Lovushka (dinastía de Sangre)

Aylen Grayson

-¡Rápido, finge ser mi novia!

Me puso frente a él. Su rostro cambió de una expresión seria a una llena de emoción, como si hubiera estado enamorado de mí toda la vida.

Sorprendida, le pregunté:

-¿Para qué?

-Ahí viene... actúa.

Comenzó a acariciar mi rostro. Giré la cabeza y vi a una chica hermosa, de figura voluptuosa, acercándose a nosotros con la mirada completamente fija en mí.

Volví a verlo.

-¡Yaaa! -dijo entre dientes.

Así que simplemente lo hice. Le dediqué una sonrisa mientras él sostenía con delicadeza mi mandíbula. Me acerqué un poco más; su altura era demasiado imponente comparada con la mía, pues apenas le llegaba por debajo de los hombros.

Cuando la chica estuvo lo suficientemente cerca, habló con una voz cargada de enojo.

-¿En serio me cambiaste por una plana como esta? -dijo en tono de burla.

No me ofendí, pero él ni siquiera la volteó a ver. Me acerco mucho más a él, hasta sentir su pecho, ya que mis manos quedaron apoyadas sobre él.

Y, de repente, se acercó lo suficiente y me besó...

Ella, llena de enojo, hizo un puchero y dijo:

-¡Esto no se quedará así!

Luego se dio la vuelta y se marchó.

En cuanto el beso terminó, me separé de él rápidamente y, completamente enojada, le reclamé:

-¡¿Cómo se te ocurre besarme?!

Él simplemente sonrió de lado y respondió:

-Solo fue un simple beso.

Lo miré de nuevo, molesta.

-¡Yo no quería que fuera así!

Su expresión cambió a una de burla.

-¿Acaso ese fue tu primer beso?

No respondí. Solo le dirigí una mala cara, me di la vuelta y comencé a alejarme.

En mi cabeza pasaban demasiadas cosas, pero, sobre todo, lo único que sentía era una inmensa furia.

No miré hacia atrás, ya que esa había sido la primera y la última vez que lo vería. Sin embargo, no podía quitarme la furia que sentía. Yo no quería que mi primer beso fuera con un desconocido; quería que fuera especial, pero él lo había arruinado todo.

De tanto pensar en mi enojo, cuando levanté la mirada me di cuenta de que ya estaba frente a la entrada de mi casa. Me sorprendí. No pensé que llegaría tan rápido.

Ya no me quedó de otra que tocar la puerta.

Se me había olvidado llevar mi llave que mi padre me dio.

Cuando la puerta se abrió, lo primero que escuché fue la voz de mi hermano.

-Si no vienes con algo para mí, no te dejaré pasar.

Solté un suspiro de cansancio. No tenía paciencia para soportar sus bromas, mucho menos después de todo lo que acababa de pasar.

Con todas mis fuerzas empujé la puerta un poco más, haciéndolo retroceder unos pasos.

Él me miró indignado y frunció el ceño.

-¿Qué te pasa, Elara? ¿Por qué me avientas?

Lo miré de reojo y seguí caminando.

-Deja de molestar, Maksim. ¿Quieres madurar de una vez?

Él abrió la boca para responder, pero lo interrumpí antes de que pudiera decir una sola palabra.

-Y otra cosa... deja de decirme Elara.

Le dije eso mientras pasaba a su lado, sin detenerme, caminando directamente hacia la enorme cocina de la casa.

Después de pasar por la cocina, llegué a las enormes gradas de nuestra casa... o, mejor dicho, de nuestra mansión. Subí los escalones con calma hasta llegar al segundo piso. A esas alturas, lo único que quería era olvidarme de todo lo que había ocurrido ese día.

Abrí la puerta de mi habitación y, apenas entré, la cerré con llave. Solté un largo suspiro mientras dejaba mi bolso sobre la cama.

En serio necesitaba una buena ducha antes de acostarme o hacer cualquier otra cosa. Caminé hasta el baño de mi habitación y empecé a quitarme parte de la ropa. Justo cuando estaba por abrir la llave de la ducha, mi teléfono comenzó a vibrar.

Como lo había dejado cerca de mí, lo tomé de inmediato y contesté. Era mi mejor amiga.

-¿Aló? -respondí en cuanto contesté la llamada.

-¡Hola, mi Aylen bella!

No pude evitar reírme al escucharla.

-¿Qué quieres? -pregunté entre risas.

-Oye, ¿puedo llegar dentro de un rato a tu casa? Es que quiero hacer una pijamada.

Sonreí de inmediato. Sienna siempre llegaba con alguna ocurrencia, y la verdad, me vendría bien distraerme un poco.

-Sí, dale -respondí-. Sabes que mi casa es tu casa.

-¡Sabía que dirías que sí!

-Solo déjame bañarme. Además, tengo algo que contarte de lo que me pasó hoy.

-¡Uf, eso me gusta! Voy para allá.

-Okey, aquí te espero.

La llamada terminó y guardé el teléfono. Sin pensarlo mucho, terminé de quitarme la ropa que aún llevaba puesta y, por fin, entré a la ducha.

Mientras me duchaba, la imagen de aquel beso y de ese hombre no dejaban de aparecer en mi cabeza. Por más que intentaba concentrarme en otra cosa, era imposible.

-¡Ojalá nunca vuelva a verlo! -dije en voz alta, dejando escapar un suspiro de frustración.

Para dejar de pensar en eso, abrí un poco más la llave del agua fría. El cambio de temperatura hizo que despejara mi mente poco a poco y, gracias a eso, logré dejar aquellos pensamientos a un lado hasta terminar de ducharme.

Salí de la bañera, tomé una toalla y me sequé con tranquilidad. Después me dirigí al armario de mi habitación y busqué la ropa más cómoda que encontré. Una vez vestida, tomé mi celular.

Mientras me secaba el cabello con una toalla y sostenía el teléfono con la otra mano, caminé de regreso hacia mi habitación con la intención de acostarme un rato. Al desbloquear la pantalla, vi un mensaje de Sienna.

Sienna: Ya voy para tu casa.

Sonreí levemente y seguí revisando las notificaciones. Justo debajo había otro mensaje, esta vez de mi padre.

Papá: Más noche quiero hablar contigo. No te preocupes, no es nada malo.

Sin pensarlo demasiado, le respondí con una manita de aprobación y salí de la conversación para entrar a Instagram.

Me senté sobre mi cama y comencé a ver las historias que habían subido mis amigos.




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