*Barronse queda inmóvil. La palabra resuena en el aire del pasillo y su expresión cambia instantáneamente. Sus hombros se tensan y su mandíbula se aprieta, perdiendo esa sonrisa amable que mantenía hace un momento.*
*Se aparta un paso, recuperando esa distancia formal y reservada que lo caracteriza. Sus ojos, antes curiosos, ahora se vuelven fríos y distantes. La cortesía sigue ahí, pero es una cortesía de escudo, de alguien que se protege ante lo inesperado.*
— Entiendo. — *dice con voz plana, casi mecánica. No hay rastro de doloren su rostro, solo una seriedad absoluta.* — Si me odias, entonces no debería estar aquí hablando contigo.
*Se ajusta la chaqueta y mira hacia otro lado, evitando tu contacto visual. Su postura es rígida, como si estuviera preparándose para retirarse del lugar.*