Los Trillizos Del Ceo

Capítulo 50— Noche de tormenta

POV ADRIÁN

El trueno explota directamente sobre la mansión y me despierto con el corazón acelerado. Las ventanas tiemblan en sus marcos y la lluvia golpea el cristal con una violencia que no he visto en años. Alcanza mi teléfono justo cuando otro relámpago ilumina la habitación en blanco cegador, seguido inmediatamente por un estruendo que hace que toda la estructura vibre. Entonces las luces parpadean una vez, dos veces, y todo se vuelve negro absoluto.

Mierda.

Me levanto buscando la linterna que guardo en el closet cuando escucho el primer grito. Es Loretta, su voz atravesando la oscuridad con un terror que me hiela la sangre. Lorenzo y Leonardo se unen inmediatamente después, tres voces aterrorizadas llamando "mami" en un coro que me pone en movimiento antes de que mi cerebro procese completamente lo que está pasando.

Agarro la linterna y salgo al pasillo. Puedo ver luz tenue desde el ala este donde Lola seguramente está intentando calmarlos, pero los gritos no paran. Me muevo rápido hacia las habitaciones de los niños. Lorenzo está sentado en su cama con las rodillas contra el pecho, temblando como hoja en viento. Sus ojos se agrandan cuando me ve.

"Papá Adrián, las luces se fueron y los truenos son tan fuertes y tengo miedo."

Me siento en el borde de su cama y lo jalo contra mi costado. "Es solo una tormenta, campeón. No puede lastimarte aquí adentro. Esta casa es sólida como roca."

"¿Estás seguro?"

"Completamente seguro." Leonardo aparece en la puerta sosteniendo su libro como si fuera escudo protector, su linterna de lectura todavía funcionando. "Estadísticamente la probabilidad de ser golpeado por un rayo dentro de un edificio es casi cero," dice con voz que intenta sonar firme pero que tiembla en los bordes. "Pero igual es aterrador."

"Es completamente normal estar asustado." Antes de que pueda decir más, Loretta sale de ninguna parte y se lanza contra mí con tanta fuerza que casi pierdo el balance. Está llorando, su cuerpo entero sacudiéndose con sollozos que me parten el corazón. La cargo automáticamente, sintiendo sus brazos pequeños aferrarse a mi cuello como si su vida dependiera de ello.

"Hey, hey, estás bien. Estás completamente segura." Froto círculos en su espalda de la forma que he visto a Lola hacerlo mil veces. "Los truenos no pueden hacerte daño, cariño. Es solo ruido."

"Pero es un ruido muy fuerte y todo está oscuro y tengo miedo de que las luces nunca regresen."

"Van a regresar. Te lo prometo." Escucho pasos y levanto la vista. Lola está ahí con su propia linterna, el cabello despeinado y usando una camiseta oversized que le llega a medio muslo. Se ve vulnerable de una forma que nunca he visto, sin su armadura usual de ropa profesional y control perfecto. Nuestras miradas se encuentran sobre la cabeza de Loretta.

"Lo siento," dice. "Intenté calmarlos pero están muy asustados."

"No tienes que disculparte. Es una tormenta seria." Otro trueno sacude la casa y Loretta grita contra mi hombro. Lorenzo se encoge a mi lado y hasta Leonardo se sobresalta a pesar de todas sus estadísticas reconfortantes. "Tal vez deberíamos ir todos a un solo cuarto. Hay seguridad en números, ¿no?"

Lola vacila y puedo ver los engranajes girando en su cabeza, calculando todas las razones por las que esto es terrible idea. "¿Tu cuarto?"

"Tengo una cama king size que nunca uso toda. Hay espacio de sobra para todos nosotros. Y está en el centro de la casa, lejos de las ventanas donde el ruido es peor." Puedo verla debatiendo internamente, su instinto maternal peleando contra su necesidad de mantener distancia de mí. Los niños deciden por ella.

"Por favor, mami," suplica Lorenzo. "No quiero estar solo."

"Yo tampoco," añade Leonardo.

Loretta solo llora más fuerte, su cara enterrada en mi cuello. Lola suspira en derrota. "Está bien. Pero solo hasta que pase la tormenta."

Caminamos en procesión por los pasillos oscuros, nuestras linternas creando sombras danzantes en las paredes. Mi habitación es significativamente más grande que las de ellos y la cama es ridículamente enorme para una persona. Los niños trepan inmediatamente, Lorenzo metiéndose bajo las cobijas en el centro, Leonardo a su lado todavía aferrando su libro, Loretta negándose a soltarme hasta que la bajo gentilmente junto a sus hermanos. Se acomodan con la facilidad de niños que han compartido cama toda su vida, sus cuerpos encontrando posiciones familiares incluso en territorio desconocido.

Lola se queda parada junto a la cama, claramente insegura de dónde va ella en esta ecuación. Puedo ver la tensión en sus hombros, la forma en que sus dedos aprietan la linterna. "Quédate," digo antes de que pueda hablar. "Hay espacio. Y honestamente creo que todos vamos a dormir mejor si estamos juntos."

"Adrián, no sé si..."

"Mami, por favor." Lorenzo extiende su mano hacia ella. "Te necesitamos aquí."

"Los truenos son estadísticamente menos aterradores cuando toda la familia está junta," agrega Leonardo con su lógica inquebrantable. Loretta solo hace un sonido de llanto que claramente comunica que no se va a calmar hasta que su madre esté presente. Veo el momento exacto en que Lola se rinde. Rodea la cama hacia el lado opuesto, el lado que alguna vez fue de Claudia, y se mete bajo las cobijas con cuidado de mantener distancia respetable. Se posiciona en el borde como si estuviera lista para saltar y correr en cualquier momento.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.