Los Trillizos Del Ceo

Capítulo 64— El cumpleaños de los niños.

La semana después de la cena desastrosa con Ernesto pasa en bruma extraña. Lola se siente como si estuviera caminando sobre una cuerda floja, tratando de mantener equilibrio entre lo que siente y lo que debería sentir. Porque después de que Adrián dijo frente a todos que deberían pelear como pareja real, después de que tomó su mano y básicamente declaró sus intenciones, todo cambió.

Y Lola no sabe cómo manejar ese cambio.

Está en la cocina a las seis de la mañana del sábado cuando Adrián entra. Lleva pants y camiseta, su cabello despeinado de dormir. Se detiene cuando la ve junto a la cafetera.

"No podías dormir tampoco."

"Demasiado en mi cabeza." Lola le sirve taza de café sin preguntarle. "Los niños cumplen seis hoy."

"Lo sé." Se sienta en uno de los bancos de la isla. "Tu papá me mandó una foto de su primer cumpleaños en Sicilia. Estaban cubiertos de pastel."

"Alessandro les hizo fiesta enorme ese año. Contrató payasos, ponis, todo el circo." Sonríe con el recuerdo. "Yo quería algo simple, pero papá insistió en que merecían una celebración apropiada. Siempre ha sido así con ellos. Nada era demasiado."

"Debe haber sido bueno tenerlo. No estar sola en todo."

"Fue. Es. No sé qué hubiera hecho sin él durante esos cinco años." Se gira para mirarlo. "Pero hoy van a tener algo que nunca tuvieron antes."

"¿Qué?"

"A sus dos padres celebrando con ellos. Juntos."

El silencio que cae es pesado. Adrián pone su taza en el mostrador y se levanta. Camina hacia ella hasta que están a centímetros de distancia.

"Lola, sobre lo que dije la otra noche..."

"No tienes que explicar."

"Sí tengo. Porque desde entonces has estado evitándome. Sales de habitaciones cuando entro. No me miras directamente. Y necesito saber si crucé línea que no debí cruzar."

Ella finalmente levanta su mirada para encontrar la de él. "No cruzaste línea. Me asustaste. Hay diferencia."

"¿Te asusté porque no sientes lo mismo o porque sí lo sientes?"

"Porque lo siento. Porque cada día que pasa siento más y no sé cómo detenerlo o si siquiera quiero detenerlo y eso me aterroriza más que cualquier cosa."

Adrián levanta su mano, roza su mejilla con sus nudillos. "No tienes que tener miedo."

"Sí tengo. Porque si hago esto, si me rindo a esto completamente, y luego sale mal..." Se detiene, su voz quebrándose. "Adrián, no sobreviviría perder esto. Perderte a ti."

"No vas a perderme."

"No puedes prometer eso."

"Tienes razón. No puedo. Pero puedo prometerte que voy a pelear por esto con todo lo que tengo."

Están parados tan cerca que Lola puede contar sus pestañas, puede ver las motas verdes en sus ojos oscuros. Su corazón late tan fuerte que está segura de que él puede escucharlo.

"Los niños van a bajar en cualquier momento," susurra.

"Lo sé."

"Y hoy es su día. No nuestro."

"Lo sé."

"Y tenemos como cincuenta cosas que hacer antes de que los invitados lleguen a las dos."

"También lo sé." Pero no se aleja. Ninguno de los dos se aleja.

"¡MAMI! ¡PAPÁ!" Los gritos desde arriba los separan justo a tiempo. Los tres trillizos bajan las escaleras en estampida, todavía en pijamas, pero completamente despiertos y emocionados.

"¡Es nuestro cumpleaños!" grita Lorenzo lanzándose a los brazos de Adrián.

"¿Ya llegaron los regalos?" pregunta Loretta abrazando las piernas de Lola.

"¿A qué hora empieza la fiesta exactamente?" Leonardo ya tiene su tablet checando el horario que Lola le mandó la semana pasada.

Y así el día explota en caos hermoso de preparativos de último minuto y niños demasiado emocionados para desayunar apropiadamente. El jardín se transforma en parque de diversiones. Helena llega temprano con el decorador haciendo ajustes finales. Alessandro aparece con regalos envueltos en papel brillante que hacen que los ojos de los niños se agranden.

A las dos en punto exactas, los invitados empiezan a llegar. Treinta niños del colegio con sus padres, todos dejándolos con instrucciones y promesas de regresar en tres horas. El jardín explota en ruido: música, gritos, risas. El mago que Helena contrató es increíble, haciendo que los niños griten con cada truco.

Y durante todo, Lola y Adrián se mueven como equipo. Él toma fotos mientras ella sirve pizza. Ella limpia rodilla raspada mientras él organiza juegos. Se encuentran en el caos y cada vez hay ese momento, esa chispa, esa conexión que hace que todo lo demás desaparezca por segundo.

"Lo están haciendo bien," dice Alessandro apareciendo junto a Lola mientras ella sirve más jugo. "Trabajando juntos. Como deberían."

"Papá..."

"Solo digo lo que veo. Y lo que veo es dos personas enamoradas tratando muy duro de no admitirlo."

"No es tan simple."

"¿Por qué no? A tu edad yo ya estaba casado con tu madre. Ya teníamos planes, sueños, futuro mapeado."




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