Lost Memory

Capítulo 1: Un sentimiento Inolvidable

En un día como cualquier otro, en la ciudad de Long Beach, la lluvia caía, pero a pesar del este clima húmedo, no impedía que dos niños jugaran inocentemente.

—¡Rio! Atrápame —La niña corría de charco en charco intentando evitar que su amigo la atrapara.

La niña tenía su cabello rubio y ojos color café. Llevaba puesto un traje de hule y botas del mismo material.

—Ya verás que si lo hare —El niño perseguía a su amiga.

El niño tenía su cabello color castaño y ojos del mismo color. Usaba prendas similares a su compañera de juegos.

Al girar su cabeza hacia atrás, la niña se dio cuenta de que su amigo estaba por alcanzarla. Intento correr más rápido, pero fue inútil.

—¡Te tengo! —Exclamo el chico al dar un gran salto para así atrapar a su amiga. Al saltar, provoco que él y la niña cayeran en un charco de agua.

—¡¿Eh?! ¡No es justo! —Se quejó la niña.

El niño se reía de la actitud de su amiga.

—Lo que pasa es que no sabes perder, Rina —Comento.

—Eso no es cierto —La niña inflo sus cachetes.

—Claro que si —Reía.

La niña bufa, desvía la mirada y se cruzó de brazos.

—Oh, ¿te enojaste? —Pregunto burlón.

—No —sentencio sin mirarlo.

—Oh, es una lástima. Creo que no tendré con quien ir a la feria este fin de semana —Decía provocadoramente.

—¿Eh? —La niña lo miro sorprendida.

—Ni tampoco al patinaje sobre hielo, pero bueno, ¿qué se le puede hacer? —El niño se levanta.

La niña al ver que su amigo estaba por irse lo sujeto del brazo.

—No seas malo, Rio —Lo miro con tristeza.

—¿Ahora yo soy el malo? —Pregunto con una sonrisa curiosa.

—¡Vamos! Sabes que estaba jugando —Se excusa—. Por favor, ¿sí? —Insiste.

—Mmm... —Piensa unos segundos—. No lose...

—¡Por favor! —Suplica.

El niño comienza a reír.

—Sabes que sí, no puedo pelearme contigo.

—¡Yei! —Alzo las manos en señal de emoción.

—Bueno, bueno, es hora de ir a casa o se hará tarde —El niño ayudo a levantar a su amiga.

—¡Si! —Asintió.

El niño acompaño a su amiga hasta su casa, se despiden y ella entra a su hogar.

—¡Mama! ¡Papa! ¡Ya volví! —Decía la niña al entrar a su casa.

—¡Rina! —El padre se emociona al ver a la niña llegar y va hacia ella.

El hombre tenía el cabello castaño claro y ojos cafés. Usaba un traje formal

—¡Rina! —La madre hace lo mismo que el hombre—. Llegas a tiempo para arreglarte para la fiesta de esta noche —Comento.

La mujer tenía el cabello rubio y ojos cafés. Usaba un vestido de noche.

—Lose, Rio me lo recordó —Comento.

—Bueno, no esperemos más y ve a arreglarte —Dijo su madre.

El mayordomo de la casa se acerca a la niña.

—Acompáñeme, señorita Carina.

—Sí, Abraham —Carina lo sigue.

—Nosotros también debemos ir a prepararnos —Comenta el padre.

La mujer se ríe dulce y elegantemente.

—Claro, Ed —Lo empuja despacio hacia otra habitación.

“Mi nombre es Carina Entoni, pero las personas más cercanas a mí me llaman Rina. Mi familia es socioeconómica alta, según mi padre. Él se llama Edgardo Entoni. Es un empresario que se encarga de manejar una empresa de aparatos tecnológicos. Mi madre, Sonia Entoni, ella es una economista en la misma empresa.

Cuento con 10 años y medio de edad, estoy en quinto grado de primaria, estoy por terminarlo. A pesar de mi corta edad he sabido sobrellevar mi vida como represente de la familia. Gracias a mi mejor amigo, he sabido llevar una vida acorde a mi edad.

Mi mejor amigo se llama Darío Harun, pero yo lo llamo Rio. Él vive frente de mi casa, su familia también es socioeconómicamente  alta. Por lo cual, nuestras familias hacen una fiesta muy seguido en alguna de las casas. En las mismas se hablan de los proyectos a futuro, metas y visiones de la empresa.

De hecho, esta noche habrá una fiesta celebrando algo sobre la empresa, por lo cual, debo vestirse para la ocasión.”

Abraham se acerca a la puerta del baño donde Carina se estaba cambiando y toca la puerta.

—Ya voy —Carina se coloca unos aretes en sus orejas, color celestes.

Su vestimenta consistía de un vestido color celeste claro y  unas zapatillas blancas.

Su peinado era de dos coletas y en cada una de ellas había un moño de color celeste. Llevaba un par de guantes color blanco que llegaban hasta el ante brazo.

Después de haber terminado de cambiarse decidió bajar a la fiesta que ya había comenzado. Las miradas se concentraban en ella cuando entro al salón. Carina saludo a cada una de las personas del lugar, después iría en busca de su fiel amigo, Darío.




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