Los Trillizos Del Ceo

Capítulo 63— Cena familiar

NARRADOR.

Helena lleva toda la tarde nerviosa. Revisa la mesa por tercera vez, ajusta un tenedor que ya está perfectamente alineado, respira profundo tratando de calmar las mariposas en su estómago. A sus sesenta y cinco años no debería sentirse como adolescente a punto de presentar novio a sus padres, pero aquí está, a punto de contarle a Ernesto sobre Alessandro y aterrorizada de su reacción.

"Va a estar bien," dice Alessandro entrando al comedor y poniendo sus manos en sus hombros. "Es tu hijo. Te ama. Va a querer que seas feliz."

"No conoces a Ernesto como yo. Cuando se trata de familia y dinero, puede ser... complicado."

"¿Complicado cómo?"

"Protector de forma equivocada. Va a pensar que estás tratando de aprovecharte de mí o de la fortuna Valcor o algo así."

"Entonces le demostramos que está equivocado."

Helena se gira en sus brazos, sus manos subiendo a su pecho. "¿Y si no puedo hacer esto? ¿Y si tengo que elegir entre tú y mi hijo?"

"No vas a tener que elegir. Confía en mí."

Ella quiere creerle, pero conoce a Ernesto. Conoce esa vena posesiva que tiene, esa forma de ver todo como amenaza a su posición. Y Alessandro definitivamente va a ser visto como amenaza.

El timbre suena a las siete en punto. Ernesto es siempre puntual, otra de sus muchas cualidades rígidas. Helena va a la puerta con Alessandro a su lado, presentando frente unido desde el principio.

Ernesto entra con Sofía, ambos impecables como siempre. Él besa la mejilla de su madre, saluda a Adrián y Lola con educación fría, y entonces sus ojos van a Alessandro parado junto a Helena con familiaridad que no estaba ahí la última vez que lo vio.

"Alessandro. No esperaba verte aquí."

"Helena me invitó. Espero que no sea problema."

"Para nada. Después de todo, eres abuelo de los niños." Pero hay algo en su tono que dice que sí es problema, que algo no está bien aquí.

Se sientan a cenar y Helena sabe que tiene que decirlo ahora, arrancarlo rápido como curita. "Ernesto, te invité esta noche porque hay algo que necesito decirte. Alessandro y yo... estamos juntos. En una relación."

El tenedor de Ernesto se congela a mitad del aire. "¿Perdón?"

"Escuchaste bien. Alessandro y yo hemos estado pasando tiempo juntos las últimas semanas. Nos hemos vuelto cercanos."

"Cercanos." La palabra sale plana, sin emoción. "Madre, ¿cuánto hace que papá murió? ¿Siete años? ¿Y ya estás con alguien más?"

"Siete años es mucho tiempo para estar sola, Ernesto."

"Claramente no para ti." Se gira hacia Alessandro con ojos que podrían cortar vidrio. "¿Y tú? ¿Cuánto tiempo planeaste esto? ¿Desde que tu hija convenció a mi hermano de que esos niños eran suyos?"

"Cuidado," dice Alessandro con voz peligrosamente calmada. "Esos niños son mis nietos y no voy a dejar que nadie sugiera lo contrario."

"Por supuesto que son tus nietos. Qué conveniente para tu familia. Primero Lola se instala aquí con acceso completo a la fortuna Valcor, ahora tú cortejando a mi madre. ¿Cuál es el siguiente paso? ¿Fusión corporativa? ¿Tomar control de Valcor Industries?"

"Ernesto, basta," dice Helena pero su voz tiembla. Esto es peor de lo que temía.

"No me voy a callar. Alguien tiene que decir la verdad aquí. Esta familia está siendo infiltrada sistemáticamente y todos están demasiado ciegos o estúpidos para verlo."

Adrián se levanta de su silla. "Sal de mi casa. Ahora."

"¿Tu casa? Es casa de nuestra madre, hermano. O lo era hasta que decidiste llenarlo con tu familia instantánea."

El timbre suena cortando lo que sea que Adrián iba a responder. James aparece momentos después luciendo más incómodo de lo que Helena lo ha visto en veinte años trabajando para la familia. "Señor Valcor, la señorita Mendoza..."

"No," dice Adrián inmediatamente. "Ni siquiera termines esa oración. Dile que se vaya."

"Intenté, señor. Ella dice que es importante."

"Déjala entrar," dice Ernesto antes de que alguien más pueda hablar. "Si es emergencia, Adrián deberías atenderla."

"No invites gente a mi casa," dice Helena con acero en su voz.

Pero es demasiado tarde. Victoria ya está entrando al comedor en vestido que grita inapropiado, su sonrisa dulce como veneno mientras escanea la mesa tomando nota de cada expresión tensa, cada puño apretado.

"Oh Dios, interrumpí algo importante. Lo siento tanto." Pero no suena arrepentida en absoluto. Suena deleitada. "Adrián, necesito que revises estos contratos esta noche. Es urgente."

"Nada es tan urgente. Vete."

"Pero..."

"Victoria, ¿qué tan clara necesito ser? No eres bienvenida aquí."

Victoria parpadea como si estuviera sorprendida, como si no hubiera esperado que fuera tan directo. Entonces sus ojos van a Ernesto y algo pasa entre ellos, alguna comunicación silenciosa que Sofía nota inmediatamente porque ella pasa su vida estudiando microexpresiones, leyendo lo que la gente no dice.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.