Hace cuatro años
Ric y yo estábamos en la fuente dónde siempre escapábamos cuando la gente de las fiestas de mi padre nos agobiaban.
Las preguntas de un compromiso, de futuros hijos, del futuro de Alaric en la empresa Volkov...
—Tu padre me ha ofrecido un puesto como director de recursos humanos.—Soltó de repente.
Mi mirada se clavó en él, pero la suya estaba fija en el agua de la fuente.
Siempre que habíamos sacado el tema, Alaric decía que no veía un futuro en Volkov United. Prefería seguir en su empresa hasta llegar a ser el CEO. Su padre ya mismo se retiraría.
Por la forma en que no me mira, asumo que esta replanteándose la propuesta.
—La rechazaste,¿no?—Pregunté con curiosidad.
—Le dije que me lo pensaría.—Respondió con tranquilidad.
—¿Que lo pensarías? Pero si tú siempre dices que quieres seguir en la empresa de tu padre.
—Esto es una oportunidad para los dos, mein hase.
—Es una oportunidad para ti, Ric.—Refuté.
—Hase, escúchame.—El tono de su voz salió suave, su acento alemán se hizo presente al pronunciar el apodo que tenía para mí. Su mirada se clavó en la mía. Se acercó y envolvió mis mejillas con sus manos.—Te amo. Siempre te quejas de que no pasamos suficiente tiempo juntos y esta es la oportunidad para que tengamos tiempo para los dos. Tu y yo. Podré salir antes con la excusa de verte, porque sabemos que tu padre no pondrá ninguna objeción. Dimitri es así contigo, hase.
—Tú no quieres esto, záichik.
—Amo que me digas así, mein hase.—su voz salió en un susurro. Su nariz rozó con la mía en una caricia.— Sabes que no puedo decirte que no cuando me llamas así.
—Pues dile que no, záichik.—Le supliqué.
Sabía que él no quería ser un director cualquiera.
—Leila.—Hizo una pausa.—No quiero separarnos por falta de tiempo. No cuando eres mi adoración. Prométeme que si no acepto y no tengo tiempo para ti, nunca me dejarás. No soportaría perderte por esa estupidez, porque si fuera por mí pasaría todos mis días, los minutos, los segundos, contigo.
—Te lo prometo, Ric.—Susurré.
Jodida mentirosa.
Fui una puta mentirosa.
Me acobardé el primer minuto que dejó de contestar mis mensajes y lo hacía a la noche, cuando no cogía mis llamadas o cuando estaba demasiado cansado que solo podía verme cinco minutos.
No supe aprovechar esos jodidos cinco minutos. Él lo intentaba, pero mis inseguridades crecían sin parar.
Como la vez que su secretaria lo coqueteó.
Seis meses después
Estaba llegando a la planta donde esta el despacho de Alaric. No tenía reunión hasta dentro de una hora, así que quería aprovechar su rato libre para llevarle algo de comer.
Bajé del ascensor con una sonrisa, la cuál se fue borrando poco a poco al ver la escena.
Su secretaria, la que no recuerdo el nombre y mejor que no recuerde, estaba sentada encima de su mesa y hablaba con él muy animadamente.
Casi, por muy poco, reventé la puerta de cristal. La abrí bruscamente.
Miraba a la chica con una ceja alzada. Parecía curiosa, aun que estaba cabreada.
Alaric escuchó el estruendo de la puerta y sonrió al verme, pero la sonrisa le duró poco al ver mi cara.
—Lei.—Dijo intentando llamar mi atención.
Mis ojos seguían en la rubia oxigenada enfrente de mí. Me cruce de brazos y ladee mi cabeza.
—¿Te pagan por estar aquí sentada hablando con tu jefe como si no fuera tu jefe?—Le pregunté con un tono afilado y después miré a Alaric.—¿Por eso nunca me coges las llamadas?¿Por qué esta rubia sin cerebro te tiene ocupado con sus charlas sin sentido o qué? —Hice una pausa para que hablara, pero no lo hizo. Mi tono subió.—¡Responde, Müller!
—Solo estábamos hablando, hase.—Respondió con tranquilidad.
No sé cómo podía estar tan tranquilo cuando yo iba a estallar.
—Hablando.—Repetí con falsa calma y al segundo estalle.—¡¿Y por qué cojones está ella sentada en tu mesa mientras habláis?!¡¿Te la vas a follar?! PUES FOLLATELA A GUSTO, MERZÁVETS.
Mi acento ruso se hizo presente. Porque eso pasaba cuando estaba enfadada.
Tiré el tupper con comida al suelo. Era de cristal, así que reventó en pedacitos.
Venía de mi madre eso de montar escenas.
Todos sacamos ese lado dramático suyo.
Me dí media vuelta y salí con la cabeza bien alta. Porque papá siempre decía que aun que nos estemos muriendo por dentro, siempre tenemos que tener la cabeza en alto.
—Leila.—Me llamó con autoridad, pero no me giré. Porque estaba muy equivocado si creía que iba a seguir sus órdenes.—Leila, para.
Atrapó mi muñeca y me atrajo a él. Choqué con su pecho y sentí como sus manos sujetaban mis caderas para que no pudiera escapar fácilmente.
—¡Que me sueltes, jodido imbécil!—Dije con rabia mientras le pegaba en su pecho.
Como si eso sirviera de algo.
—Mírame. Déjame explicártelo.—Parecía una súplica, pero mi nivel de inseguridad era tan alto que no le creía.
—Vete a la mierda. Y llévatela a ella contigo. Porque por tus putas y jodidas mierdas te dejo. No tienes tiempo para mí, pero si para ella. Te llamo y no respondes porque estas ahí tan a gusto hablando con esa...shlyúkha.
—Insultala, pégale, haz lo que quieras, me da igual. Me importas tú, hase.
—Vuelve a llamarme así y al que voy a pegar es a ti.
Y ahí está mi lado latino. Porque sí, mi madre me enseñó que no hay que acobardarse frente a un hombre.
—Estas enfadada y lo entiendo, pero escúchame.—Su voz era suave. Quería calmarme.
Pero no había nadie en este jodido mundo que pudiese calmarme ahora.
Editado: 17.06.2026