Los Trillizos Del Ceo

Capítulo 55— Después de la cena

POV ADRIÁN

El viaje de regreso a la mansión es completamente diferente al viaje de ida. El silencio sigue ahí pero ahora está cargado con algo pesado, algo que ninguno de los dos sabe cómo nombrar. Lola está sentada en el asiento trasero mirando por la ventana hacia las luces de Manhattan pasando, su perfil iluminado por los letreros de neón y las farolas. No ha dicho una palabra desde que salimos del museo hace diez minutos y yo no sé cómo romper este silencio sin arruinar lo que sea que acaba de pasar entre nosotros en ese balcón.

Porque algo pasó. Algo cambió cuando ella dijo que sí, que lo intentaríamos, que estaría dispuesta a tomar el riesgo conmigo. Y ahora estamos atrapados en este espacio extraño donde ambos sabemos que cruzamos una línea pero ninguno está seguro de qué viene después.

"Bailas bien," digo finalmente porque el silencio se está volviendo insoportable y necesito escuchar su voz aunque sea solo para confirmar que esto es real.

Se gira para mirarme y hay algo suave en su expresión que no estaba ahí antes. "Tú también. Mejor de lo que esperaba honestamente."

"Mi madre me obligó a tomar clases durante años. Odiaba cada segundo hasta esta noche."

"¿Por qué hasta esta noche?"

"Porque esta noche tuve razón para querer bailar bien." La miro directamente cuando digo esto, dejando que vea exactamente lo que quiero decir. "Contigo. Quería bailar bien contigo."

Veo cómo traga saliva, cómo sus dedos se aprietan sobre su pequeño bolso de noche. "Adrián..."

"Lo sé. Dijiste despacio. Y voy a respetar eso. Pero Lola, necesito que sepas que todo lo que dije esta noche, cada palabra, lo dije en serio. No estaba actuando para las cámaras o tratando de impresionar a nadie. Era la verdad."

"Lo sé." Su voz sale apenas como susurro. "Y eso es lo que me asusta. Que sea verdad. Que esto sea real."

El auto se detiene frente a la mansión. El chofer abre la puerta de Lola primero y la ayuda a salir. Yo salgo del otro lado y rodeamos el auto hasta encontrarnos en la base de las escaleras que llevan a la entrada principal. Las luces de la mansión están encendidas creando resplandor cálido contra la oscuridad de la noche. Puedo ver movimiento en las ventanas del segundo piso donde probablemente Carla está tratando de convencer a los niños de que se duerman de una vez.

Nos quedamos ahí parados mirándonos como dos adolescentes después de primera cita, ninguno queriendo que la noche termine pero tampoco sabiendo cómo extenderla. Lola se ve absolutamente impresionante bajo las luces, su piel brillando, sus ojos grandes y llenos de emociones que no puedo descifrar completamente.

"Gracias por esta noche," dice finalmente, sus dedos jugando nerviosamente con su bolso. "Por llevarme. Por presentarme a toda esa gente. Por hacerme sentir como si perteneciera ahí."

"Perteneces ahí. Eres CEO de una de las compañías vinícolas más grandes de Europa. No tienes que agradecer por ser tratada como igual."

"No es solo eso." Da un paso más cerca y de repente estamos a solo centímetros de distancia. "Es la forma en que me miraste esta noche. La forma en que me tocaste. La forma en que dijiste esas cosas en la pista de baile como si fueran lo más fácil del mundo de decir."

"Fueron fáciles de decir porque son verdad."

"Nada sobre esto es fácil para mí." Su voz se quiebra ligeramente. "Llevo cinco años construyendo muros alrededor de mi corazón para protegerme de exactamente esto. De sentir demasiado. De querer cosas que podrían lastimarme."

"¿Y ahora?" Me atrevo a dar otro paso más cerca, tanto que puedo sentir el calor de su cuerpo a través del aire frío de noviembre. "¿Qué sientes ahora?"

"Siento que esos muros se están derrumbando y no sé cómo detenerlo. Siento que cada vez que me miras de esa forma mi resolución se debilita un poco más. Siento que estoy a punto de hacer algo completamente estúpido y aterrador."

"¿Como qué?" Mi voz sale más baja, más áspera.

"Como esto." Se para en las puntas de sus pies, sus manos subiendo a mi pecho, su rostro inclinándose hacia el mío. Puedo sentir su respiración contra mis labios, cálida y temblorosa. Mis manos van automáticamente a su cintura, jalándola más cerca, cerrando el espacio que queda entre nosotros. Este es el momento. Este es cuando finalmente cruzamos de palabras a acciones, de confesar a demostrar, de fingir que esto es solo arreglo práctico a admitir que es mucho más.

"¡LLEGARON!" El grito viene desde arriba, desde una de las ventanas del segundo piso. Es Lorenzo, su cara presionada contra el vidrio, sus manos agitando salvajemente. "¡MAMI Y PAPÁ ADRIÁN LLEGARON!"

Nos separamos tan rápido que casi tropiezo con mis tacones. Lola da dos pasos hacia atrás, sus manos yendo a su cabello como si necesitara hacer algo con ellas. Yo me paso la mano por la cara, tratando de recuperar algún tipo de compostura mientras mi corazón late como si hubiera corrido un maratón.

Leonardo aparece en la ventana junto a Lorenzo. "Es estadísticamente tarde para que estén llegando. Son las once y diecisiete."

"¡Quiero que suban a darnos beso de buenas noches!" grita Loretta uniéndose a sus hermanos en la ventana.

Lola se ríe pero suena nerviosa, temblorosa. "Deberían estar dormidos hace horas."




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.