Loyalty

6. Lo correcto.

Alaric

He hecho la mayor jugada de mi vida.
Había pasado un día.

Un glorioso y magnífico día.

Iba todo como viento en popa.

Menos Leila. Seguía enfadada. No contestaba a mis mensajes. Ni a mis llamadas.

Lo entendía, claro. Por supuesto.

Estaba asimilando que volvería a estar conmigo. Normal. Soy complicado y seguro que esta estresada por tener que volver a aguantar mis manías.

Por eso he encargado que dejasen diez ramos de diferentes flores en su puerta.

Claveles, cannas índicas, crisantemos, jacintos, delfinios rosas y cinco ramos de lirios de diferentes colores.

La flor favorita de Leila.

Amaba esas flores y yo las amaba porque eran igual de bellas que ella.

Estaba ansioso por ver su reacción.
Alexei, Caleb, Aiden y yo estábamos en la sala de reuniones de Volkov industries.

Teníamos antes una reunión con los directores de la plantilla.

Mi suegro dijo que sería mejor hablarlo todos juntos en familia, para que Caleb no se lo tomara muy mal.

Por eso traen a la increíble y maravillosa Artemis Volkov García.

Adoro a mi suegra. Está más en este retorcido barco que su marido.

La reunión estaba terminando.

Más bien, Caleb la dió por terminado.

—Que aburrimiento.—Bostezó.

—No puedes terminar las reuniones siempre que te aburras.—Aiden lo regañó.

—¿Por qué?—Preguntó con confusión.— Es un tiempo de descanso que se dan ellos. Me lo agradecen.

—Debes dar ejemplo, hijo. Cuando una reunión empieza, debe terminar.—Alexei interrumpió.—Aún que esta no ha terminado. Cuando venga vuestra madre empezaremos.

—¿Madre?—Caleb frunció su ceño y miró a su padre con confusión.—¿Por qué vendría madre?

—Por favor que no sea una propuesta de matrimonio para nosotros. Ya sabe que la rechazaremos.—Dijo Aiden mientras cruzaba sus brazos sobre su pecho.

Me mantuve callado. No me interesaba hablar ahora mismo.

Pero Caleb se dió cuenta de eso.
Su mirada se dirigió hacia mí, había sospecha en ella, su ceño seguía fruncido.

—¿Por qué tan callado, Müller?

—No hay nada que tenga que decir al respecto.—Contesté con suma tranquilidad.

—Ajá.—Su corta y breve respuesto me dejo en claro que no me creía.

Pero la maravillosa Artemis apareció por la puerta de la sala de reuniones.

Su sonrisa apaciguadora y sus verdosos ojos brillantes fue lo primero que vi.

Miró a todos y llevó sus manos a sus caderas como si hubiesemos hecho algo mal.
Borró su sonrisa y su ceño se junto.

Aiden y Caleb se parecían a ella cuando hacían el mismo gesto.

—¿Y Leila?—Preguntó disgustada.

—Se suponía que venía contigo, cariño.—Habló Alexei con cariño.

Ese tono siempre aparecía cuando Artemis estaba cerca de él.

—Pero ella me dijo que Alaric la recogía.

Será...

—Te ha engañado, Missy.

—Voy por ella.—Dije con seriedad mientras me levantaba de mi asiento.

—No te muevas. Aiden llámala.—El tono de Caleb era serio.

No me moví de mi sitio, pero mis ojos fulminaban a mi cuñado.

—No se lo va a coger, Caleb.—Dijo Alexei con suma seguridad y se encogió de hombros. Conocía demasiado bien a su hija.—Ve por ella, Alaric.

No dudé.

Me levanté y salí de la sala con rapidez.

Que Leila no viniera, era una pequeña posibilidad que pensaba.

Es demasiado rebelde.

Hoy había traído mi moto. Una Kawasaki Ninja H2 SX SE.

Me la compré hace unos meses. Un capricho.

Me afloje la corbata, desabroche los dos primero botones de mi camisa y me puse el casco.

Subí a la moto y el primer rugido fue la advertencia de que saldría del aparcamiento.

Cogí velocidad para llegar en cuestión de minutos al piso que Leila compartía con una amiga suya.

Si mi hase pensaba que la iba a dejar irse de rositas, no me conocía bien.

______

Leila

Celia y yo estamos en el salón viendo una película de Marvel.

Ella no se había visto ninguna, por eso le estaba enseñando la cultura.

Estábamos tranquilas, con chuches y palomitas.

Le había mentido a mi madre de que Alaric me recogía, porque no iba a ser tan tonta de ir allí a firmar nada y menos a negociar algo.

No me iba a comprometer con Alaric.

Si ese rubio piensa que sí, esta muy equivocado.

La tranquilidad se fue cuando el sonido de una moto llegó a mis oídos. El motor paró de rugir justo en mi calle.

Los nervios me inundaron. Sabía perfectamente que seguro Alaric habría venido a buscarme.

Puto idiota.

—Si tocan, abres tu.—Dije a Celia mientras me ponía de pie corriendo.—Y no estoy.

—¿Qué?—Dijo extremadamente confundida.

En eso se escuchó el timbre de la puerta. No el del portero.

Había subido gracias a la ayuda de alguna vecina.

Un idiota listo.

Celia fue hacia la puerta aún confundida y la abrió.

Yo me escondí en la cocina. La puerta abierta de esta me daba visión de Celia y me ocultaba de Alaric, gracias a la puerta principal abierta.

Vi la reacción de mi mejor amiga. La sorpresa de ver a Alaric.

—Ave maría santa purísima.—Murmuró mientras examinaba a Alaric de la cabeza a los pies.—¿Tú eres Alaric? Dios, bendito seas.

—¿Esta Leila?—Su voz ronca llegó a mis oídos.

Celia giró brevemente su rostro hacía donde estaba yo.

Negué con la cabeza mientras le amenazaba con la mirada.

Volvió a mirar a Alaric y sonrió con picardía.

—¿Fuiste tú quién le envió todas esa flores?

—Si. ¿Está o no?

Celia se hizo a un lado sin borrar su sonrisa y me señaló.

No me lo puedo creer.

—Toda tuya, tremendo dios griego.

—¡Traidora!—Grité molesta.

Alaric entró y cuando giró su rostro me vió.

—Vístete. Nos vamos.

—No—Respondí mientras me cruzaba de brazos.

—Leila.—Dijo con un tono que me hacia saber que no tenía paciencia para esto.—No me hagas llevarte con ese pijama de flores a la empresa de tu hermano.



#3249 en Novela romántica
#938 en Otros
#368 en Humor

En el texto hay: humor, mafia, amor

Editado: 05.08.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.