Los últimos 3 años en mi vida

Capítulo 2

Capítulo 2

— ¿El chico homicida? — preguntó papá ganándose un asentimiento de mi parte.

— Las luces de encendieron en un chasquido, ni idea cómo lo hicieron o cuándo, entre lágrimas, el sueño logró vencerme. Apasar de esto, fui capaz de detenerme en los pequeños detalles que el manto del miedo y la oscuridad de la noche no me permitieron. Por ejemplo, su cabello rubio teñido, con las raíces negras crecidas o el hecho, que ya no vestía el uniforme, sino ropa casual y sobre todo, el conejo con el pecho atravesado por una navaja, fijo en la pared a su espalda. Nuevamente me hallaba al límite de la desperación y el pánico. Sólo él y yo en un espacio demasiado pequeño para huir. "¿Tus padres no te quicieron al nacer? Aunque tienes pinta de huérfana desahuciada", me quedé en silencio, viendolo sujetar mi identificación entre sus manos "¿A quién demonios llaman Cherry Chester?¿Quién eres, actriz porno? Aunque con ese trasero" negó fingiendo una expresión de entendiendo "Los gordofilicos se volverían locos. Deberías hacer una cuenta Onlyfans, ganarías buen dinero mostrándolo. Pero, solo tú trasero, ¿qué pasó con tus pechos?¿Olvidaste incluirlos en la repartición de grasa?. Se rió de su propio mal chiste con una risa extravagante, cómo si realmente tuviese algún derecho a burlarse de mi cuerpo.

—¿Cómo te encontró?¿Acaso los dormitorios universitarios ya no cuentan con la misma seguridad? — cuestionó mamá

— Ellos tienen sus métodos, aunque usualmente son un poco... obtusos

—¿Ellos? — inquirió Patcher

— Todavía no entramos en esa parte. Continuaré en... me disponía a lanzarle lo más cercano a mí y él se adelantó, la navaja, similar a la que traía el conejo se clavó en mi pared, luego de cortar levemente mi mejilla. "Si sabes lo que te conviene, vas a quedarte quietecita y no hacer nada estúpido", mis ojos se abrieron y pregunté con nerviosismo, "¿Vas a matarme?". Él me respondió, "Sí por mí dependiera, no ibas a despertar está magnífica mañana. Así de misericordioso soy. El problema, es que no me corresponde esa decisión". apreté las sábanas que cubrían mi cuerpo. "¿Por qué a mí?", esa era una buena pregunta. No podía estar relacionado con Álex, él lo había matado. Tal vez, ¿algo que ver con la chica?. Cabía la posiblidad de que estaba mentalmente inestable. Ya saben, uno de eso psicópatas adolecentes con infancias turbias que a veces salían en los libros o películas. De todas las anteriores, la última pareció la que menos realista. "No hay un porque, solo una desagradable casualidad". ¿A qué se refería?, me pregunté en mi cabeza. Él se puso de pie en un salto y dejó una imagen sobre mi cama. "Bien, gorda. Dime todo lo que sepas sobre Alexander Remington. Rapidito que no tengo toda la mañana para desperdiciar en ti".

>> Observé la foto con calma, sí, esa persona lucía como Álex, no uno que yo conociera. "Si te digo lo que sé... ¿me dejarás ir?" y si, no me juzguen, terminé suplicando. Muchos en mi situación, no dirían dos palabras sin tartamudear, yo habia dicho seis antes de tomar una pausa para plantear una pregunta importante y tragar la saliva que se acumulaba en mi boca. "¿Crees que tú pones las reglas, pequeña estúpida?. Estoy mostrándote mi lado bueno, abre el hocico y comienza a chillar de una forma en que entienda cada palabra escapando de esa boca sucia"

—¿¡Qué está mal con ese chico!?¿Lado bueno?, que broma. Me gustaría tenerlo de frente para pegarle un puñetazo. — no sabía cómo responder a eso.

