Lovushka (dinastía de Sangre)

Familia Lovushka

Mensaje de Hermanote:

Hermana, perdón por lo que voy a decirte, pero la familia puso como condición que tengas solo uno o dos meses para elegir a uno de sus hijos. De lo contrario, el contrato no se firmará. Esa es la única regla, hermanita...

Me arrepentí de haber abierto ese mensaje. Sin embargo, esta vez sabía que tenía que responderle.

Yo: Está bien, Adair, pero diles que uno o dos meses no son suficientes para enamorarse de alguien. Pídeles que nos den por lo menos cuatro o cinco meses... seis como máximo.

Envié el mensaje y dejé el celular sobre mis piernas mientras esperaba su respuesta.

Sienna, que seguía concentrada haciéndome un peinado que estaba quedando realmente bonito, rompió el silencio.

-Yo creo que deberías elegir a uno durante el primer mes. Así, los demás meses serían solo para conocerlo mejor y ver si de verdad es el indicado para ti.

Me quedé pensando en sus palabras. Tal vez tenía algo de razón, aunque la idea de tener que escoger a alguien en tan poco tiempo seguía sin convencerme.

Justo en ese momento, mi teléfono volvió a sonar.

Hermanote: Esta noche se lo diremos. Si la señora dice que no, tendrás que hacerlo en dos meses. Pero, si acepta, ojalá elija darte al menos seis. Créeme, ni yo quisiera que te fueras de la casa tan pronto.

Al terminar de leer el mensaje, una pequeña sonrisa apareció en mi rostro.

Yo: Okey. Entonces nos vemos dentro de un rato.

Apagué la pantalla del celular y lo dejé sobre la mesita que estaba junto a mi cama.

En ese momento, Sienna dio un paso hacia atrás para admirar el peinado que acababa de terminar. Sin darme cuenta, ya eran las cuatro de la tarde. Había dedicado mucho tiempo a cada detalle y el resultado hablaba por sí solo.

Sonrió con satisfacción.

-Amiga... quedaste preciosa. El peinado es hermoso, pero no le gana a tu rostro. Además, el maquillaje quedó tan natural que resalta todavía más lo bonita que eres.

No pude evitar sonreír. Escuchar esas palabras de mi mejor amiga hizo que, por un momento, olvidara toda la presión de aquella cena.

-Gracias, Sienna. ¿Qué haría sin ti?

Ella soltó una pequeña risa.

-Probablemente seguirías en pijama.

Las dos reímos.

-Ahora sí -dijo mientras daba una palmada-. Vamos a buscar en ese enorme armario un vestido precioso. Estoy segura de que hoy vamos a encontrar el indicado.

Buscamos vestidos, reímos y bromeamos sin parar. Por unas horas, logré olvidarme por completo de la cena y de todo lo que estaba por venir. Era como si el tiempo se hubiera detenido, aunque, en el fondo, sentía que después de ese divertido día sería difícil volver a tener otro igual.

Sin darme cuenta, los minutos pasaron volando.

De pronto, una de las sirvientas de mi hermano mayor se acercó a la habitación y tocó suavemente la puerta antes de entrar.

-Señorita Aylen, su padre y sus hermanos ya están listos abajo. En cinco minutos llegarán nuestros invitados.

Sienna y yo dejamos de reír inmediatamente y nos miramos por unos segundos.

Después volví la vista hacia la sirvienta.

-Por favor, diles que ya bajo.

Ella hizo una pequeña reverencia.

-Sí, señorita.

Luego se dio la vuelta y salió de la habitación.

Respiré hondo. Me acerqué a Sienna y la abracé con fuerza.

Ella correspondió al abrazo y, antes de soltarme, me sonrió.

-Suerte.

Le devolví una pequeña sonrisa y salí de mi habitación.

Recorrí una parte del pasillo que conducía a las enormes gradas de la mansión y comencé a bajar con calma.

Llevaba un vestido azul que llegaba un poco más abajo de las rodillas. El color hacía resaltar el tono claro de mi piel y se ajustaba perfectamente a mi figura sin dejar de verse elegante.

Al llegar al último escalón, vi que mi padre y mis hermanos ya estaban esperando frente a la enorme puerta principal.

Adair fue el primero en darse cuenta de que había bajado. Después, las miradas de mi padre y de Maksim también se dirigieron hacia mí.

Mi padre sonrió con orgullo.

-Qué linda te ves, hija.

Por un instante, me pareció ver una expresión diferente en el rostro de Adair. Era como si, por fin, una pequeña sonrisa de satisfacción hubiera logrado aparecer en él.

Maksim, en cambio, seguía siendo el mismo de siempre.

Sin decir nada, me coloqué detrás de ellos y permanecí en silencio, esperando la llegada de aquella importante familia.

No había pasado ni un minuto cuando, de repente, las enormes puertas principales se abrieron.

Al otro lado se encontraban un hombre y una mujer de porte elegante. Su sola presencia transmitía autoridad, como si estuvieran acostumbrados a ser recibidos con respeto en cualquier lugar al que llegaran.

Toda mi familia hizo una pequeña reverencia, y yo los imité de inmediato.

La mujer fue la primera en romper el silencio. Dibujó una sonrisa amable antes de hablar.

-Mucho gusto, familia Grayson. Nosotros somos la familia Lovushka.

Con delicadeza, tomó el brazo del hombre que estaba a su lado.

-Él es mi esposo, Ryker Lovushka.

Después llevó una mano hacia su pecho.

-Y yo soy Leilani Lovushka.

Hizo una breve pausa antes de continuar.

-Detrás de nosotros vienen nuestros tres hijos. Ellos mismos se presentarán uno por uno cuando entremos.

Mientras hablaba, no pude evitar dirigir mi mirada hacia el espacio que quedaba detrás de ellos, esperando conocer, por fin, a los tres hombres de los que tanto había escuchado.

Una vez que cruzaron la puerta, comenzaron a saludarnos uno por uno.

El primero en dar un paso al frente fue mi padre.

Con una sonrisa cordial, extendió la mano hacia el señor Lovushka.

-Mucho gusto. Mi nombre es Chrisander Grayson. Es un honor recibirlos en nuestra casa.




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