Los Trillizos Del Ceo

Capítulo 54— La cena benéfica

POV LOLA

El día de la gala llegó tan rápido que no me dio tiempo de procesar lo que realmente significa aparecer del brazo de Adrián en un evento público lleno de la elite de Nueva York. Tal vez decidí no pensar demasiado en ello solo para no ponerme más nerviosa de lo que ya estoy. Pero ahora son las cinco de la tarde y solo me quedan dos horas para estar lista, y cuando abro mi guardarropa me doy cuenta de un problema enorme: no tengo absolutamente nada apropiado para una gala benéfica formal.

Reviso cada percha con creciente desesperación. Trajes de trabajo, ropa casual, algunos vestidos simples para cenas informales, pero nada que funcione para un evento donde van a estar multimillonarios y sus esposas perfectamente arregladas. Nada. Me siento en el borde de mi cama sintiendo el pánico subir por mi garganta cuando Carla abre la puerta despacio.

"Lola, te llegó una caja." Entra cargando una caja enorme y elegante. "Dijeron que la mandó Helena."

Miro la caja y siento alivio inmediato. Helena siempre piensa en todo. "Gracias a Dios."

"Creo que es un vestido," agrega Carla dejándola sobre la cama.

Abro la tapa y encuentro capas de papel de seda color marfil. Cuando finalmente saco el vestido me quedo mirándolo sin poder decir nada. Es azul medianoche, tan oscuro que parece negro hasta que la luz lo toca en cierto ángulo y entonces brilla como el cielo nocturno. El corte es simple pero elegante, tirantes delgados, escote que sugiere sin revelar demasiado. Es exactamente el tipo de vestido que yo hubiera elegido si tuviera el tiempo y el dinero para ir de compras.

"Pruébatelo," dice Carla con emoción en su voz.

Me lo pongo con cuidado y cuando me veo en el espejo de cuerpo completo me quedo completamente inmóvil. El vestido me queda como si hubiera sido hecho específicamente para mi cuerpo, acentuando lo que necesita ser acentuado y ocultando lo que prefiero mantener privado. Me veo poderosa, elegante, como alguien que construyó su propio imperio y no tiene que disculparse por estar en ese salón.

"Es perfecto," dice Carla con satisfacción. "Adrián va a quedar mudo cuando te vea."

"No exageres."

"Ya verás que tengo razón."

Dos horas después, con mi cabello arreglado en ondas suaves y el maquillaje aplicado con más cuidado del que normalmente uso, empiezo a bajar las escaleras de mármol. Mis tacones hacen clic contra la piedra y el sonido parece amplificarse en el espacio alto del vestíbulo. Los niños están abajo con Adrián, los tres hablando al mismo tiempo sobre algo que pasó en el colegio. Lorenzo me ve primero y su historia se detiene a mitad de la oración.

"¡Mami!" Su grito hace que todos se giren hacia mí. "¡Eres una princesa de verdad!"

Adrián se gira y lo que sea que estaba a punto de decir muere completamente en sus labios. Se queda tan inmóvil que por un segundo pienso que algo está mal, pero entonces veo su expresión y entiendo que no es que algo esté mal, es que me está mirando de una forma en que nunca me ha mirado antes. Como si acabara de ver algo que lo dejó sin palabras. Viste un smoking negro que claramente fue hecho a su medida porque le queda de una manera que los trajes normales simplemente no logran, y su corbata es azul oscura, el mismo tono exacto de mi vestido aunque nunca le dije qué color había elegido Helena.

"Estás hermosa." Las palabras salen de su boca con voz más ronca de lo normal, como si hubieran sido arrancadas de algún lugar profundo. "Lola, estás absolutamente hermosa."

El cumplido me golpea en el pecho con fuerza física y siento calor subiendo por mi cuello. "Gracias. Helena tiene buen gusto."

"No es el vestido," dice dando un paso hacia las escaleras. "Eres tú."

Loretta rompe el momento corriendo hacia mí con sus manos extendidas pero deteniéndose justo antes de tocar la tela como si tuviera miedo de arruinarla. "Mami, te ves tan linda. ¿Puedo ser así de linda cuando sea grande?"

Me arrodillo con mucho cuidado y beso la parte superior de su cabeza. "Vas a ser mucho más linda, mi amor."

Los tres niños me rodean entonces, tocándome suavemente, haciendo preguntas sobre la fiesta, sobre si va a haber música, sobre cuándo vamos a regresar. Les doy todas las instrucciones necesarias sobre portarse bien con Carla, sobre no pelear por quién se baña primero, sobre ir directo a la cama a las ocho. Entonces Adrián está a mi lado ofreciendo su brazo de esa manera formal que me hace sentir como si estuviéramos en otra época.

El viaje en el auto es mayormente silencioso. Estamos sentados en el asiento trasero con espacio respetable entre nosotros pero puedo sentir su presencia como si fuera algo tangible. Cada vez que el auto gira una esquina nuestros hombros se rozan y es como tocar algo eléctrico, esa chispa rápida que te hace querer alejarte y acercarte más al mismo tiempo.

"Gracias por hacer esto," dice finalmente cuando estamos atrapados en un semáforo que parece durar una eternidad. "Sé que no querías venir. Sé que esto te pone incómoda."

"Los niños querían que viniera. Eso lo hace más fácil."

"¿Solo por los niños?" Su voz tiene un tono que no puedo descifrar completamente, algo entre curiosidad y esperanza.

Lo miro y encuentro que ya me está observando. "No sé qué más podría ser, Adrián."




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.