Los Xeronianos Del Universo - Libro I El Guerrero Del Sol

Capítulo XVI

     El gobernador de Arkania, Azim Orudam, fue un revolucionario que militó en las guerrillas durante los tiempos cuando la insurrección popular se levantó contra el antiguo gobierno de la ciudad. Arkania era una metrópoli próspera que con el paso de los años fue sucumbiendo ante las desigualdades sociales entre los oligárquicos dominadores del gobierno y aquellos esforzados que dedicaban su vida al trabajo para salir adelante. Esa diferencia fue aprovechada por algunos sectores que canalizaron el creciente descontento transformándola en una revolución que fuera representante del pueblo sustentada por leyes acordes. 

     Quien lideró ese cambio, era Azim Orudam, personaje conocido en la lucha social apoyado por grupos armamentistas que le cobijaron en su camino hacia el poder, pero que nunca esa llegada pudo ser posible de no ser por la ayuda de dos factores fundamentales: el financiamiento de los comerciantes socios de los brujos del Caleuche y la ayuda militar de Daemon Kahn. La legislación prohibía el trato con tripulantes del barco fantasma, pero Orudam prometió un tráfico libre a cambio de que lo ayudaran económicamente en su carrera política. 

     Fue así como en medio de la convulsión social que padecía Arkania, se produjo un golpe de estado encabezado por Azim Orudam, quien bajo las ideas insurrectas de antaño, tomó el poder derrocando al antiguo gobierno para instaurar un régimen popular. Los años venideros, el opulento lugar se transformó en una corrupta ciudad donde los revolucionarios dieron rienda suelta al libertinaje, mientras que el gobernador Orudam se convirtió en un aburguesado dictador siendo ahora todo lo que el odió en su juventud. Muchas personas honestas al ver que la economía sucumbía se vieron forzados abandonar la ciudad hacia otras latitudes separándose numerosas familias que no vieron sus frutos crecer. Las calles de Arkania era ahora un terreno para mercachifles socios de los brujos quienes comerciaban tal como lo hacían los antiguos capos de la mafia, y para ser punto de conexión en la expansión de Daemon Kahn con quien tenía una secreta, pero rumorada alianza política. 

     Mientras tanto, cerca de donde se estaba efectuando la sigilosa liberación, Sokaku era llevado hacia una elegante mansión presidencial fuertemente custodiado por guardias, pero que, a diferencia de la prisión, notó que algunos portaban el emblema o tatuaje del Imperio de la Serpiente. De pronto un hombre alto, calvo, bigotudo, grueso y de mirada torva, lo estaba esperando rodeado de algunas mujerzuelas, guardaespaldas, abundante vino y caviar, con una pose y aires de superioridad que asemejaba mucho a los corruptos emperadores de la antigua Roma. 

—De modo que aquí lo pasas excelente mientras tu pueblo se muere de hambre teniendo que lanzarse al mar para buscar algo de comida. Típico de los cerdos políticos como tú —insultó Sokaku. 

—No sé qué andas fisgoneando en mi ciudad, pero tu estupidez te costará caro y me recompensarán por haberte capturado —contestó Azim Orudam desde su harem. 

—Siempre se ha rumoreado que tienes nexos con el Imperio de la Serpiente involucrando tráfico de armas, drogas, información y soldados para sus huestes. Cuando el pueblo se entere de todo, tu sucio gobierno caerá y será el renacer de una nueva Arkania. 

—No lo creo, todas mis fuerzas armadas, policías, políticos, medios de comunicación y comerciantes trabajan para mí ya que les otorgo todo el poder y dinero que nadie en esta parte del mundo le puede ofrecer, y aquellos que se opongan, los envío a las cárceles para que sean castigados y trabajen forzosamente en favor de la revolución. Jamás sabrán nada de lo que hacemos en este gobierno porque controlo todo lo que sucede en esta metrópoli. Ahora te enviaremos con el Kahn. 

     Sokaku analizó la situación en que se encontraba, y a juzgar por las manos esposadas y la fuerte vigilancia alrededor, consideró que era hora de empezar aplicar su estrategia. 

—Antes de que me encamines con tu amiguito, déjame decirte que los xeronianos enviaron un enorme contingente para derrocarte junto a todos estos parásitos que tienes aquí. 

—Ja, ja, ja, ¿oyeron eso? Qué iluso eres, ellos no tienen ejército suficiente para soportar un ataque imperial, ¿y pretendes decirme que vendrán a terminar con la revolución? Legiones de gran magnitud caminan hacia Cyrania en estos momentos por lo que esa patética orden tiene sus días contados. 

—¿Ah sí?, ¿Cómo estás tan seguro de eso? Los xeronianos tienen bases por toda la Neotierra así que será sencillo detener a toda tu debilucha hueste —contestando Sokaku siguiendo con el juego y ocultando su preocupación con ironía. 

—De verdad eres un completo idiota, el Kahn sabiendo de ese problema envió espías y ejércitos para que desbarataran toda resistencia que hubiera en las bases. Una vez diezmado a los xeronianos, nuestro comodín hará su trabajo y permitirá que el ataque salga perfecto arrasando con todo. 

—La zona cordillerana no permite tan fácilmente un ataque a gran escala por las dificultades geográficas, así que no sueñes con una victoria. 

—¡Qué terco eres! Entrando por el puerto principal y flanqueando el norte y sur no tienen escapatoria, pues las bestias mitológicas superarán todo obstáculo. Eso ya debieras saberlo. 

—¡Insisto! Ni todas las hordas que tengan puede derribar a la poderosa Torre de la Luz. Eso lo garantizo. 




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