POV LOLA
Necesito hablar con papá sobre los contratos de exportación que llegaron de Milán esta mañana y hay cláusula que no entiendo completamente. Son las nueve de la noche y los niños finalmente están dormidos después de batalla usual sobre tiempo de lectura y cuántos vasos de agua realmente necesitan. Sé que papá está hospedándose en uno de los cuartos de huéspedes, pero cuando toco en su puerta no hay respuesta. Bajo las escaleras pensando que tal vez está en la biblioteca o en alguna de las salas revisando sus propios documentos.
James me dice que salió hace unas horas. "Dijo que iba a casa de la señora Valcor para cenar."
"¿Otra vez?" Es quinta noche consecutiva que cenan juntos. Sabía que estaban pasando tiempo juntos, dándole a Adrián y a mí espacio como dijeron, pero no me di cuenta de que era todas las noches. "¿Sabes si ya regresó?"
"No estoy seguro, señorita. ¿Quiere que lo llame?"
"No, está bien. Probablemente llegará pronto." Pero miro mi reloj y son las nueve. No es particularmente tarde pero tampoco es temprano para hombre de sesenta y ocho años que usualmente está en cama a las diez.
Algo en mi pecho se aprieta con sospecha mezclada con esperanza. He visto cómo papá mira a Helena. He escuchado sus llamadas diarias durante semanas antes de que viniera a Nueva York. He notado cómo su voz cambia cuando habla de ella, más suave, más joven. Y Helena claramente siente algo también, la forma en que se ilumina cuando él entra a una habitación, cómo busca su opinión sobre cosas.
Pero son adultos mayores, viudos ambos, con vidas establecidas. No pensé que realmente estuvieran considerando romance, pensé que era solo amistad profunda. Ahora no estoy tan segura.
Tomo mi abrigo. "James, voy a casa de Helena. Si Adrián pregunta, dile que regreso pronto."
"Por supuesto."
La casa de Helena está a solo diez minutos caminando, pequeña comparada con la mansión Valcor pero elegante en su propia manera. Edificio histórico de piedra con jardín frontal cuidado. Camino rápido porque hace frío, mi aliento formando nubes en el aire de noviembre. Cuando llego a su puerta, veo luces encendidas en la sala, sombras moviéndose detrás de las cortinas.
Toco el timbre. Espero. Escucho pasos y entonces Helena abre la puerta. Se ve sorprendida de verme, su cabello ligeramente despeinado, sus mejillas un poco sonrojadas.
"Lola. ¿Qué haces aquí? ¿Está todo bien? ¿Los niños?"
"Los niños están bien. Solo necesitaba hablar con papá sobre unos contratos pero no estaba en su habitación y James dijo que estaba aquí." Me doy cuenta de que estoy hablando demasiado rápido, nerviosa de repente. "¿Está todavía aquí o ya se fue?"
"Está aquí. Pasa, hace frío."
Entro al vestíbulo cálido. Escucho voz de papá viniendo de la sala. "¿Helena? ¿Quién es?"
"Es Lola. Necesita hablar contigo."
Camino hacia la sala y lo que veo me detiene completamente. Papá está sentado en el sofá con copa de vino en la mano, su corbata aflojada, sus zapatos quitados. Hay fuego en la chimenea. Dos copas de vino en la mesa, una botella medio vacía. Y en el sofá junto a papá hay espacio donde claramente Helena estaba sentada hace segundos, cojín todavía con la impresión de su cuerpo, manta compartida entre ambos lados del sofá.
Y entonces lo veo. El lápiz labial de Helena está ligeramente corrido. El cabello de papá está despeinado de manera que no se despeinaría solo. Y ambos me miran con expresión de adolescentes atrapados haciendo algo que no deberían.
"Oh." La palabra sale antes de que pueda detenerla. "Oh."
"Lola, no es lo que piensas," empieza papá pero se detiene porque claramente es exactamente lo que pienso.
"¿Ustedes dos están...?" No puedo terminar la oración porque no sé cómo terminarla apropiadamente.
Helena se endereza, recuperando su compostura con dignidad que admiro. "Somos adultos, Lola. Adultos que han estado solos mucho tiempo y que encontraron conexión mutua. No hay nada inapropiado en eso."
"No dije que fuera inapropiado." Y entonces sonrisa enorme se esparce por mi cara porque esto es perfecto, esto es exactamente lo que papá merece después de años de soledad. "Solo dije oh."
"¿No estás molesta?" pregunta papá con cautela.
"¿Molesta? Papá, estoy feliz. Increíblemente feliz." Camino hacia él y lo abrazo fuerte. "Mereces ser feliz. Mereces tener alguien que te haga sonreír de la forma en que claramente Helena te hace sonreír."
Lo siento relajarse en mis brazos. "¿De verdad no te molesta?"
"Para nada." Me separo y miro a Helena. "Y tú también mereces felicidad. Adrián me contó cuánto sufriste cuando su padre murió. Ambos merecen segundas oportunidades."
"Gracias, querida. Eso significa mucho viniendo de ti."
Me siento en silla frente al sofá, de repente curiosa. "¿Entonces cuánto tiempo ha estado pasando esto?"
"Define pasando," dice papá.
"Papá."
"Nos besamos por primera vez hace tres noches," admite Helena. "Pero hemos estado teniendo sentimientos el uno por el otro desde que nos conocimos en Milán."