Los Trillizos Del Ceo

Capítulo 80— Victoria desesperada

POV VICTORIA

Estoy en mi apartamento viendo mi vida colapsar en tiempo real. Mi teléfono explota con notificaciones. Emails. Mensajes. Llamadas. Todos de periodistas queriendo declaración. Todos sabiendo que fui parte de la conspiración.

La conferencia de prensa de Adrián es en tres horas. Tres horas antes de que pare frente a cámaras y me destruya públicamente. Antes de que muestre las fotos. Los mensajes. La evidencia de todo lo que hice.

Mi carrera terminó. Nadie va a contratarme después de esto. Malversación de fondos corporativos. Conspiración. Difamación. Los cargos siguen acumulándose.

Y Ernesto, ese cobarde, ya cayó. Removido de Valcor. Divorciándose. Enfrentando cargos criminales posibles.

Isabella deportada y arrestada.

Y yo soy siguiente.

A menos que haga algo. Ahora.

Mi teléfono suena. Número desconocido. Contesto de todas formas porque ¿qué más puedo perder?

"¿Victoria Mendoza?" Voz de hombre que no reconozco.

"¿Quién pregunta?"

"Soy reportero de New York Times. Quiero ofrecerte oportunidad de contar tu lado de la historia antes de conferencia de prensa."

"No tengo nada que decir."

"¿Nada? ¿Ni siquiera sobre cómo Adrián Valcor te usó durante cinco años y luego te desechó?"

Eso me detiene. "¿Qué dijiste?"

"Tengo fuentes que sugieren que tu relación con Valcor fue más complicada de lo que están pintando. Que él te hizo promesas. Que te llevó a creer que había futuro."

"Sí. Exacto." Las palabras salen en torrente. "Me usó. Durante cinco años fui su escape, su confidente, su todo. Y cuando apareció ella con sus hijos convenientes, me tiró como basura."

"Eso suena como historia que la gente debería escuchar. ¿Por qué no nos reunimos? Te doy plataforma para decir tu verdad."

"¿Cuándo?"

"Ahora. Tengo crew lista. Podemos grabar entrevista, publicar antes de su conferencia de prensa. Cambiar narrativa."

Una parte de mí, la parte racional que todavía funciona, sabe que esto es mala idea. Que hablar con prensa ahora solo va a empeorar las cosas. Pero estoy desesperada. Estoy cayendo y necesito algo a qué aferrarme.

"Está bien. Dame dirección."

"Mejor idea. ¿Por qué no paso por ti? Tengo auto esperando abajo."

Algo sobre eso se siente mal. "¿Cómo sabes dónde vivo?"

"Eres figura pública ahora, Victoria. No es difícil encontrar información."

Cuelga antes de que pueda responder. Voy a la ventana y veo auto negro con vidrios polarizados estacionado abajo. Mi estómago se aprieta con ansiedad pero ¿qué opción tengo?

Bajo. Entro al auto. El conductor no habla, solo arranca. Y mientras manejamos por Manhattan, mi cerebro finalmente se pone al día.

Esto no es reportero. Esto es trampa.

"Para el auto," digo. "Quiero salir."

"No puedo hacer eso, señorita."

"¿Quién te mandó? ¿Adrián? ¿Sofía?"

Silencio.

"PARA EL MALDITO AUTO."

En lugar de parar, acelera. Y entonces veo a dónde vamos. De regreso a la mansión Valcor. De regreso al lugar donde todo comenzó.

Cuando llegamos, el auto se detiene y puertas se bloquean automáticamente. El conductor se gira, quitándose lentes de sol. Es uno de los guardias de seguridad de Valcor.

"Señorita De Rossi quiere hablar con usted. Privadamente."

"No voy a ningún lado contigo."

"No es pedido." Saca teléfono, muestra foto. De mí entrando a apartamento de Ernesto hace semanas. "Tenemos más donde eso vino. Muchas más. ¿Realmente quiere que se hagan públicas?"

Estoy atrapada. Completamente atrapada.

Pero entonces veo algo que cambia todo. Loretta. La hija pequeña de Adrián y Lola. Caminando en el jardín frontal con Carla, la niñera. Solas. Sin guardias. Sin padres.

Y idea desesperada y estúpida se forma en mi cabeza.

"Está bien," le digo al conductor. "Hablaré con Lola."

Salgo del auto cuando abre las puertas. Pero en lugar de ir hacia la casa, corro hacia donde Loretta está recogiendo flores con Carla. Antes de que el guardia pueda reaccionar, agarro a la niña, mi mano cubriendo su boca antes de que pueda gritar.

"¡Victoria!" Carla grita. "¿Qué estás haciendo?"

"Retrocede o la lastimo." Las palabras salen antes de que pueda procesarlas. Antes de que pueda entender completamente qué estoy haciendo.

Estoy secuestrando a una niña de seis años.

Porque perdí mi mente completamente.

Loretta está luchando contra mi agarre, sus ojos enormes de terror. Lágrimas cayendo. Tratando de gritar a través de mi mano.

"Victoria, suéltala ahora." Carla tiene su teléfono afuera. "La policía viene en camino."




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.