BROOKE
Nos quedamos sin respiración y Draco separa sus labios de los míos. Nuestras respiraciones están aceleradas y mantengo los ojos cerrados, dejándome llevar por las sensaciones que me provoca su beso.
Abro los ojos lentamente y me encuentro con los suyos grises en los míos. Siento que mis piernas me fallan, pero sus manos me sujetan por las caderas, para evitar que caiga al suelo.
La sonrisa que veo en su cara es sincera y yo solo puedo evitar ponerme más roja de lo que ya estaba.
—Yo… —intento decir algo, pero no me salen las palabras.
—Lo siento —se disculpa mientras sus manos pasan a mis mejillas—. Sé que dijiste que solo amigos, pero… No puedo evitarlo. Es verte y solo tengo ganas de besarte —me confiesa.
—Yo… No pasa nada, pero…
—No puede volver a pasar —dice con resignación.
—Es lo mejor, Draco —acaricio su mejilla con delicadeza y él cierra los ojos ante mi tacto.
—No lo creo, pero intentaré lo que me pides —me mira a los ojos—. Aunque los dos sabemos que esto volverá a pasar —deposita un beso en mi mejilla y sigue el camino de la ruta que tenemos que hacer.
Sé que tiene razón, esta noche me ha confirmado que es muy probable que ninguno de los dos va a poder mantenerse muy lejos.
***
***
Es sábado por fin. La semana ha sido muy larga y necesitaba este respiro. Con Draco las cosas están un poco… No sé cómo describirlo. Siempre está atento a cada paso y cada palabra que doy, fijándose en que esté bien en todo momento, haciéndome reír… Pero no se ha vuelto a acercar a mí de esa manera. Es más, son pocas las veces que nos hemos quedado solos y lo agradezco, cada vez que lo veo me ruborizo levemente y me acuerdo del último beso, de lo que sentí, de lo que él me hace sentir.
Está cumpliendo con lo pactado, pero me cuesta ver cuando habla con otras chicas, las sonríe o incluso coquetea con ellas. Y es que entiendo que se acerquen a él, es tan guapo… Pero no soporto verlo con ellas y mucho menos cuando Pansy está cerca. En esos momentos lo único que puedo hacer es marcharme de la estancia y alejarme todo lo posible. No puedo pedirle nada, cuando soy yo quién lo está alejando.
—Brooke —me zarandea alguien que está sentado a mi lado y me giro para mirar a Blaise—. ¿Está todo bien? —asiento ante su pregunta—. Llevo hablándote hace un rato y ni me contestas.
—Lo siento —me disculpo—, estaba distraída. ¿Qué querías?
—Te preguntaba si venías hoy con nosotros a Hogsmeade.
—Lo siento mucho, chicos, pero ya he quedado —me termino mi taza de chocolate y dando por terminado mi desayuno.
—¿Con quién? —pregunta algo brusco Draco mientras me mira fijamente.
—He quedado con ir con Harry —su cuerpo se tensa al escuchar el nombre de mi hermano y los chicos lo miran divertidos. ¿Por qué esa reacción? ¿Estará celoso de Harry? Espero que no—. Seguramente después me encuentre allí con Ron y con Hermione.
—Qué pena —pone Blaise un puchero—. Pero tienes que prometernos que en la próxima salida irás con nosotros.
—Lo prometo —sonrío—. Me voy ya o llegaré tarde.
Dejo un beso en la mejilla de Blaise y les sonrío a los otros dos que están sentados enfrente.
Salgo al patio y me encuentro con Harry esperándome. Le agarro del brazo y comenzamos a caminar hacia el pueblo. Hablamos un poco de todo hasta que entro en la conversación que quería sacar.
—¿Qué tal el castigo con Umbridge? —pregunto interesada por conocer su respuesta.
—Bien —responde escueto.
—Harry…
—Vale —me dice mirando al cielo—, es una bruja.
—¿Solo eso? —le digo divertida—. Es una arpía y una cara de sapo —los dos soltamos unas cuantas carcajadas ante su imagen—. Pero dime la verdad, ¿qué pasa en esos castigos? —vuelvo a insistir.
—Me hace copiar unas frases —suelta y veo como esconde en su bolsillo una de sus manos.
Sin darle opción agarro esa mano y me la llevo hasta mí para poder ver mejor. Y lo que veo me horroriza. En el dorso de su mano tiene escritas las siguientes palabras: “No debo decir mentiras”.
—¿Y esto? —pregunto agitada.
—No es nada —me suelta la mano y la vuelve a meter en el bolsillo de su chaqueta.
—¿Qué no es nada? —mi enfado sigue en aumento—. ¡Joder, Harry, eso no es nada! ¡Son unas putas palabras escritas haciéndote una cicatriz!
—No es para tanto —dando a entender que no tiene importancia—. Y no vuelvas a decir palabrotas —me regaña.
—¿Quién me lo va a prohibir? ¿Tú? —lo miro rebajando mi enfado.
—Soy tu hermano mayor —me susurra para que nadie más lo oiga.
—Solo por dos minutos —me quejo, porque desde que sabe que soy su hermana pequeña, me saca esos dos minutos en cara cada vez que tiene la oportunidad—. Pero en serio, Harry, esto es un delito. No puede hacerlo —digo preocupada por él.
—No importa. Estoy bien y además ya se ha acabado.
—¿Se lo has dicho a Dumbledore? —pregunto con la esperanza de que al menos lo haya contado a alguien.
—No y tampoco quiero. Me ignora desde este verano, así que es mejor dejar las cosas así. Estará ocupado.
Me quedo en silencio ante sus palabras, porque sé por qué lo hace el profesor. Solo intenta protegerlo de Voldemort, pero entiendo que Harry se sienta solo y abandonada en ese aspecto. Dumbledore es su mentor, su guía.
—Creo que tengo que hablar con Sirius —me susurra para que nadie más nos oiga.
—No puedes ponerlo en peligro, Harry —lo miro preocupada—. Cualquier cosa que le digas lo va a poner nervioso y va a querer salir de la casa. Es mejor que se quede dónde está.
—Necesito contarle lo que está pasado y que me dé su opinión, las cosas están extrañas, Brooke.
—Lo sé, pero…
—Voy a escribirle, me da igual lo que me digas —sentencia.
Asiento con la cabeza derrotada, porque sé que no voy a hacerle cambiar de opinión.