Los Trillizos Del Ceo

Capítulo 47 — Cena con los abuelos

NARRADOR.

La mesa del comedor formal de la mansión Valcor está puesta con vajilla que probablemente tiene más años que todos los presentes combinados, cristalería que refleja la luz de las velas en patrones prismáticos, y suficiente cubierta para confundir a cualquiera que no creció en este mundo. James supervisa mientras dos miembros adicionales del personal traen platones de comida que huele increíble, y hay momento surrealista donde Alessandro piensa que esta es primera cena familiar real en esta casa desde que Lola y los niños llegaron hace casi un mes.

Los niños están impecablemente vestidos, claramente instruidos por Carla sobre comportamiento apropiado para cena formal con abuelos presentes. Lorenzo está en traje pequeño que lo hace verse adorable y ligeramente incómodo. Leonardo tiene camisa abotonada hasta el cuello aunque sigue leyendo libro bajo la mesa. Loretta está en vestido que probablemente eligió ella misma porque tiene demasiados volantes y brilla cuando se mueve.

Adrián está en cabecera de la mesa, posición que ocuparía el patriarca tradicionalmente, aunque se ve vagamente incómodo con ello. Lola está al otro extremo, suficientemente lejos para que conversación requiera alzar la voz. Alessandro está a la derecha de Adrián, Helena a su izquierda. Los niños están distribuidos estratégicamente entre adultos para máximo control y mínimo caos.

Están sirviendo el primer plato, elegante sopa de calabaza con crema y hierbas, cuando suena el timbre. James se excusa, regresa momentos después con expresión que sugiere problema inminente.

—Señor Valcor, la señorita Mendoza está en la puerta. Dice que usted la invitó a cenar.

El silencio que sigue es absoluto. Lola deja su cuchara con clic audible. Adrián se ve genuinamente confundido.

—No la invité. Específicamente no la invité.

—Ella insiste que hubo invitación —dice James con neutralidad perfecta que probablemente requirió años perfeccionar.

—Bueno, ella está equivocada —dice Helena antes de que Adrián pueda responder, su voz cortante con autoridad que claramente no acepta argumento—. Esto es cena familiar. Familia solamente. Por favor infórmele que no es apropiado aparecer sin confirmación y que debe retirarse.

James asiente, retirándose. Escuchan voces elevadas en el vestíbulo, Victoria claramente protestando, James manteniéndose firme. Finalmente, puerta cerrándose con finalidad.

—Gracias —dice Lola a Helena, algo como respeto genuino en su voz.

—De nada, querida. Esa mujer necesita aprender límites.

—Ha estado... persistente —dice Adrián con subestimación masiva.

—Persistente es poner treinta llamadas durante tres semanas —dice Lola fríamente—. Esto es acoso.

—Ella es mi socia de negocios. Tengo que mantener relación profesional...

—Relación profesional no incluye aparecer sin invitación a cenas familiares repetidamente.

—Una vez. Apareció una vez.

—Dos veces. El desayuno hace dos semanas y ahora.

—El desayuno fue... fue error. Y esta no llegó a entrar.

—Porque Helena la bloqueó, no porque tú lo hicieras.

Los niños observan este intercambio como partido de tenis, cabezas girando entre madre y padre con expresiones que sugieren que este tipo de discusión es rutina diaria.

—Tal vez —interviene Alessandro diplomáticamente—, deberíamos enfocarnos en cena deliciosa que James preparó.

—Absolutamente —concuerda Helena—. Lorenzo, cuéntame sobre tu colección de rocas. Tu abuela me mencionó que encontraste una especialmente interesante en Central Park.

Lorenzo se ilumina, lanzándose en descripción detallada de mica y cuarzo y formaciones geológicas que impresiona considerando que tiene cinco años. La conversación se reorienta hacia temas más seguros: escuela de los niños, amigos que hicieron, clases de ballet de Loretta, club de lectura de Leonardo.

Pero cuando llega el plato principal, pollo asado con vegetales y papas perfectamente doradas, la tensión regresa cuando Loretta anuncia que no come vegetales.

—Tienes que comer al menos tres bocados de vegetales —dice Lola automáticamente, tono que sugiere que esta es batalla repetida.

—Pero no me gustan —protesta Loretta con drama que claramente perfecciona regularmente.

—No es sobre gustar. Es sobre nutrición balanceada.

—Tal vez podría comer más papas en lugar —sugiere Adrián—. Técnicamente son vegetales.

Lola se gira hacia él con expresión que podría congelar lava.

—Las papas no cuentan como vegetales para propósitos nutricionales y lo sabes. No socaves mi disciplina.

—No estoy socavando. Estoy sugiriendo flexibilidad razonable.

—Flexibilidad razonable es cómo terminamos con niña que piensa que puede negociar todo. Tres bocados de vegetales. No es negociable.

—Tres bocados parecen arbitrarios. ¿Por qué no dos?

—¿Estás seriamente negociando conmigo sobre vegetales frente a los niños?

—Estoy sugiriendo que tal vez tu enfoque es rígido.




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