Parte 1:
Mi nombre es Cherry Chester
Puede que no controles todos los acontecimientos que te suceden, pero puedes decidir no dejar que te debiliten.”
(Maya Angelou)
— Bueno, aquí estamos, cariño. — Quizás fue la voz temblorosa de mamá, quién no parecía consciente de los pequeños temblores en sus manos, el ceño fruncido de papá o la mirada inquisitiva de Patcher, lo que me mantenía colgando del delgado hilo que separaba la verdad y la culpa
— Primero, necesito que mantengan la mente abierta, ¿está bien? — mamá levantó una ceja.
— ¿Mente abierta? — murmuró papá secundado la reacción de su compañera.
Entre el silencio de mis pensamientos y la palpable incomodidad que cortaba el ambiente, organizar mis ideas se convirtió en una tarea ardua. No tenía un sentido lógico por donde establecer un comienzo, apesar de recordar los múltiples intentos frente al espejo del baño, narrando todo lo sucedido en los últimos años. Al final, cerebro y lengua mantenían su propia batalla secreta negándose a cooperar. ¿Mi suposición?, me costaba remplazar las imágenes de ellos dos sufriendo por mi desaparición.
Demasiado letal para ser verdad
— Vamos, Chery — dijo mi hermano — Amnesia, los médicos dijeron que tenías amnesia. Hace dos semanas que recuperaste, milagrosamente, tus recuerdos, pero no soltaste una sola palabra. ¿Qué sucedió?. Toda está mierda es muy turbia. ¡Le mentimos a la policía por ti y quiero saber por qué!
— ¡Patcher!¿¡Cómo puedes ser tan insensible!?¡No tienes idea lo que tú hermana tuvo que pasar! Sí aún no está lista... el terapeuta dijo que podría tomar tiempo.
— No tienes que presionarte, Cherry. Podemos regresar otro día. — papá alentó el comentario de mamá y por primera vez en mucho tiempo, se sintió lindo el afecto de genuina preocupación.
—¡No! — grité. Debía contarles todo de una vez o después... no quería retenerlo más, merecían una buena explicación. — Por favor, solo, escuchen y pueden hacer las preguntas que quieran, buscaré la forma de responderlas.
°°°
— Hace tres años no podría con veracidad decir que 'todo está bien' o simplemente, 'genial'. Lidiaba con la universidad, un trabajo a medio tiempo y una prima un tanto desequilibrada que se la pasaba llorando por cualquier gilipollas que no le daba la hora. ¿Y a quién llamaba para quejarse?. Adivinen. Pues específicamente el día que mi, mundo cambió completamente, me mantenía en su apartamento en la calle Bauer a tres cuadras de la Librería donde trabajaba, casi encontra de mi voluntad. Su último novio resultó ser un bastardo con más chicas en su dedo que pelos en la cabeza. Por supuesto, también le llevaba unos quince años, una esposa y un bonito chalet en las afueras.
>> Betsy era como su amante número 8, cosa que no parecía importarle mucho hasta que cortó comunicación con ella por un mensaje de texto. ¡Un mensaje!. Ya deben hacerse una idea de la dramática y extravagante escena de autocompasión que terminó montando.
>>Debiendo presentar un examen el día siguiente, quedarme a dormir y sentarme a escuchar sus lamentos también en la mañana, ciertamente no entraba en mis planes. Agarré mi bolso en cuanto su cabeza tocó la almohada y salí huyendo sin fijarme en los pocos minutos que faltaban para media noche. ¡Y vaya que estaba oscuro! La situación parecía sacada de una maldita película de terror. Pongamoslo así, un callejón, una bombilla y una chica con paso rápido intentando llegar a casa.
— Una estupidez — murmuró mi hermano, ganándose una mirada recriminante de papá
— En mi defensa y como debéis de saber, el campus de encontraba relativamente cerca, con muchos locales un viernes por la noche, bien abiertos. Entonces, una voz conocida murmuró mi nombre y juro, un escalofrío recorrió mi cuerpo hasta poner mi piel fría como un tempano de hielo. No brindé una segunda mirada, no lo necesité, yo ya sabía que se trataba de Alex. Llámenlo como quieran, pero el chico mantenía ese tipo de sexto sentido para saber siempre dónde o quién estaba. Por muy extraño que soñara, terminé acostumbrándome a ello sin pensarlo mucho.
— El muy hijo de puta — muscullo mi hermano — ¿Fue él quién te secuestró, verdad?¿Qué hizo?¿Te vendió?
Quise reír, aunque sonaría descortés. Apreciaba su preocupación, pero, tuve que negar
— Peor, iba a matarme — ví a mamá jadear y papá tragar un maldición. Patcher se levantó furioso. Estaba segura me acribillaría a preguntas, en cambio, se volvió a sentar en el sillón mullido frente a mí, esperando como mis padres, continuara el resto de mi relato
— No se encontraba vestido como usualmente lo hacía. Lejos de la expectativa, debí fijarme en la camisa negra abierta repleta de rayones sobre el pecho descubierto o la chaqueta blanca a medio colocar manchada con gotas de sangre. Yo, me molesté en poner mi atención en su cabello revuelto, cosa que usualmente mantenía prolijamente arreglado. Bien pude detenerme en la mirada enloquecida y extraña de sus ojos...
>> ¿Saben?, dicen por ahí que lo ojos son las ventanas de alma, las de Alex parecían las puertas del infierno. "¡Dios Santo, Alex!¿Qué te sucedió?", le grité tomándolo por los brazos. Su rostro de mostraba blanco como un papel y apenas respondía a las sacudidas que le daba. "Esperaba por ti... allí", murmuró señalando el desértico callejón de donde había escapado. Volvió a repetir la misma palabra más de una vez, luego con euforia, completamente fuera de sí y cuando menos lo esperé, me tomó del brazo empujandome dentro "¡Ayuda, Cherry!¿qué he hecho?"... en la sombras, un zapato. Lo que luego se convirtió en una pierna y finalmente en el cuerpo de una chica, a medida que, sujetando mi cuello e inmovilizando el resto de mi cuerpo, me obligaba a dar pasos cortos. — apreté los labios tomándome un momento para rememorar el recuerdo — Reconocí a la chica, ¡vaya que lo hice!. Semanas antes rompí con Alex porque alguien se tomó la molestia de envíarme una foto de ellos dos besándose. Lloré durante horas y le dije adiós para no terminar como Betsy. Y sólo la idea de que pude haber sido yo la que descansaba muerta en el suelo de cemento, me atormentó dos segundos, porque, realmente sería la próxima.."¿Lo ves? No es tan bonita como tú, ni tan amable como tú, ni siquiera tan dulce. ¿Cómo pudiste creer qué te cambiaría?." — ví a mamá apretar sus manos hasta casi clavarse las uñas en la piel. Patcher dejó ir el aire que retenía y papá gruñó. Era un hombre de pocas palabras y sus disgusto las expresaba con pequeños gruñidos de advertencia.