Abrí los ojos lentamente cuando los primeros rayos del sol atravesaron las cortinas de mi habitación.
Por un momento me quedé mirando el techo, intentando recordar qué día era.
De repente, todo volvió a mi mente.
Hoy saldría con Harl.
No sabía exactamente por qué, pero esta vez sentía unos nervios completamente distintos a los que había sentido cuando salí con Einar. Tal vez era porque Harl era mucho más serio, o porque durante la cena casi no habíamos hablado. En realidad, no sabía qué esperar de él.
Me senté sobre la cama y estiré los brazos mientras soltaba un pequeño bostezo.
-Bueno... será un buen día.
Sin pensarlo demasiado, me levanté y abrí las enormes cortinas de mi habitación. La luz iluminó todo el cuarto y dejó ver el inmenso jardín de la mansión Grayson.
Tomé una ducha relajante para despejarme por completo.
Mientras el agua caía sobre mi cabello, mi mente imaginaba cientos de escenarios diferentes sobre cómo sería aquella salida.
Negué con la cabeza y sonreí.
-Aylen, deja de imaginar cosas.
Después de unos minutos terminé de bañarme.
Me envolví en una toalla y caminé hasta el enorme vestidor.
Abrí las puertas del armario y observé toda mi ropa.
Esta vez me tardé mucho más de lo normal.
Sacaba una blusa, la volvía a guardar.
Probaba un pantalón, luego otro.
Incluso cambié de zapatos dos veces.
Era extraño.
Normalmente me vestía en menos de diez minutos, pero aquella mañana parecía que nada terminaba de convencerme.
Finalmente escogí un outfit que me hacía sentir cómoda y que, sobre todo, reflejaba mi personalidad.
No quería aparentar ser alguien diferente.
Si alguno de los Lovushka llegaba a enamorarse de mí, quería que fuera de la verdadera Aylen.
Terminé de arreglar mi cabello con un peinado sencillo y me senté frente al tocador.
Esta vez también me tomé más tiempo con el maquillaje.
Nada exagerado.
Solo lo suficiente para resaltar mis facciones de manera natural.
Cuando terminé, me observé unos segundos en el espejo.
-Creo que así está bien.
Tomé mi perfume favorito y rocié un poco sobre mi cuello y mis muñecas.
Después agarré mi bolso, revisé que llevara el celular, la cartera y las llaves, y salí de la habitación.
La mansión estaba sorprendentemente tranquila.
Al bajar las escaleras saludé a algunos empleados que acomodaban los últimos detalles de la casa.
Mi padre y mis hermanos no se encontraban por ningún lado, seguramente ya estaban ocupados con asuntos de la empresa.
Eso facilitó un poco las cosas.
Salí por la enorme puerta principal y el aire fresco de la tarde acarició mi rostro.
No tuve que esperar demasiado.
A los pocos minutos un automóvil elegante dobló por la entrada principal de la mansión.
Sin embargo, apenas lo vi, noté que era diferente al que me había llevado el día anterior.
Incluso el chófer era otra persona.
El hombre estacionó el vehículo frente a mí y descendió rápidamente para abrirme la puerta.
-Buenas tardes, señorita Aylen.
-Buenas tardes.
-He venido por usted.
Asentí con una sonrisa educada.
Subí al automóvil y el chófer cerró la puerta con cuidado antes de ocupar nuevamente su asiento.
El vehículo comenzó a avanzar con total suavidad.
Durante el trayecto observé el paisaje por la ventana.
Los edificios, las avenidas y las personas caminando hacían que la ciudad se sintiera llena de vida.
Por un momento pensé en sacar el celular, pero preferí disfrutar el camino.
Tenía curiosidad por saber cuál sería el destino de aquella salida.
Después de varios minutos de recorrido, el automóvil disminuyó la velocidad.
Miré hacia el frente.
Mis ojos recorrieron el enorme edificio iluminado que tenía delante.
Parpadeé sorprendida.
Un cine.
No pude evitar sonreír con curiosidad.
Definitivamente... ese no era el lugar que había imaginado.
Me bajé del automóvil y acomodé mi bolso sobre el hombro.
El chófer descendió unos segundos después para abrirme completamente la puerta.
-Que tenga una excelente tarde, señorita Aylen.
Le sonreí con educación.
-Muchas gracias.
Él hizo una pequeña reverencia antes de volver a subir al vehículo. El automóvil arrancó lentamente hasta desaparecer entre el tráfico de la ciudad.
Respiré hondo.
Miré hacia ambos lados buscando a Harl.
No tardé mucho en encontrarlo.
A unos metros de donde yo estaba, un Lamborghini de color azul con negro, tan brillante que parecía recién salido de la fábrica, acababa de estacionarse frente a la entrada del cine.
Las puertas del automóvil se abrieron.
De él descendió Harl.
Vestía completamente de negro, con un reloj plateado que resaltaba discretamente sobre su muñeca. Como siempre, su postura era impecable y su expresión permanecía completamente seria, transmitiendo una presencia difícil de ignorar.
Por un instante nuestras miradas se encontraron.
Él cerró la puerta del automóvil y caminó directamente hacia mí con pasos tranquilos y seguros.
Yo hice una pequeña reverencia, tal como nos habíamos saludado la primera vez.
-Buenas tardes.
Harl respondió exactamente de la misma manera.
-Buenas tardes, señorita Aylen.
Durante unos segundos ninguno dijo nada.
Después, con el mismo tono sereno de siempre, habló.
-Aylen... entremos.
No dijo nada más.
Me sorprendió un poco lo directo que era.
Ni siquiera un "¿cómo estás?" o un comentario sobre el clima.
Solo...
"Entremos."
Por un momento pensé que aquella salida sería bastante incómoda.
Sin embargo, recordé las palabras de Sienna.
"No juzgues tan rápido. Conócelos bien antes de tomar una decisión."
Así que simplemente asentí con una pequeña sonrisa.