— No bromeaba cuando decía que ese era su lado bueno. No me había amenazado con un arma y exceptuando el conejo, que realmente no estaba muerto, no tenía cadáveres flotando sobre su sangres. Ni un montón de personas a mi alrededor, gritandome que evitará una catástrofe.

— Lo dices cómo sí... ¿tuviste que pasar mucho tiempo a su lado?

— Papá — lo miré a los ojos— No tienes idea todo lo que tuve que vivir con ese bastardo. Igualmente, le debo mi vida, así que, no lo odien tanto. Prometo que logra cambiar... un poquito — le mostré que tanto con mis dedos y no pasaban de los diez centímetros de espacio.

— Debió ser difícil, cariño — murmuró mamá

— Esa mañana en mi habitación, no tanto. Sino, lo que vino después. Me tomó unos minutos contarle lo básico que conocía sobre Alex, dónde nos conocimos, o el sitio en el que pasabamos mayor tiempo junto a nuestros amigos. Lo manejé evitando nombres de mis conocidos. Eso no le pareció suficiente, chasqueó la lengua y apto seguido, extrajo de el bolsillo trasero de su jeans, un frasquito trasparente con unos caramelos azules."Vamos a la boquita", dijo abriendo la boca para que imitará su gesto "¿Qué es eso?", pregunté con miedo. "¡Abre la boca y luego, yo, hago las preguntas!". Apreté los labios, cumplir sus órdenes estaba fuera de discusión. La posibilidad de enveneneme, drogarme y Dios sabría que cosas hacerme, me ponía de los nervios.

— ¿Y qué sucedió?

— Mi negatividad no le gustó para nada, sujetó mis mejillas con una sola mano, apretando la boca para que la abriera. "Me estoy enojando", me avisó molesto y yo, no le hice caso. Entonces, sacó su arma de la cinturilla de los pantalones, golpealdome el rostro con tanta fuerza que caí sobre la cama y el dolor, fue indescriptible. — mamá volvió a apretar el brazo de papá — El sabor metálico de mi sangre inundó mi boca. "Te gusta el modo difícil, ¿verdad?. Seguro finges ser el tipo de chica buena que no rompe en plato, pero te gustan un par de azotes para comportarte. Sino, ¿por qué diablos me mientes y te niegas a escucharme?".

>>No tenéis ni idea como la rabia me inundó en ese momento. ¿Miedo?, por supuesto, ese no había abandonado desde la noche anterior. Justo allí pensé, ¡carajo, debí pegarle más duro con el martillo!. Obviamente, el bastardo tomaba venganza por lo del callejón, divirtiéndose a costillas de mi miseria. No me quedó de otra que abrir la boca y tragarme el maldito caramelo. Déjenme decirles, aquella cosa amarga bajando por lo garganta se sentía sumamente descargable. Ni idea como describirlo, simplemente... — metí mi dedo en la boca fingiendo el vómito, contorcionado mi rostro con sumo desagrado y esperé, mis padres comprendieran hasta que punto no tomaría aquella cosa de nuevo. — "¿Te presentó a uno de sus parientes en alguna ocasión?", negué y él se burló. "Por supuesto que no, debiste ser un juguete follable, como mucho... Dame su dirección actual, lo pensé con cuidado. Alex había sido muerto, y recordar sus entrañas en mi rostro, me entraban deseos enormes de gritar. "No pienses demasiado, lo que tomaste te impide mentirme. Sueltalo, dirección actual". Decidí no arriesgarme con el asunto y él, de limitó a anotar la dirección en su teléfono. "En los últimos dos meses, notaste cambios básicos como: hambre exagerada, inexplicable imperactividad, atraques de pánico y/o movientos involuntarios de alguna parte del cuerpo", no sonó a pregunta, sino a una especie de cuestionario que poseía anotado en su teléfono, porque simplemente, no levantó la vista de él al decir los cambios.




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