Lost Memory

Capítulo 13: Una decisión

Carina había continuado leyendo el resto del diario, hasta llegar a la mudanza que hizo por el trabajo de su padre.

—¿Qué? —Gira la hoja varias veces—. No, ¿esta historia termina así? —mira el diario con incredulidad.

Tras unos segundos, Carina bufa con una risa sínica.

—Rina… Eres una verdadera estúpida —deja caer el diario en la cama—. Son realmente incompetentes todos estos chicos —se rasca la cabeza con desesperación—. ¿Cómo es que se dejan manipular de esa manera? ¿Qué clase de persona fui en el pasado?

Carina se deja caer en la cama. Trataba de entender su propia personalidad que tuvo en el pasado, pero no entendía cómo podía ser alguien tan pasiva.

En ese momento, alguien toca la puerta, era Abraham.

—¿Rina? ¿Todo bien? —pregunto preocupado.

—Define bien —dice al cubrirse la cara.

—Ya veo… Dejaré esto aquí, deberías descansar —expresó y dejo una bandeja con comida en la mesa.

Tras unos segundos, Carina se levanta para comer algo y tratar de despejar la mente, sin embargo, no logra hacerlo con mucho éxito.

Carina suspira.

—No consigo entender todavía muchas de estas cosas, de verdad… No sé nada todavía —mira el diario—. Madre… Aunque no te conocí, de alguna manera me duele no tenerte ahora conmigo… Me haces mucha falta —coloca su mano en el pecho.

Tras analizar cada una de las cosas que habían pasado en la primera etapa de su vida, o al menos la que narraba su diario, decide ir a dormir y no sobre pensar las cosas.

Al despertar, ella no sintió que descansara en lo absoluto, se encontraba más cansada que cuando durmió.

La puerta de su cuarto sonó al poco tiempo.

—¿Rina? ¿Estas despierta? —pregunto Abraham.

Carina solo hace un sonido de afirmación y cuando entra no lo mira.

—Te traje el desayuno, ¿cómo dormiste?

Carina no responde, Abraham sabía perfectamente que el rencor y el resentimiento de todo lo que le dijo el día anterior era la razón de su comportamiento. Este retraso en su ánimo se debe al shock que se sintió al tener demasiada información de golpe.

—Entiendo, te dejaré sola —sale de la habitación al decir eso.

Carina se gira para ver su comida y desayuna. Al terminar, se dirige al baño para una ducha. Cuando sale, mira hacia la cama y se percata del diario.

Ella suspira fastidiada.

—Supongo que esto aún no termina —se sienta y se dispone a continuar leyendo aquel tormento para ella—. Se supone que ahora que me mudé, dejé atrás mi pasado, mi “amor platónico” hacia Darío y empezar una nueva vida.

Analizo todos los sucesos.

—Sigo sin entender por qué ninguno de los dos se atrevió a declarar lo que sentían por el otro. Realmente me resulta estresante —relato para sí misma.

Comenzó a leer el diario, Carina se percata de que ella misma no escribía constantemente en el diario, hasta un dia en concreto.

“Hola… Hoy se cumple otro año desde la muerte de Mama…

Papa dice que no podemos regresar a la ciudad para ver su tumba. Así que decido ir a dejar unas flores a cualquiera en el cementerio más cercano.

Sin embargo, no esperaba que me encontrara a alguien más en ese lugar. William, el aparentemente favorito del director de la escuela.

Él se acercó a mí, al parecer sintió curiosidad de lo que estaba haciendo, cuando lo mire a los ojos él parecía entenderme perfectamente. Sin poder contenerme más, lo abracé y comencé a llorar en su pecho.

No lo conocía lo suficiente, eso me hacía sentir segura de que no me juzgaría tan rápido. Necesitaba un apoyo y él apareció en el momento justo. Sin embargo, espero que esto no signifique un tipo de lazo entre nosotros.

Él me encontró en un momento de debilidad, no me interesa relacionarme de ninguna manera con nadie. No me siento lista.”

—Supongo que aquí es donde todo comenzó —pensó Carina—. Un momento emotivo, pero ahora me siento mal de que me identifique más con la Carina deprimida que con la normal —ríe levemente.

Carina pasó el resto de la tarde leyendo el diario y lo que faltaba de él, hasta que llego a la última página escrita, la cual era del día antes de perder la memoria.

—Al parecer iba a confesarme, estoy ansiosa por ver que paso después —cuando la vuelta a la hoja, la encuentra en blanco—. ¿Qué? ¿En blanco? Debí pasarme una hoja sin querer —vuelve a hacer lo mismo y nota que todo sigue sin letra.

Carina comenzó a entrar en pánico, continúa volteando las hojas hasta que se manda a volar el diario por la fuerza que hacía.

—No, esto no puede terminar así… —sujeto tu cabeza incrédula.

Rápidamente, abre la puerta y va con Abraham. Al escucharla bajar, él la mira con felicidad, pero al divisar su cara, él cambia su actitud a una más preocupada.

—¿Dónde está el resto? —pregunto con la cabeza baja.




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