La mansión Valcor en Nueva York está en caos hermoso esta Nochebuena. Nieve cae suavemente afuera, cubriendo Manhattan en blanco pristino. Adentro, hay calor, ruido, risas, y amor en cada rincón.
Los trillizos, ahora de once años, están en medio de debate acalorado sobre qué película navideña ver después de cena. Lorenzo argumenta por Home Alone. Leonardo insiste que Polar Express tiene mérito científico superior. Loretta quiere The Holiday porque tiene romance y eso es lo que importa.
"Romance no es criterio válido para selección de película," dice Leonardo ajustando lentes que ahora son más gruesos que hace cinco años.
"¡Es totalmente válido!" Loretta cruza sus brazos. Tiene once años pero ya actúa como adolescente. "Las películas sin romance son aburridas."
"Polar Express literalmente desafía las leyes de física en múltiples ocasiones," agrega Leonardo. "Eso es fascinante."
"Ustedes dos son aburridos," declara Lorenzo. "Voto por Home Alone porque tiene acción y es divertido."
"Democracia requiere mayoría," dice Leonardo. "Y dado que somos tres votos..."
"¡NIÑOS!" La voz de Lola corta el debate. "Pueden ver las tres películas. Tenemos todo el fin de semana. Ahora vengan a ayudar a poner la mesa."
Los tres intercambian miradas, declaran tregua temporal, y van a la cocina donde Carla está supervisando operación masiva de preparación de cena.
Carla DeMarco, ahora Carla Mitchell, se casó hace tres años con James, el mayordomo de la mansión Valcor. Nadie vio venir ese romance excepto Helena quien jura que lo supo desde el principio. Carla ya no trabaja como niñera a tiempo completo pero vive en propiedad en cottage pequeño que Adrián renovó como regalo de bodas. Todavía ayuda con los niños, especialmente durante caos de vacaciones como este.
"Leonardo, platos. Lorenzo, vasos. Loretta, servilletas," ordena Carla con eficiencia de general. "Y si rompen algo, sus padres van a escuchar de mí."
"No rompemos cosas desde hace al menos seis meses," protesta Lorenzo.
"Eso fue accidente aislado," agrega Leonardo. "Probabilidades de replicar esas exactas condiciones son..."
"Movámonse," interrumpe Carla. "Ya."
Sofia, la bebé que ya no es tan bebé sino niña de tres años con opiniones fuertes sobre todo, está sentada en su silla alta en la cocina. Bueno, ya no necesita silla alta pero insiste en usarla porque le gusta estar a nivel con los adultos.
"Quiero ayudar también," anuncia.
"Tú puedes ayudar poniendo estos centros de mesa," dice Lola dándole flores de seda para llevar al comedor. "Cuidadosamente."
"Siempre soy cuidadosa."
"La semana pasada tiraste jugo en laptop de papá."
"Eso fue accidente."
"Dijiste que lo hiciste porque querías ver qué pasaba."
"Accidente científico," corrige Sofia con lógica que claramente heredó de Leonardo.
En la sala, Adrián está con Alessandro y James ajustando árbol de Navidad que parece estar inclinándose peligrosamente a la izquierda.
"Le dije que necesitábamos base más grande," dice Alessandro tirando del árbol para enderezarlo.
"Y yo dije que iba a estar bien," responde Adrián empujando desde el otro lado.
"Estadísticamente, señor De Rossi tiene razón," observa James manteniendo su distancia segura. "Base más grande hubiera proporcionado estabilidad superior."
"¿De qué lado estás, James?" pregunta Adrián.
"Del lado de física básica, señor."
Alessandro ríe. "Me cae bien tu mayordomo."
"Esposo de Carla," corrige James. "El mayordomo es solo trabajo secundario ahora."
"¿Trabajo secundario?" Adrián levanta una ceja. "Vives en propiedad."
"Sí, pero ahora tengo esposa que me mantiene ocupado. El mayordoming es solo cuando tengo tiempo libre."
Logran estabilizar el árbol justo cuando Helena entra desde la cocina con bandeja de aperitivos.
"¿Todavía luchando con ese árbol?"
"Ya está arreglado," dice Alessandro besando su mejilla. "Todo bajo control."
"Como siempre," dice ella con tono que sugiere que nada está realmente bajo control y que está bien con eso.
Helena y Alessandro celebraron su quinto aniversario de boda el verano pasado en Sicilia. Pasan seis meses en Nueva York, seis en Italia. Los niños han aprendido italiano fluido como resultado. Sofia ya está hablando tres idiomas a los tres años: inglés, italiano, y lo que Adrián llama "toddler gibberish."
La puerta principal se abre y Sofía Torres entra con ráfaga de aire frío y bolsas llenas de regalos. Ya no es Sofía Valcor, habiendo retomado su apellido de soltera después del divorcio. Pero es parte integral de familia de todas formas.
"¡Tía Sofía!" Los trillizos corren hacia ella.
"Mis sobrinos favoritos," dice abrazándolos aunque técnicamente no son parientes de sangre. Después de todo lo que pasó, después de cómo ayudó a salvar familia de Ernesto y Victoria, ganó título honorario de tía.