Los Trillizos Del Ceo

Capítulo 30 — La amante observa.

Victoria Mendoza no llegó donde está siendo ciega a las señales. Durante quince años escalando posiciones en mundos dominados por hombres que asumían que su aspecto era su único activo, aprendió a leer lo que la gente no dice tanto como lo que sí dice. Aprendió a detectar cambios sutiles en patrones de comportamiento, a identificar cuándo alguien está mintiendo no por lo que afirma sino por lo que evita, a reconocer peligro antes de que tenga nombre.

Y ahora mismo, observando a Adrián desde el otro lado del salón donde supuestamente están asistiendo a un panel sobre innovación en packaging sostenible, todas sus alarmas internas están sonando.

Él está presente físicamente. Sentado en su silla con esa postura controlada que mantiene incluso cuando está exhausto. Pero su mirada no está en el ponente que gesticula apasionadamente sobre biodegradabilidad. Está escaneando la audiencia con una intensidad que Victoria reconoce porque lo ha visto hacer eso antes, cuando está buscando algo, cuando está obsesionado con resolver un problema que no puede dejar ir.

Y sabe exactamente qué está buscando.

O más precisamente, a quién.

Lola De Rossi está sentada seis filas adelante, tomando notas con esa concentración serena que parece natural en ella. Traje gris oscuro hoy, cabello recogido en una trenza baja, sin joyas excepto un reloj discreto que probablemente cuesta más que la mayoría de los autos en el estacionamiento del hotel. Parece completamente absorta en la presentación, ajena a la mirada que perfora su nuca desde atrás.

O tal vez no tan ajena.

Victoria ha notado algo en la forma en que Lola se posiciona desde que llegó al salón. Eligió un asiento que le da visibilidad de las entradas y salidas. Se sienta en el borde del pasillo, no en el centro de la fila, dándose ruta de escape fácil. Mantiene su bolso cerca, su teléfono visible sobre su regazo como si esperara un mensaje urgente que requiera salida inmediata.

Son detalles pequeños. Imperceptibles para la mayoría.

Pero Victoria construyó su carrera leyendo detalles pequeños.

Y estos detalles le dicen que Lola De Rossi está en alerta máxima, comportándose no como una ejecutiva confiada en un evento profesional sino como alguien que está siendo cazada y lo sabe.

La pregunta es: ¿por qué?

Adrián ha estado diferente desde anoche. Desde el cóctel de bienvenida donde vio a Lola por primera vez, donde intercambiaron esas miradas cargadas que Victoria notó pero que ninguno de los dos explicó. Desde entonces, ha estado distante de formas que van más allá de su distancia usual. Esta es otra cosa. Obsesión activa en lugar de ausencia pasiva.

Anoche, cuando finalmente regresaron a sus habitaciones contiguas después del evento, Victoria intentó su rutina habitual. La puerta entre sus cuartos estaba entreabierta como siempre. Ella se cambió deliberadamente dejando su puerta de baño abierta, una invitación silenciosa que Adrián había aceptado docenas de veces durante los últimos cinco años.

Pero anoche no vino.

Ella esperó treinta minutos, luego una hora, escuchando sonidos del otro lado. Lo escuchó caminar de un lado a otro. Lo escuchó hacer llamadas telefónicas en voz baja que no pudo descifrar completamente. Lo escuchó trabajar en su laptop hasta pasadas las tres de la madrugada.

Y nunca cruzó esa puerta.

Esta mañana llegó tarde al desayuno, con ojeras que el café no pudo disimular, respondiendo sus preguntas con monosílabos distraídos. Cuando ella mencionó que varios ejecutivos querían reuniones privadas para discutir posibles alianzas, él asintió sin realmente escuchar. Cuando ella sugirió que tal vez deberían extender su estadía en Milán un día extra para aprovechar contactos, él murmuró algo no comprometedor y se perdió en su teléfono.

Y ahora está aquí, ignorando completamente un panel que específicamente dijo que quería atender, observando a Lola De Rossi como si fuera un problema matemático que necesita resolver urgentemente.

Victoria saca su propio teléfono, fingiendo revisar emails. Pero lo que realmente está haciendo es buscar información. Abre el navegador discretamente, escribe "Lola De Rossi" y empieza a leer todo lo que puede encontrar.

Que resulta ser frustrantemente poco.

Artículos de negocios que mencionan su nombre en conexión con éxitos de De Rossi Wines & Oils. Análisis de mercado que la citan como una de las ejecutivas más efectivas en la industria alimentaria europea. Menciones en listas de mujeres poderosas en negocios, siempre sin fotografía, siempre con biografías suspicazmente breves.

No hay redes sociales. No hay perfiles de LinkedIn. No hay entrevistas personales. Es como si hubiera aparecido completamente formada hace cinco años, lista para dirigir un imperio sin historia previa.

Cinco años.

Exactamente cinco años.

Victoria siente algo frío instalarse en su estómago.

Hace cinco años, Adrián perdió a Claudia. Hace cinco años, tres bebés nacieron y desaparecieron con una madre sustituta llamada Lucía Navas. Hace cinco años, Adrián contrató investigadores para buscarla sin éxito.

Y hace cinco años, aparentemente, Lola De Rossi apareció en Sicilia como heredera de Alessandro De Rossi.




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