Los Trillizos Del Ceo

Capítulo 40— Los niños deciden

POV LORENZO

Mami está sentada en el borde de la cama del hotel, mirando su teléfono con esa cara que pone cuando está preocupada. Leo y Loretta están conmigo en el suelo, construyendo torre con los bloques que el hotel nos dio, pero yo estoy más interesado en mami. Algo importante está pasando. Lo sé porque tiene esa arruga entre sus cejas que solo aparece cuando piensa muy fuerte.

—Mami —digo, dejando los bloques—. ¿Estás triste?

Ella levanta la vista, intentando sonreír, pero no es su sonrisa real. Es la que usa cuando quiere que pensemos que todo está bien pero no lo está.

—No estoy triste, tesoro. Solo pensando.

—¿Sobre qué?

Ella suspira, dejando el teléfono a un lado. Nos hace señas para que nos acerquemos. Los tres subimos a la cama con ella, como hacemos en casa cuando vamos a tener "conversación importante". Mami siempre dice que las conversaciones importantes necesitan estar cerca.

—Necesito preguntarles algo —dice, mirándonos uno por uno—. Y necesito que sean completamente honestos conmigo, ¿está bien?

—Siempre somos honestos —dice Loretta.

—Lo sé. Pero esta es pregunta grande. ¿Recuerdan lo que papá Adrián preguntó hoy en el aeropuerto?

—¿Sobre ir a vivir a Nueva York? —pregunta Leo, porque él siempre recuerda todo exactamente como pasó.

—Sí. Sobre mudarnos a Nueva York por un tiempo. Para vivir cerca de él. Para que puedan pasar más tiempo juntos.

—¡Sí! —digo, emocionándome inmediatamente—. ¿Vamos a ir? ¿De verdad?

—No lo sé todavía —dice mami—. Por eso necesito saber qué piensan ustedes. ¿Quieren ir a Nueva York? ¿Quieren vivir con papá Adrián?

—¡SÍ! —grito, porque es obvio.

—Pero eso significaría dejar Sicilia —dice mami—. Dejar al nonno Alessandro. Dejar su colegio. Sus amigos. Todo lo que conocen.

—¿Por cuánto tiempo? —pregunta Leo, porque siempre necesita saber los detalles.

—Papá Adrián dijo seis meses. Medio año.

—Seis meses son ciento ochenta y dos días —dice Leo—. O ciento ochenta y tres si hay año bisiesto, pero este año no lo es.

—Correcto —dice mami—. Casi medio año lejos de casa.

—Pero vamos a regresar después, ¿verdad? —pregunta Loretta—. A ver al nonno.

—Por supuesto que sí. Sicilia sigue siendo nuestro hogar. Solo estaríamos... visitando por más tiempo.

—¿Y veríamos a papá Adrián todos los días? —pregunto, porque eso es lo más importante para mí.

—Sí. Viviríamos en su casa. Lo verían todos los días.

—Entonces quiero ir —digo sin dudarlo.

—Lorenzo, no es decisión tan simple...

—Pero sí es simple —interrumpo—. Me gusta papá Adrián. Me gusta pasar tiempo con él. Y si vivimos con él, puedo pasar más tiempo. Eso es simple.

Mami me mira con esos ojos que se ponen brillantes cuando está tratando de no llorar. No entiendo por qué lloraría. Ir a Nueva York es cosa buena.

—¿Y tú, Leo? —pregunta mami—. ¿Qué piensas?

Leo se empuja sus lentes (que no necesita, pero usa porque piensa que lo hacen ver más inteligente) y pone su cara de pensador.

—Tengo preguntas —dice, porque siempre tiene preguntas.

—Por supuesto que las tienes —dice mami, casi sonriendo de verdad esta vez—. Adelante.

—¿Tendríamos nuestra propia habitación o compartiríamos?

—Papá Adrián dice que su casa es muy grande. Probablemente tendrían habitaciones propias.

—¿Iríamos a colegio allá?

—Sí. Encontraríamos buen colegio en Nueva York.

—¿En inglés o en italiano?

—Probablemente en inglés, aunque pueden tomar clases de italiano.

—¿Y tú estarías con nosotros? ¿No solo nosotros con papá Adrián?

—Por supuesto que estaría con ustedes —dice mami, jalando a Leo más cerca—. No los dejaría solos. Nunca.

—Entonces está bien —dice Leo—. Estadísticamente, tener ambos padres presentes mejora desarrollo infantil en ochenta y tres por ciento. Leí estudio.

—No todo es sobre estadísticas, Leo —dice mami.

—Pero ayudan para tomar decisiones informadas.

Mami ríe, pero suena un poco como llanto también.

—¿Y tú, Loretta? ¿Qué piensas?

Loretta está jugando con el cabello de mami, enredándolo en sus dedos como hace cuando está pensando.

—¿Papá Adrián tiene jardín? —pregunta.

—No lo sé. Probablemente.

—¿Y podemos tener perro?

—Loretta, eso no es...

—Porque papá Adrián dijo que tenía perro cuando era niño. Y si vivimos con él, tal vez podemos tener perro también. Siempre quisimos perro, pero tú siempre dices que estamos muy ocupados.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.