Loyalty

1. Familiar Volkov

Leila

Mi pelo negro me caía por el rostro. Aún que era corto me molestaba.

Levanté mi cabeza apartando mi vista del examen.

Llevé el bolígrafo a mis labios pensando la respuesta.

Fruncí mi ceño y escribí una respuesta.

Era uno de mis exámenes finales de mi carrera de psicología.

Debería haber estudiado contabilidad como mi padre y mi hermano Caleb me pidieron, pero nunca me llamó la atención el mundo empresarial.

Por obligación aprendí unas cuántas cosas. Bastantes.

Caleb me tuvo como su secretaria los meses de verano para que ganase algo de dinero.

Con algo quiero decir mucho dinero.

Llegué a la conclusión de que me pagaba de más y me tenía allí para que aprendiese. Sé que quiere que me una a la empresa familiar, pero no tengo ninguna intención de hacerlo.

Siempre me interesó mas la psicología.

Ayudar a las personas para que su salud mental este bien.

Sería un logro para mí llegar a hacer eso.

Entregué mi examen después de escribir dos respuestas más. Sonreí a mi tutor y salí del aula.

Iba a pasar por mi apartamento para cambiarme e iría a la casa de mis padres. Hoy había reunión familiar y no podía faltar por orden estricta de mi madre.

Abrí la puerta de mi apartamento y vi la cabellera pelirroja de mi compañera de piso y mejor amiga Celia.

Estaba buscando algo como una loca.

—¿Qué buscas?—Pregunté con curiosidad mientras fruncía ligeramente mi ceño.

Sus ojos verdes se fijaron en mi. Esta sorprendida. Seguro no escuchó la puerta abrirse.

—Joder. No sabía que estabas aquí ya.—Dijo mientras se llevaba una mano al pecho.—Busco mis llaves. No sé donde las habré metido.

—¿Has mirado en tu chaqueta verde? Ayer llevabas esa cuando saliste.

Su color favorito es el verde. Dice que combina con sus ojos.

Se le iluminó el rostro como si se fuera acordado de algo y fue corriendo hacia su cuarto. Sabía que había dado en el clavo en cuanto a donde estaban.

Fui hacia mi cuarto al no volver a escuchar la voz de mi compañera.

Me puse un vestido negro y corto. Llegaba por mis muslos, por eso debajo de la falda del vestido había cosido un pantalón.

Me maquille un poco y salí de mi cuarto.

Celia estaba arreglada. Seguro iría a tomar algo con nuestros amigos.

—¿Reunión familiar?—Preguntó en cuanto me vió.

—Si. No me apetece ir, pero me han obligado.—Hice una mueca de disgusto.

—¿Va el amigo de tu hermano?—Hizo una pausa. Estaba pensando algo.—¿Como se llamaba?¿Ric?

—Alaric.-Le corregí.—Y si, va a la reunión. Mis padres dicen que es como de la familia así que tampoco puede faltar.

Cuando era niña le solía llamar Ric.

Decía que me casaría con él, pero en esa época me trataba como una princesa.

Estuvimos un tiempo saliendo cuando yo tenía 18.

2 años para ser mas concreta.

Después de que lo dejamos por su obsesión con el trabajo, empezó a tratarme con frialdad como si fuera puesto un muro entre de los dos.

—Llévame contigo.—Dijo de repente.

Celia había visto a Alaric un par de veces.

Aiden lo traía con él cuando venía a verme a mi apartamento.

Sé que Alaric es muy guapo.

Era el tipo de Celia.

¿Y de quién no?

Es un hombre musculoso. Le gusta trabajar su cuerpo, pero nunca le ha gustado tener unos músculos exagerados.

Su pelo rubio siempre peinado y sus ojos azul oscuro hacían que fuera más atractivo.

Casi siempre iba en traje. Era raro verlo con un chándal. Solo cuando iba al gimnasio.

El muy cabrón sabe que se ve demasiado bien en traje.

—¿Estas loca? Te aseguro que no querrías estar en una misma habitación con él.

—¿Tienes ojos, Leila?—Preguntó. Claro que tengo ojos. Sé que Alaric es sexy.—Ese hombre es un papi.

—Pero es la persona menos amable del planeta.—Respondí.

—Eso no importa cuando solo es sexo.

La miré incrédula y alce una de mis cejas.

—Definitivamente estas loca.

Me dí media vuelta y caminé hacia la puerta. No pensaba seguir con la conversación.

—Después nos vemos, Celia.—Me despedi mientras abría la puerta.

—Leila, noooo. Llévame, por favor.

No le hice caso a su súplica y salí del departamento.

Ni de coña la llevaría. Alaric la incomodaría.

Saqué las llaves de mi Bugatti La Voiture Noire. Un regalo de mi padre cuando me saque el carnet a los 19.

Arranqué una vez que estuve subida y conducí hasta el humilde hogar de mis padres.

Mis padres tenían una mansión en las afueras de la ciudad. No estaba muy lejos, pero eran unos 20 minutos de camino.

Se hacian eternos, por eso siempre iba más rápido para tardar menos en llegar.

Aparqué en la entrada justo al lado del Rolls‐Royce de Caleb.

Me prepare mentalmente antes de entrar. Me iban a acosar con preguntas y eso me agobiaba.

La puerta se abrió y en mi campo de visión apareció mi madre. Su cabellera marrón claro bien peinado en unas hondas. Sus brillosos ojos verdes me miraban con amor mientras llegaba a la puerta.

Sus labios pintados de rojo estaban decorados con una sonrisa.

—Mi pequeña Lei. Por fin has decidido venir a una reunión.—Dijo contenta mientras me abrazaba.

—Claro, mamá. Como si no me fueras obligado.

—Querida si no te obligaba, fueses vuelto a rechazar mi invitación.—Se defendió. Aprovechó para enredar su brazo con el mío para tirar de mí y guiarme hacia en salón.

—Tengo muchos motivos para rechazar tu invitación.

En mi campo de visión aparecieron tres hombres fuertes con el mismo color de pelo que mi madre. Mis hermanos.

Caleb, Aiden y Dean.

—Mira quién se ha dignado ha aparecer.—Habló Caleb en cuanto me vió y eso llamó la atención de mis otros dos hermanos.

Me miraron con felicidad. Llevaba un tiempo sin aparecer por aquí.

—¡Lei!—Dijo Aiden emocionado mientras se acercaba para abrazarme.



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En el texto hay: humor, mafia, amor

Editado: 13.04.2026

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