Loving Me Was Your Crime

capitulo 8

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Narra Helen:

No… definitivamente no era ella. Su hermoso cabello cobrizo había sido reemplazado por unos mechones duros y negros.

—Helen… —dijo con una voz rígida. Su tono dulce ya no estaba. Sus ojos avellana, llenos de tristeza y emociones, también habían desaparecido. En su lugar, solo quedaban dos ojos negros, vacíos.

Todo en ella había cambiado. No… no era que hubiese cambiado. Esa no era Ellie.
Esa cosa no era mi Ellie.
Era solo una copia. Una copia fea y barata.

La figura se levantó lentamente y se acercó a mí con los brazos extendidos, como si quisiera abrazarme. Me aparté instintivamente, y ella cayó al suelo con torpeza. El sonido fue seco, compacto… como si no fuese humana.

Dudo que lo sea… ni siquiera tiene color en la piel, pensé.

No tenía idea de qué era aquella figura. ¿Una criatura? ¿Una chica? Se incorporó con rigidez y se plantó justo frente a mí. Sus ojos recorrieron mi rostro de arriba abajo, como si intentara descifrar quién —o qué— era yo.

—T-tú… tú no eres Helen. Tú no tienes el collar —dijo. Por primera vez desde que apareció, su expresión cambió. Pero era una expresión vacía, muerta. Daba ganas de salir corriendo. Pero no lo hice.

Ella se inclinó levemente hacia adelante y alzó el brazo. Todo en mí me decía que retrocediera… pero me obligué a permanecer en mi lugar.

Primero tomó mi máscara y la retiró con suavidad. Luego, con su otra mano, acarició mi rostro. Su tacto era áspero y frío. Nada que ver con las manos de Ellie, que siempre habían sido suaves… cálidas.

—¿Quién eres? —pregunté, alejándome un poco—. ¿Qué quieres de mí?

—¿No me recuerdas? —dijo con voz apagada—. Soy yo, Ellie. Tu novia.

Sus palabras me golpearon como una patada en el estómago. La empujé sin pensarlo, le arrebaté la máscara de las manos y me la puse de nuevo. Luego di media vuelta y salí corriendo.

Corrí con todas mis fuerzas, directo hacia la casa de Ellie.

Hacia la Ellie.

La que creía que era mi Ellie.

Narra Ellie:

Apenas Helen se fue del cuarto, corrí al armario y me cambié lo más rápido que pude. Después fui directa al baño. Me “maquillé” —si es que ponerse como cinco capas de delineador negro en los ojos cuenta como maquillarse— y me peiné.

Me miré en el espejo. Nada mal.
Sudadera negra, jeans negros con dos cadenas a la izquierda y un pañuelo colgando a la derecha. También llevaba mi gargantilla y mis guantes sin dedos.

Salí del baño en silencio y bajé las escaleras. Eché un vistazo al comedor: Helen estaba de espaldas, tosiendo, y mi madre frente a él, seguramente soltando alguna de sus genialidades incómodas.

Me dirigí a la puerta. Estaba a punto de abrirla cuando recordé:

—Cierto… necesito mi cartera —murmuré, frustrada, y subí de nuevo por esa maldita tarjeta.

Al bajar otra vez, volví a mirar hacia el comedor. Mi madre ya no estaba, pero Helen seguía allí.

Qué lento come… se parece a mí, pensé con una media sonrisa antes de salir.

Tuve que entrecerrar los ojos. Afuera, el sol me golpeó de lleno. Hacía mucho que no salía, y adentro estaba bastante oscuro.

Conforme caminaba hacia el centro, la luz se volvió más cómoda, más familiar. Entonces, alguien gritó mi nombre.

Me giré y vi a dos figuras acercándose. Elena y Jessica.

Mis amigas más cercanas. Mis cómplices. Mis personas favoritas.

Cruzaron la calle corriendo y las tres nos abrazamos tan fuerte que casi nos quedamos sin aire. El perfume a rosas de Elena me envolvió al instante, trayéndome esa mezcla de calma y nostalgia que solo ella podía provocar.

—¿Estás lista para lo del profe? —susurró Jessi con una sonrisa traviesa.

—Sí. Hoy le toca —respondí.

Habíamos planeado vengarnos del profesor de matemáticas. Me bajó la nota solo porque le contesté en clase. Íbamos a salir del colegio, ponernos unas máscaras para no mostrar el rostro, romperle los vidrios del auto y lanzarle algunos huevos.

Infantil, tal vez…
Pero justo.

Era uno de esos planes que se sienten importantes cuando la rabia te arde en el pecho. Y lo eran. Eran momentos que nos hacían sentir vivas, reales.
Como los que viví con Nolan.

Nolan…

Mi ángel, el que ya no está.




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