la puerta grande.

Marcos silba bajo.

—Suena bien. ¿Cuál es el problema?

—Que no aceptan reuniones —responde Victoria, recostándose en su silla—. He intentado contactarlos durante tres meses. Correos formales, propuestas enviadas, intermediarios... nada. Alessandro De Rossi, el patriarca, rechaza todo acercamiento que no venga con las credenciales correctas.

—¿Credenciales? —pregunto, hablando por primera vez desde que empezó la reunión.

Victoria me mira con esa expresión calculadora que siempre me pone en guardia.

—Tradición. Respeto. Familias que entienden el valor de la herencia —dice lentamente, como si probara cada palabra—. Los De Rossi no hacen negocios con corporaciones frías. Hacen negocios con *personas*. Con familias que comprenden lo que significa construir un legado.

Algo en su tono me irrita.

—No somos una familia. Somos una empresa.

—Exacto —dice Victoria, inclinándose hacia adelante—. Por eso necesitamos cambiar el enfoque. Alessandro De Rossi no va a sentarse con un equipo de ejecutivos en traje. Pero tal vez sí se siente con un CEO viudo que entiende de pérdida, de proteger lo que queda, de construir algo que trascienda.

Me quedo mirándola, procesando lo que acaba de decir.

—¿Quieres usar la muerte de Claudia como estrategia de negociación?

—Quiero usar la *verdad* —corrige, sin inmutarse—. Eres un hombre que perdió a su esposa. Que sigue adelante a pesar del dolor. Eso es exactamente el tipo de historia que resuena con alguien como Alessandro. Él también perdió a su primera esposa. Tiene hijos. Entiende el peso de la familia.

Marcos carraspea incómodo. Yo aprieto los puños debajo de la mesa.

—No voy a prostituir mi vida personal para cerrar un trato.

—No te estoy pidiendo que finjas nada —dice Victoria, sosteniendo mi mirada—. Solo que seas tú mismo. Honesto. Directo. Alessandro respeta eso.

—¿Y si dice que no?

Victoria sonríe apenas.

—No dirá que no. He investigado. Los De Rossi están buscando expandirse al mercado norteamericano, pero no encuentran socios que cumplan sus estándares. Somos exactamente lo que necesitan. Solo tenemos que convencerlos de que también ellos son lo que nosotros necesitamos.

Marcos cierra su carpeta.

—¿Y cómo propones acercarte? Si llevas tres meses intentándolo sin éxito...

—Vamos personalmente —responde Victoria, como si fuera obvio—. A Sicilia. A su territorio. Mostramos respeto presentándonos en su casa, no exigiendo que vengan a la nuestra.

—¿Ir a Sicilia? —repito, incrédulo—. ¿Para qué? ¿Para que nos cierre la puerta en la cara en italiano?

—No lo hará —dice Victoria, con esa certeza que me exaspera—. Porque voy a conseguir una carta de recomendación. Un contacto mutuo que avale nuestra visita.

—¿Qué contacto?

—Estoy trabajando en eso.

Marcos me mira esperando una respuesta. Yo miro a Victoria, buscando la trampa en su plan. Siempre hay una trampa.

—¿Cuánto tiempo tomaría esto?

—Una semana. Tal vez dos. Vuelo directo a Palermo. Nos reunimos con Alessandro. Presentamos la propuesta. Si todo sale bien, firmamos un memorándum de entendimiento y regresamos con el trato cerrado.

—Y si no sale bien, perdemos dos semanas y un presupuesto de viaje para nada.




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