El sol siciliano brilla perfecto sobre la villa De Rossi. No hay nubes. No hay viento excesivo. La temperatura es exactamente correcta para junio en Sicilia. Como si hasta el clima conspirara para hacer este día perfecto.
El jardín está transformado en algo de cuento de hadas. Miles de luces de hadas que van a brillar cuando caiga la noche. Rosas blancas y hortensias azules por todas partes. El arco donde las ceremonias van a tomar lugar está cubierto en flores que huelen a jazmín y verano. Doscientos invitados están sentados en sillas blancas con cojines de seda, abanicándose gentilmente contra el calor de mediodía siciliano.
Backstage, como los niños lo están llamando, el caos es controlado. Apenas.
Helena está en su vestido, elegante creación color champagne que la hace verse veinte años más joven. Su cabello está arreglado perfectamente. Su maquillaje impecable. Pero sus manos tiemblan mientras trata de ponerse sus aretes.
"Déjame," dice Lola tomando los aretes gentilmente. También está casi lista, su vestido todavía cubierto con bata de seda mientras su maquillista hace últimos toques. "Estás nerviosa."
"Aterrorizada. ¿Es ridículo? Tener sesenta y cinco años y estar aterrorizada de casarme."
"No es ridículo. Es humano." Lola termina con los aretes, da un paso atrás. "Te ves increíble."
"Tú también. Bueno, vas a verte increíble. Cuando terminen contigo."
"Quince minutos más," promete la maquillista. "Entonces vestido y estamos listas."
El vestido de Lola cuelga en esquina, obra maestra de encaje y seda. No es tradicional vestido blanco de princesa. Es más moderno, ajustado, sofisticado. Color blanco roto que contrasta hermoso con su piel. Escote en V, manga larga de encaje, falda que fluye sin ser excesiva. Es perfecto para ella. Elegante sin ser ostentoso.
Toque en la puerta y Carla entra. "Actualización. Banda llegó. Pastel llegó intacto. Sacerdote está aquí y aparentemente ha estado bebiendo limoncello con Alessandro durante última hora así que debería ser ceremonia entretenida. Los niños están vestidos y sorprendentemente no han arruinado nada todavía. Adrián está teniendo crisis existencial en su habitación pero Alessandro está manejándolo."
"¿Crisis existencial?" pregunta Lola con preocupación.
"Del tipo bueno. Del tipo 'no puedo creer que esto está realmente pasando.' Le dije que se calme y que no llore antes de ceremonia porque va a arruinar fotos." Carla revisa su tablet. "Treinta minutos hasta show time. Helena primero, luego Lola. Todo en el timeline."
Pasa siguiente media hora en borrón. Terminan el maquillaje de Lola. La ayudan a ponerse su vestido, cada botón pequeño en la espalda tomando preciosos minutos. Su cabello se arregla en ondas sueltas con pequeñas flores blancas entretejidas. Sus zapatos, sorprendentemente cómodos para tacones, son último toque.
Cuando finalmente se mira en el espejo completo, lágrimas llenan sus ojos.
"No llores," dice la maquillista en pánico. "Vas a arruinar el maquillaje."
"No puedo evitarlo. Es que... nunca pensé que tendría esto."
"¿Boda?"
"Boda con hombre que realmente amo. Familia completa. Final feliz." Se abanica la cara tratando de detener las lágrimas. "Marco debió estar aquí. Debió ver a sus hijos."
"Está aquí," dice Helena tomando su mano. "En esos tres niños que llevan su memoria. En ti, quien lo amó lo suficiente para criar a sus hijos sola. Está aquí, Lola. Y estaría feliz por ti."
"¿De verdad lo crees?"
"Lo sé. Porque amor real quiere que la persona amada sea feliz. Incluso con alguien más."
La música empieza afuera. Primer acorde de procesión. Es tiempo.
Helena va primero. Su ceremonia es primera porque insistió que los mayores van primero. Camina por el pasillo del brazo de Adrián quien la está entregando antes de convertirse en novio él mismo. Se ve devastadoramente guapo en su traje italiano negro, su corbata perfectamente anudada, su cabello peinado hacia atrás.
Alessandro espera en el arco, luciendo igual de guapo en su traje gris claro, sus ojos brillando cuando ve a Helena acercarse. Cuando Adrián pone la mano de su madre en la de Alessandro, hay lágrimas en los ojos de los tres.
La ceremonia es corta pero hermosa. El sacerdote, quien efectivamente ha estado bebiendo limoncello, es cálido y divertido sin ser irrespetuoso. Helena y Alessandro dicen sus votos con voces que tiemblan de emoción.
"Helena," dice Alessandro, "pensé que mi vida había terminado cuando mi esposa murió. Pensé que solo estaba esperando mi turno. Pero entonces te conocí y descubrí que vida puede empezar otra vez a cualquier edad. Me haces sentir joven. Me haces sentir vivo. Me haces querer ver cada amanecer porque significa otro día contigo."
Helena limpia sus lágrimas. "Alessandro, durante siete años viví en sombras. Existiendo pero no viviendo. Y entonces apareciste con tu risa y tu amabilidad y tu forma de hacerme sentir como si todavía fuera mujer deseable en lugar de solo abuela. Me devolviste a la vida. Y por eso siempre voy a amarte."
No hay ojo seco cuando se besan. Los invitados explotan en aplausos. Los niños, sentados en primera fila con Carla, están aplaudiendo más fuerte que nadie.