Habían pasado un par de días.
La novia de Alaric no me ponía las cosas fáciles.
Era más su recadera que una aprendiz y eso me fastidiaba, pero no podía quejarme si quería aprobar mis prácticas.
Se lo había contado a mis hermanos.
Caleb estaba hecho una furia cuando se lo conté. Dijo que hablaría con Maléfica para ponerla en su lugar.
Eso no era nada bueno.
Desde pequeña Caleb y yo habíamos estado muy unidos. Aparte de que teníamos personalidades muy parecidas, congeniamos demasiado bien. Él dice que yo soy una pantera y él el león.
Estaba en la oficina de Caleb. Aiden también estaba.
Dijeron que tenía que venir porque era una reunión importante y tenía que estar al tanto.
—¿Papá sabe sobre esto?—Preguntó Aiden y les presté atención.
—Claro que lo sabe. Pero puede ser que no le haya dicho que puede que la ruta normal cambie.—Caleb hablaba algo nervioso, pero su expresión era seria.—Le pondría de los nervios decirle que la mercancía no va a llegar a tiempo.
—Los Lee están impacientes.
—Lo sé. Intentaré arreglarlo, pero no creo que pueda hacer mucho.
—¿De qué mercancía habláis?—Pregunté con confusión.
Ellos se miraron entre sí. Caleb se encogió de hombros y Aiden suspiró.
—Ya sabes. La mercancía de todas las semanas. Armas y...—Caleb hizo una pausa mientras me miraba evaluándome.
—Sé que también son drogas. No soy tan idiota para pensar que solo traficais con armas.
—Habla más bajo.—Me regañó.
—Puedo ocuparme yo, si quieres.—Ignoré su regaño.
—¿Estas preparada para entrar al negocio familiar?—Preguntó Aiden con curiosidad.—Ya sabes. Lo digo porque estás lidiando con tus prácticas y tu nunca has indagado mucho sobre nuestras ilegalidades.
—¿Estas segura?—Caleb no estaba para nada convencido de esto y su tono lo delataba.
—Os dije hace unos cuántos de años que os quería ayudar y me ignorasteis. Tarde o temprano tendría que entrar. Lo estabais retrasando.
—Tenías quince años.—Respondió Caleb.
—Aiden empezó a diez.
—Pero sabes como son las tradiciones de la familia.—Se defendió Aiden.— No es bien visto que las mujeres Volkov participen en estas cosas.
—Papá nos matará si se entera que te hemos dejado entrar en el mundillo.—Siguió Caleb.
—Una tradición de hace como mil años.—Me crucé de brazos a la defensiva.—No soy una cría para saber donde me meto. Es mejor que este al tanto a que no sepa nada y un día puedan meterme un tiro por la espalda.
—Papá nos va a matar.—Caleb pasó sus manos por su rostro.
—Tienes que ir a Corea y hablar con el señor Lee. Intenta que no se tome muy mal que su cargamento vaya a retrasarse y vuelve con vida y sin un rasguño. Si papá no nos mata, lo hará Ric.—Habló Aiden.
—¿Ric? Ni que yo le importara.—Dije con algo de molestia.
—Que le den a Müller. Me ha robado a mi hermana y encima solo es una asistente de una egocéntrica. Podrías haber sido psicóloga aquí.—El tono de Caleb era de indignación. Se cruzó de brazos y me recordó a un niño con una pataleta porque no le daban lo que quería.
—No la llames egocéntrica. Es la novia de Ric.—Le regañó Aid.
—Es egocéntrica.—Le di la razón a mi hermano mayor.
—Es la novia de mi mejor amigo.
—La novia de tu estúpido amigo esta haciendo esclava a nuestra hermana.
—Solo le esta enseñando.
—Pues no estoy aprendiendo nada.—Contesté.
—¿Podemos dejar de hablar de ella?
—No es mi culpa que tenga problemas de superioridad. Es una bruja. Puede irse a la mie...—Caleb se quedó a mitad de terminar su frase.
La puerta del despacho de Caleb se abrió y Alaric entró.
Es increíble la capacidad de este hombre de aparecer en todos los putos sitios.
—¿Quién lo ha dejado pasar?—Elevó su tono de voz para que su secretaria lo escuchara.—¡Dije explícitamente que no dejaráis pasar a este idiota!¡Y menos a su novia con problemas de...
—Caleb.—Le detuvo Aiden en un tono autoritario.
—¿Quién se puede ir a la mierda?—Preguntó Alaric dando a entender que escuchó una parte de la conversación.
—Tu novia y tu. Sobre todo tu novia.—Contestó Caleb sin vergüenza alguna.
Justo en ese momento entro Vivían.
La que faltaba.
Mi cuerpo se tensó y la cara de Caleb era un poema.
—¡Queen llama a seguridad!¿Por qué dejas entrar a Maléfica?—Se levantó de su asiento, pero Aiden lo obligó a volverse a sentar.—Ni mi propio hermano me respeta. Así normal que ni mi secretaria me haga caso.—Su tono era de puro disgusto.—¿Que queréis Griselda y Thanos?
—Deja de comportarte como un crío de cinco años al que le quitan su paleta.—Aiden estaba a su lado agarrando su hombro para que no se levantara de su asiento.
—Nos invanden, Aiden. Son secuaces de Voldemort.
Aguante la risa arrugando mis labios.
Caleb sacaba los dientes cuando sentía que alguien podría incomodarme o molestarme.
—Yo les dije que vinieran.
—¡Alta traición!—Exclamó haciéndose el ofendido.—No me esperaba esto de ti,hermano.
—¿Podemos dejar el drama?—Dijo con impaciencia Alaric y se pasó una mano por su pelo,desordenándolo,en señal de molestia.
—Ya sé porque la princesita es tan consentida.—Murmuró Vivían, pero fue lo suficientemente alto para que todos la escucharan.
—¡Seguridad! ¡Cruella de Vil se ha colado en mi despacho! ¡Sacadla!—Caleb empezó a gritar como un loco. Se había cabreado.—¡Queen!¡Llama a seguridad o a la policía! Cruella necesita que la ubiquen y la bajen de esa nube de superioridad en la que vive. Piensa que se puede comparar con una Volkov.
—Caleb, esta bien. Relájate.—Dije en un tono suave para que se calmara.
—¿Qué?—Contestó con incredulidad.—No. ¿Quién se cree la pelirroja para venir a mi despacho con ese ego?Está hablando con los Volkov. Un respeto, joder. Aparte,¿cuántos años tienes?¿Cuarenta?No sabía que tenías una sugar mommy, Müller. Aún que para ser una tiene que tener dinero y por las arrugas que tiene por toda su horrible cara, sé que es más pobre que...
Editado: 17.06.2026