Los Trillizos Del Ceo

Capítulo 61— Alessandro y Helena se enamoran.

POV ALESSANDRO

Llego a Nueva York un martes por la tarde con excusa perfecta: necesito ver a mis nietos, asegurarme de que están bien después del susto con Lorenzo. Es razón completamente legítima que nadie puede cuestionar. Pero la verdad que no estoy admitiendo ni siquiera a mí mismo completamente es que quiero ver a Helena otra vez. Quiero estar en la misma ciudad que ella, respirar el mismo aire, tener la oportunidad de mirar esos ojos inteligentes que me han estado persiguiendo en sueños durante semanas.

Tengo sesenta y ocho años. Soy demasiado viejo para esto, para estos sentimientos de adolescente, para esta anticipación nerviosa que siento mientras el taxi me lleva desde el aeropuerto hacia Manhattan. Mi esposa murió hace ocho años y durante todo ese tiempo he estado perfectamente bien solo. Ocupado con De Rossi, con criar a Lola después de que su madre murió, con los nietos cuando aparecieron. No necesitaba romance. No buscaba compañía femenina más allá de ocasionales eventos sociales donde requería pareja apropiada.

Y entonces conocí a Helena Valcor y algo que pensé que había muerto con mi esposa despertó otra vez.

El taxi se detiene frente a la mansión Valcor justo cuando el sol empieza a ponerse. Es edificio impresionante, el tipo de riqueza antigua que viene de generaciones de éxito en lugar de fortuna nueva. Pago al conductor y subo las escaleras con mi maleta. Antes de que pueda tocar el timbre, la puerta se abre y Helena está ahí.

Se ve hermosa. Lleva pantalones de lana gris y suéter de cachemira color crema, perlas en su cuello, su cabello plateado perfectamente arreglado. Pero es su sonrisa lo que me golpea, cálida y genuina y un poco tímida, como si ella también sintiera esta cosa rara entre nosotros.

"Alessandro. Llegas justo a tiempo. Los niños están terminando la cena."

"Helena." Tomo su mano y la beso al estilo europeo, permitiéndome sostenerla por segundo más de lo estrictamente necesario. "Te ves encantadora."

"Mentiroso. Tengo sesenta y cinco años y se nota."

"Tienes sesenta y cinco años y eres más hermosa de lo que eras a los cuarenta, estoy seguro. La edad te queda bien."

Se ríe pero hay color en sus mejillas mientras me guía adentro. "Los italianos siempre saben exactamente qué decir."

"Solo cuando es verdad."

Los niños me ven y explotan en celebración. Los tres corren hacia mí gritando "¡Nonno!" y me abrazan con fuerza que casi me tira. A mi edad, estos abrazos son más preciosos que oro. Me arrodillo, ignorando protesta de mis rodillas, y los abrazo a los tres.

"Mis bellezze. ¿Cómo están? Lorenzo, escuché que estuviste enfermo."

"Ya estoy mejor. Mami y papá Adrián me cuidaron y me llevaron al hospital y todo."

"Mami y papá Adrián juntos," enfatiza Loretta con significado que parece demasiado calculado para niña de cinco años. "Trabajaron como equipo perfecto."

"Me alegro de escuchar eso." Miro por encima de sus cabezas hacia donde Lola y Adrián están parados en la entrada del comedor. Lola se ve cansada pero feliz, Adrián tiene brazo alrededor de su cintura de manera que parece inconsciente, automática. Progreso. Definitivo progreso. "¿Y cómo están mis dos conspiradores favoritos?"

"Papá, no somos conspiradores," dice Lola pero está sonriendo. "Somos solo padres tratando de sobrevivir."

"Se ve más como florecer que sobrevivir." Me levanto con ayuda de Adrián quien aparentemente notó mi dificultad con mis rodillas. "Gracias."

"Los niños pueden terminar su cena," dice Helena. "Alessandro, ¿tienes hambre? Podemos prepararte plato."

"Comí en el avión pero café sería perfecto."

"Yo también quiero café," dice Helena. "Adrián, Lola, ¿por qué no llevan a los niños a terminar mientras Alessandro y yo tomamos café en la sala?"

Es obviamente maniobra para darnos tiempo a solas pero ninguno de los jóvenes objeta. Lola me da beso en la mejilla y susurra, "Helena es especial. Sé amable."

"Siempre soy amable."

"Sabes a qué me refiero."

Sí, lo sé. Me está dando su bendición, o tal vez advertencia, sobre lo que sea que está desarrollándose entre Helena y yo.

Helena me guía a sala elegante con vista a la calle. Se sienta en sofá y yo tomo asiento junto a ella, suficientemente cerca para conversar cómodamente pero no tan cerca como para ser inapropiado. James trae café en servicio de plata, nos sirve, desaparece discretamente.

"Entonces," dice Helena después de tomar sorbo, "realmente viniste solo para ver a los nietos."

"Por supuesto. ¿Qué otra razón tendría?"

"Alessandro." Me mira con esos ojos que ven demasiado. "Somos demasiado viejos para juegos. ¿Viniste a ver a los nietos o viniste a verme a mí?"

La honestidad directa me desarma completamente. "Ambos. Pero si soy completamente honesto, más por ti que por ellos."

"Bien. Porque yo también he estado pensando en ti más de lo que probablemente es apropiado."

"¿Apropiado según quién?"

"Según mi cerebro que me dice que tengo sesenta y cinco años y que este tipo de cosas son para gente joven."




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.