POV VICTORIA
Estoy parada en la acera frente a la mansión Valcor a las siete y media de la mañana, escondida parcialmente detrás de un árbol como acosadora patética. Mi aliento forma nubes en el aire frío de noviembre y he estado aquí suficiente tiempo para que el portero del edificio de enfrente me mire con sospecha. Pero no puedo irme.
Puedo verlos a través de las ventanas de la cocina. Adrián está preparando café, vestido en el traje que le compré hace dos años. Lola entra en bata, cabello despeinado, y él le sirve café sin que ella pida, ya sabiendo cómo lo toma. Es gesto íntimo del tipo que viene con tiempo y atención. Del tipo que solía hacer para mí.
Escucho gritos desde arriba. Ambos se levantan simultáneamente, subiendo escaleras juntos en sincronía que habla de rutina establecida. Cuando reaparecen, Adrián lleva a Loretta, su cabello claramente siendo el problema. Lola toma cepillo, luego dice algo y de repente él está a su lado, ella guiando sus manos, enseñándole cómo peinar a su hija.
La forma en que sus cuerpos se inclinan juntos, cómo ella toca sus manos sin pensarlo, cómo él se concentra en su rostro como memorizando cada detalle, me golpea como puño físico. Eso es intimidad real, el tipo que crece naturalmente cuando dos personas comparten vida, no solo cama ocasional.
El caos del desayuno se desarrolla. Adrián y Lola navegan alrededor de la cocina en coreografía perfecta. Él agarra platos mientras ella sirve comida. Ella verifica mochilas mientras él encuentra chaquetas. Se mueven como equipo, como matrimonio, aunque sé que duermen en alas opuestas.
Adrián ríe de algo que uno de los niños dice, sonrisa genuina transformando su rostro. No recuerdo última vez que me hizo reír así. Nuestras interacciones siempre fueron más controladas, cargadas con tensión sexual en lugar de alegría fácil.
Entonces lo veo. Lola está de espaldas a Adrián preparando algo en el mostrador. Él la mira con anhelo tan puro que me quita el aliento. Es forma en que hombres miran a mujeres que aman, no a mujeres con las que duermen. Suave, aterrado, completamente devastado. Ella se gira, lo atrapa mirando, y él aparta la vista rápidamente. Ella se pone rosa, baja su mirada, hay momento de conciencia entre ellos casi doloroso de presenciar.
Están enamorándose. Tal vez ya están enamorados. Y ninguno está admitiendo todavía.
Camino alejándome antes de que colapso completamente. Durante cinco años construí lugar en vida de Adrián, y en seis semanas, mujer con tres niños lo destruyó todo sin siquiera intentar. Porque ella no está seduciendo o manipulando. Solo está siendo madre, co-padre, persona que casualmente existe en su espacio. Y eso es suficiente para hacer que él la mire como si fuera sol después de años de oscuridad.
Mi teléfono vibra. Ernesto Valcor.
—Victoria. Necesitamos hablar. ¿Almuerzo hoy?
—No puedo. Tengo reunión...
—Cancela tus reuniones. Esto es importante. Le Bernardin. Uno de la tarde. Reservación privada bajo mi nombre.
Cuelga antes de que pueda responder. Ernesto es peligroso, ambicioso de formas que incluso Adrián encuentra preocupantes. Pero también es enemigo de mi enemigo.
Le Bernardin es exactamente tipo de lugar donde ejecutivos tienen conversaciones que no quieren que nadie escuche. Ernesto ya está ahí cuando llego, sorbiendo vino prohibitivamente caro. Besa mi mejilla en saludo que se siente demasiado íntimo.
—Directo al punto, Ernesto. Dijiste que esto era sobre tu hermano.
—He estado observando desarrollos en casa de mi hermano. No me gusta lo que veo. Veo a Adrián jugando familia feliz con mujer que lo extorsionó para acceso a sus hijos. Tres niños que convenientemente aparecieron justo cuando línea de sucesión estaba en cuestión.
—Eso te afecta porque...
—Porque cuando mi padre murió, asumí que eventualmente heredaría control. Pero estos niños aparecen, y de repente Adrián tiene herederos, legado. Y yo tengo nada.
La amargura en su voz es palpable.
—¿Qué propones?
—Propongo que trabajemos juntos para recordarle a mi hermano que jugar casa no es lo mismo que construir imperio. Lola De Rossi apareció convenientemente cuando De Rossi necesita alianzas después de escándalos con Isabella. ¿Sabías que Isabella casi destruyó De Rossi con malversación? Fue echada hace seis meses. La empresa está vulnerable, necesita estabilidad. Alianza con Valcor proporcionaría exactamente eso.
Proceso esto. No había considerado ángulo corporativo.
—¿Estás diciendo que esto es plan desde el principio?
—Estoy diciendo que es sospechosamente conveniente. Tengo contactos, investigadores que pueden desenterrar cosas. Y tú tienes acceso a Adrián en oficina. Puedes ver qué está planeando, qué documentos revisa.
—Me estás pidiendo que espíe a mi jefe.
—Te estoy pidiendo que protejas a hombre con quien construiste asociación de cinco años. Si demostramos que Lola no es lo que aparenta, Adrián la echará. Los niños pueden quedarse, pero ella se va. Y sin ella, familia perfecta colapsa. Tú recuperas tu lugar. Yo recupero mi posición como posible heredero.
Es retorcido, manipulativo. Exactamente tipo de plan que debería rechazar.