Aylen...
Aylen...
-¡AYLEN!
-¡Ah! ¿Qué...? ¿Qué pasó?
Abrí los ojos de golpe y me incorporé apenas unos centímetros de la cama, todavía completamente adormecida.
Sienna soltó una pequeña risa mientras terminaba de acomodar las cosas dentro de su cartera.
-Ya es tarde, dormilona. Levántate, alístate y vámonos a la ciudad.
Fruncí el ceño todavía confundida.
-¿Qué...? ¿Qué hora es?
-Son las once, Aylen. Si seguimos perdiendo el tiempo, no vamos a alcanzar a hacer todo lo que teníamos planeado.
Me froté los ojos varias veces.
No podía creer que hubiera dormido tanto.
Después de unos segundos, logré sentarme en la cama mientras trataba de despertar por completo.
Sienna seguía organizando su cartera. Revisaba que llevara todo lo necesario: su dinero, el celular y algunas otras cosas que, según ella, nunca podían faltar cuando salíamos juntas.
Yo, en cambio, tomé mi teléfono antes de hacer cualquier otra cosa.
Lo desbloqueé y revisé rápidamente las notificaciones.
No tenía nada fuera de lo normal... hasta que vi un mensaje en Instagram.
Entré por curiosidad.
Era Rowan, uno de mis mejores amigos.
RoWaN.DX1
"Hola, ¿qué tal, Elara? Hace días no te veo muy conectada en tus redes. ¿Todo bien?"
Sonreí sin darme cuenta.
Rowan siempre había sido así. Aunque pasaran varios días sin hablar, nunca dejaba de preocuparse por mí.
Comencé a responderle.
"¡Holiwis, Wan!" -el apodo que yo misma le había puesto desde hacía años-. "Primero, sabes perfectamente que odio que me digan Elara. Segundo, sí, estoy muy bien. Y tercero, hoy saldré a la ciudad con Sienna. Por cierto... ¿ya regresaste de Argentina?"
En cuanto envié el mensaje, bloqueé el celular y lo dejé sobre mi cama.
Después me puse de pie, estiré los brazos por encima de mi cabeza y dejé escapar un largo bostezo.
Sin pensarlo demasiado, caminé hacia el baño para comenzar a arreglarme.
Me lavé el rostro con agua fría y, al pasar una mano por mi cabello, noté que todavía seguía un poco húmedo desde la ducha de anoche... o mejor dicho, de esta madrugada.
En ese momento, mi celular volvió a sonar.
No tuve que revisar para saber quién era.
Seguramente era Rowan.
Tomé el teléfono y, en efecto, había respondido mi mensaje.
Wan: Jajaja, yo sé que odias que te digan así. ¿Por qué crees que lo hago? Jsjs. Ah, y sí, justo antier regresé de Argentina. Gracias por preguntar.
Negué con la cabeza mientras sonreía.
Era imposible enojarme con él.
Comencé a escribirle.
Yo: Ash, bueno. Oye, quería preguntarte si hoy quieres cenar con nosotras, Sienna y yo. Así nos vemos en nuestro restaurante favorito.
Enviar.
Desde que éramos muy pequeños, Rowan, Sienna y yo habíamos sido inseparables.
Los tres crecimos juntos, compartiendo casi todos los momentos importantes de nuestras vidas.
Y, aunque mis hermanos siempre me habían cuidado, Rowan era incluso más sobreprotector que ellos.
Dejé el celular sobre el tocador y comencé a cepillarme el cabello.
Fue entonces cuando recordé algo.
Todavía no le había contado que muy pronto tendría que casarme.
Suspiré para mis adentros.
Bueno... será mejor decírselo cuando nos veamos en persona.
Con ese pensamiento, terminé de hacerme un peinado sencillo y me senté frente al tocador para comenzar a maquillarme.
Justo cuando iba a tomar una de mis brochas, el celular volvió a vibrar.
Wan: Me encanta la idea. ¿Como siempre, a las ocho?
Una pequeña sonrisa apareció en mi rostro.
Yo: Sí, sí. Como siempre, Wan.
Enviar.
Dejé nuevamente el teléfono sobre el tocador y, esta vez sí, comencé a maquillarme con tranquilidad, mientras Sienna seguía alistándose para nuestra salida.
Terminé de maquillarme y sonreí al verme en el espejo.
Ya estaba completamente lista.
Como siempre, vestirme no me tomó mucho tiempo. Elegí uno de mis shorts favoritos, una camisa oversize blanca que me encantaba y mis botas preferidas. Combiné todo con mi cartera y mis accesorios favoritos. Mi cabello, que llegaba hasta la cintura, llevaba un peinado sencillo, pero bonito.
Me di un último vistazo en el espejo y salí de la habitación.
Sienna seguía frente al espejo, aplicándose un poco de gloss en los labios.
La miré con una enorme sonrisa.
-¡Amiga, ya estoy lista! Yyyyy... adivina quién regresó de Argentina.
Ella abrió los ojos de inmediato.
-¡¿Quéee?! ¿¡Ya regresó Wan!?
No pude evitar reír.
-¡Sí! Y le dije que nos viéramos en nuestro restaurante favorito, el de toda la vida. Quedamos a las ocho, como siempre.
Sienna dio un pequeño saltito de emoción.
-¡Uff, Aylen! Me encanta la idea. Vamos de una vez, que tenemos muchísimas cosas por hacer.
Sin esperar mi respuesta, me tomó del brazo y prácticamente me arrastró fuera de la habitación.
Las dos comenzamos a bajar las enormes gradas de la mansión entre risas, hasta llegar a la entrada principal.
Justo cuando estábamos a punto de salir, la puerta se abrió.
Era Adair.
Al vernos, arqueó ligeramente una ceja, sorprendido de encontrarnos listas para salir.
Aun así, mantuvo su expresión tranquila.
Me miró directamente y dijo con el tono serio que siempre lo caracterizaba:
-No se te ocurra regresar a las once, Aylen. Quiero que estés en casa mucho antes.
Asentí con la cabeza.
-Está bien.
Sin decir nada más, Adair entró a la mansión.
En cuanto pasó de largo, Sienna y yo volvimos a sonreír.
Las dos caminamos hasta el auto que ya nos esperaba afuera, donde nuestro mayordomo se encontraba listo para llevarnos a la ciudad.