El silencio en la mansión es ensordecedor.
Lola está parada en medio de la sala mirando alrededor como si nunca hubiera estado aquí antes. Lo cual es ridículo porque vive aquí hace dos meses. Pero sin los niños corriendo por todos lados, sin Helena organizando cosas, sin el constante ruido de vida familiar, el espacio se siente completamente diferente. Más grande. Más vacío. Más intimidante.
Adrián está en su estudio revisando emails que probablemente no necesitan ser revisados ahora mismo. Lleva ahí desde que Helena y Alessandro se llevaron a los niños hace tres horas. Tres horas de evitarse mutuamente en casa que de repente se siente demasiado pequeña y demasiado grande al mismo tiempo.
Lola revisa su teléfono por quinta vez. Hay mensaje de Helena con foto de los tres niños en el auto, sonriendo enormes con sus cinturones de seguridad puestos. El texto dice: "Todos felices. No nos llamen a menos que sea emergencia. Disfruten su fin de semana. Con amor y sin disculpas, Helena."
Sin disculpas. Como si Helena supiera exactamente lo que está haciendo dejándolos solos. Lo cual obviamente sabe. La mujer es tan sutil como martillo.
Son las seis de la tarde. Lola debería tener hambre, pero su estómago está hecho nudo. Debería hacer algo productivo, pero no puede concentrarse en nada excepto en el hecho de que Adrián está a metros de distancia y que tienen toda la casa para ellos y sesenta y dos horas sin interrupciones.
Dios.
Camina hacia la cocina porque necesita hacer algo con sus manos. Abre el refrigerador y encuentra que Helena lo llenó con suficiente comida para alimentar un ejército. Hay una nota pegada en uno de los contenedores con la caligrafía elegante de Helena: "Lasaña. Solo calentar. No se maten cocinando. H."
A pesar de sus nervios, Lola sonríe. Helena realmente pensó en todo.
"¿Hay comida?"
La voz de Adrián desde la entrada de la cocina la hace saltar. Se gira y lo encuentra apoyado contra el marco, sus manos en los bolsillos de sus jeans. Lleva suéter azul oscuro que hace que sus ojos se vean casi negros. Su cabello está un poco despeinado como si hubiera estado pasando sus manos por él.
"Helena dejó suficiente para sobrevivir semanas. Lasaña para esta noche aparentemente."
"Suena bien." No se mueve de la puerta.
"Puedo calentarla. Estará lista en como treinta minutos."
"Perfecto."
Más silencio. Lola saca la lasaña del refrigerador, encuentra papel aluminio, precalienta el horno. Adrián sigue parado en la entrada mirándola. Puede sentir su mirada en su espalda, caliente y pesada.
"¿Vas a quedarte ahí parado mirándome o vas a ayudar?" dice finalmente sin girarse.
"Pensé que tal vez querías espacio."
"Hemos tenido espacio durante tres horas. Claramente no está funcionando." Mete la lasaña al horno y se gira para mirarlo. "Adrián, esto es ridículo. Somos adultos. Podemos pasar un fin de semana juntos sin que sea raro."
"¿No es raro?"
"Es extremadamente raro. Pero fingir que no lo es probablemente es mejor estrategia que escondernos en lados opuestos de la casa."
Sonrisa pequeña aparece en sus labios. "Tienes razón. ¿Qué sugieres?"
"Cenar como personas normales. Conversar. Actuar como si no estuviéramos completamente aterrorizados de estar solos."
"¿Estás aterrorizada?"
"¿Tú no?"
"Absolutamente aterrorizado." Finalmente entra completamente a la cocina. "Pero tienes razón. Escondernos no va a hacer que esto sea más fácil." Abre uno de los gabinetes superiores y saca dos copas de vino. "¿Vino? Podría ayudar con los nervios."
"Dios, sí."
Adrián saca botella de tinto de la cava, la abre con movimientos practicados, sirve dos copas generosas. Le pasa una y sus dedos se rozan. Esa chispa eléctrica está ahí, como siempre.
"Por sobrevivir el fin de semana," dice levantando su copa.
"Por no matarnos mutuamente," responde Lola brindando con él.
El vino es bueno, suave y rico. Lola toma sorbo más grande de lo necesario y siente calor bajando por su garganta, asentándose en su estómago. Adrián se apoya contra el mostrador frente a ella, su copa en su mano, mirándola de forma que hace que su piel se caliente.
"Entonces," dice después de momento, "¿de qué hablan dos personas que han estado evitando conversaciones serias durante meses?"
"No lo sé. Nunca he sido buena en esto."
"¿En qué?"
"En esto. Estar con alguien. Hablar. Ser vulnerable." Toma otro sorbo. "Solo he tenido una relación seria en mi vida y terminó con él muerto antes de que pudiera decirle que estaba embarazada. No exactamente gran experiencia."
"Yo estuve casado cinco años y la mitad de ese tiempo no estoy seguro de que realmente conociera a mi esposa. O ella a mí." Adrián gira su copa entre sus manos. "Así que tampoco soy experto."
"Entonces ambos somos terribles en esto."
"Aparentemente."