Los Trillizos Del Ceo

Capítulo 45— Primer desayuno desastroso

POV LORENZO

Me despierto porque escucho voces abajo. No voces normales de mañana con mami diciendo "buenos días" y papá Adrián leyendo su periódico. Estas voces están tensas, como cuando mami habla con Isabella por teléfono y usa ese tono que significa que está enojada, pero fingiendo que no lo está.

Leo todavía está dormido a mi lado, su libro de astronomía aplastado contra su cara porque se quedó dormido leyendo otra vez. Loretta está en su propia habitación probablemente soñando con bailar o con tener perro que mami dice que tal vez podemos conseguir si nos portamos bien. Pero yo estoy despierto y curioso, así que bajo las escaleras en silencio, descalzo en mi pijama de dinosaurios, tratando de entender qué está pasando.

La cocina es enorme, toda brillante y blanca con cosas de acero que se ven caras. Normalmente a esta hora solo está mami preparando café y tal vez James el mayordomo organizando cosas. Pero hoy hay alguien más.

Una señora que nunca he visto está parada junto a la cafetera, usando pijama de seda que brilla cuando se mueve. Es bonita de la forma que son las señoras en las revistas que mami a veces mira en el aeropuerto, con cabello perfecto incluso acabándose de despertar y uñas pintadas de rojo. Está preparando café en la máquina especial que papá Adrián usa, la que tiene muchos botones y hace ruidos raros.

Mami está sentada en la mesa con su propia taza de café, mirando a la señora con cara que conozco muy bien. Es la cara que pone cuando Loretta hace algo que no debería pero mami está decidiendo si vale la pena regañarla o simplemente dejarlo pasar. Excepto que esta cara es más fría, más quieta, como cuando ves animal en documental que está calculando exactamente cuándo atacar.

Papá Adrián está parado junto al refrigerador con su traje puesto, viéndose incómodo de la forma que se veía cuando nos conoció por primera vez en Milán, como si no supiera exactamente dónde poner sus manos o qué decir.

—Buenos días, Lorenzo —dice mami cuando me ve, su voz inmediatamente suavizándose de esa forma que solo usa con nosotros—. Ven aquí, cariño.

Camino hacia ella, trepando a su regazo aunque probablemente ya estoy muy grande para eso, pero me gusta el olor de su champú y cómo sus brazos se sienten seguros alrededor de mí.

—¿Quién es ella? —pregunto, señalando a la señora de la pijama de seda.

La señora se gira entonces, sonriendo muy grande, pero su sonrisa no llega a sus ojos de la forma que las sonrisas reales lo hacen. Es como la sonrisa que Isabella usaba cuando venía a visitarnos en Sicilia y fingía que le agradábamos pero sabíamos que realmente no.

—Hola, cariño —dice con voz dulce que suena practicada—. Soy Victoria. Amiga de tu papá.

—Victoria vino a... traer documentos —dice papá Adrián rápidamente, pero está mintiendo. Puedo decir cuando los adultos mienten porque sus voces se vuelven raras y no nos miran directamente. Además, ¿por qué alguien traería documentos en pijama?

—A las siete de la mañana —agrega mami con ese tono frío otra vez—. En pijama.

—Tenía llave —dice Victoria, todavía sonriendo mientras sirve café en taza y se la ofrece a papá Adrián—. Y sabía que Adrián toma su café exactamente a las siete, dos de azúcar, crema hasta que esté color caramelo. Como a él le gusta.

La forma en que dice esto, como si fuera información especial que solo ella sabe, hace que mami se ponga más rígida debajo de mí.

—Ya no tienes llave —dice papá Adrián, no tomando el café que Victoria le ofrece—. Te la quité hace dos semanas.

—Oh, tenía copia de respaldo —dice Victoria como si no fuera gran cosa—. De emergencias, ya sabes.

—No hay emergencias que requieran que aparezcas en mi casa a las siete de la mañana en pijama —dice mami, su voz ahora definitivamente fría, el tipo de frío que hace que incluso yo sepa que alguien está en problemas grandes.

—Solo pensé que sería útil, ya sabes, con tantos cambios en la casa. Adrián probablemente necesita ayuda...

—Adrián tiene todo la ayuda que necesita —interrumpe mami, parándose y llevándome con ella, estableciéndome en el piso pero manteniéndome cerca con su mano en mi hombro—. De su familia. Que ahora incluye a sus hijos y a mí. No incluye ex-amantes apareciendo sin invitar.

El silencio que sigue es del tipo que hace que incluso niños de cinco años sepan que deben quedarse muy quietos.

—¿Tú también vives aquí? —pregunto, porque estoy confundido y necesito entender las reglas de esta nueva casa.

Victoria se agacha para estar a mi altura, su sonrisa volviéndose más grande.

—Algo así, cariño. Paso mucho tiempo aquí. Conoces toda la casa. Ayudo a tu papá con muchas cosas.

—No —dice mami antes de que pueda procesar esto, su mano apretando ligeramente mi hombro—. Victoria no vive aquí, Lorenzo. Es amiga de tu padre. Del trabajo. Y vino a traer documentos pero ahora se está yendo.

—Pero ella dijo...

—Se está yendo —repite mami, y su voz tiene ese tono que significa que no hay discusión posible, el mismo tono que usa cuando dice que no podemos comer postre antes de cena o que tenemos que ir a dormir a las ocho incluso si no tenemos sueño.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.