Lost Memory

Tres no es mejor que dos

—Tengo 18 años y, a decir verdad, siempre me han gustado los hombres —escuche decir a alguien en la televisión.

Estaban entrevistando a alguien sobre su aparente orientación sexual. Hoy en dia todo es noticia, si eres vegano, si te gustan los animales exóticos o cualquier otra preferencia se le da más atención de lo que debería.

—¿Entonces te consideras heterosexual? —pregunto el promotor.

—Si, yo no soy lesbiana ni mucho menos bisexual —explico la chica.

—¿Ves? Te dije que era puro rumor —comento mi padre quien miraba la televisión junto a mi madre.

—Nunca se sabe lo que uno puede saber en estos días, deberías ver como sale con su mejor amiga, para les —refuto mi madre.

Suspire mientras terminaba de comer mi cereal de desayuno.

—¿Tu qué piensas, Alina? —pregunto mi madre.

—No podría importarme menos —respondí de mala gana mientras tragaba.

—Esta niña siempre fue una aguafiestas, es la razón por la cual no tiene amigos —insulto mi padre.

A dia de hoy no puede molestarme en lo absoluto los comentarios de mis padres, nunca fueron totalmente comprensivos conmigo, pero me dan las comodidades y necesidades justas para vivir, no puedo quejarme, supongo.

—Prefiero la calidad antes que la cantidad —respondí mientras me levantaba y recogía mi cuarto.

—Cuando hagas una fiesta en la casa, hablamos —contesto mi padre.

Supongo que ellos deseaban que su hija fuera alguien mas sociable y alegre, pero por diferentes factores en mi vida, todo eso no me representa en lo absoluto.

—Me voy a la escuela —ignoré su comentario y me dirigí a mi cuarto por mis cosas.

—Ten cuidado —contesto mi madre.

—No regreses, quédate con alguien por allá —alzo la voz mi padre.

Tome mi mochila y Sali de la casa sin decir algo más. No puedo decir que me acostumbre a sus opiniones, pero si dejan de ser tan impactantes cuando las escuchas demasiado.

Tome un camión hacia la escuela y respire hondo para adentrarme a la misma una vez llegue.

—¡Alina! —el sonido de alguien llamando me hizo voltear.

Al hacerlo, me tope con la única verdadera amiga que he tenido toda mi vida, Carina.

—Hola —salude con una sonrisa bastante tranquila.

—¡Hola! ¿Lista para entregar nuestros proyectos? —pregunto entusiasmada.

Hice un sonido de afirmación.

—Estuve mensajeándome toda la noche diciendo que te divirtió mucho hacerlo.

—¡Es que es la verdad! Amo este tipo de actividades —exclamo con alegría.

—Realmente disfrutas el estudio.

—Mas que el estudio —hizo una pausa—. Me gusta mucho aprender sobre Finanzas y Contabilidad, básicamente son conceptos que s presentan para cualquier cosa que quieras hacer y eso es lo impresionante. Los números son totalmente flexibles para todo.

La forma en que Carina se expresa es diferente a la que antes lo hacía. Anteriormente, ella siempre fue apasionada con los estudios… Sin embargo, deseaba otras cosas. Parecía encantada con las labores domésticas y las artes, era más emocional mientras que ahora parece ser más racional.

Aunque sean diferentes, me llevo mucho mejor con la Carina de ahora, antes sentía que hablaba conmigo por lastima, pero ahora genuinamente parezco ser la única que la entiende.

Las demás personas la tachan de rara por sus actitudes o comentarios poco “comunes” pero… Eso ya lo he escuchado antes, porque eso mismo me decían a mí.

La dinámica a cambiando un poco entre ambas, parece ser que ahora soy yo la que cuida de ella, ya que normalmente se comporta como una niña pequeña.

—Oigan, tontas, quítense del camino —comento un bravucón que se acercaba a nosotras.

Odio los pleitos, así que estaba por irme del lugar y ceder el paso, pero Carina hizo algo diferente.

—¿O qué? —respondió molesta.

Ahora parece más irritable que antes, dice lo que piensa y no se deja de nadie, parece ser que tiene más carácter.

—O…—

—Déjame adivinar, utilizaras la fuerza bruta porque consideras que es la única manera en que las cosas te salen bien o todos hacen lo que dices —contesto Carina.

—Ya cállate, nadie realmente entiende lo que dices —insulto el bravucón.

Carina bufa.

—Mas cobarde es aquel que prefiere golpear que hablar.

El bravucón se acercó violentamente hacia a mí, como con ganas de desquitarse conmigo, nunca he sido buena defendiéndome físicamente ni soy atlética de ningún modo, así que del miedo me deje caer al suelo, resignada.

Carina utilizo el reflejo de su celular para cegar la vista del bravucón y lo empujo poco después.

—¡Ya vete! —grita desesperada.

El chico aturdido decide irse corriendo lo más rápido que puede tras eso.




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