Lucero De La Mañana: El Regreso al Paraíso

La voz que promete descanso

Elian despertó sobresaltado. No sabía cuánto tiempo había dormido, pero el bosque ya no era el mismo. La noche seguía allí, espesa, inmóvil, sin el murmullo habitual de insectos ni el crujir lejano de ramas. Era un silencio antinatural, demasiado perfecto.

—Luc —susurró.

Luzbel estaba de pie a pocos pasos, de espaldas, observando la oscuridad entre los árboles. No se había movido en toda la noche. Su postura era tranquila, pero su atención estaba tensada como un arco a punto de disparar.

—No te levantes —dijo— Aún no.

Elian se incorporó de todos modos..Y entonces lo sintió.. Un peso en la cabeza. Una presión detrás de los ojos. Un pensamiento que no nacía de él pero que sonaba exactamente como su propia voz.

Estás cansado.

Elian se llevó una mano a la sien.

—¿Oíste eso? —preguntó, respirando con dificultad.

Luzbel cerró los ojos un instante.

—Sí —respondió—. No le contestes.

La voz regresó, más cerca, más íntima.

Siempre fuiste distinto. Siempre solo. Yo puedo hacer que deje de doler.

Elian apretó los dientes.

—¿Quién eres? —pensó, sin darse cuenta de que no había hablado en voz alta.

La respuesta llegó de inmediato..La oscuridad tomó forma. No un cuerpo completo, sino una presencia mental que se deslizó dentro de su conciencia como tinta en agua. El mundo alrededor se distorsionó: los árboles se alargaron, la luna se oscureció, el suelo pareció inclinarse.

— Migael—dijo la voz, suave, paciente — No vengo a hacerte daño. Vengo porque tú puedes escucharme.

Elian cayó de rodillas..El dolor mental fue inmediato. Imágenes comenzaron a invadirlo: discusiones en casa, miradas de desprecio, burlas en la escuela, noches interminables deseando no existir. Todo amplificado, deformado, afilado.

—¡Basta! —gritó.

— No te estoy haciendo nada que el mundo no te haya hecho primero, — respondió Migael.—
Yo solo te ofrezco control.

Luzbel dio un paso adelante.

—Sal de su mente —ordenó, con una voz que ya no era del todo humana.

La sombra rió.

Así que este es el que te protege..Qué irónico, Elian. Él también cayó.

Elian levantó el rostro, confundido.

—¿Qué… qué quiere decir?

Migael aprovechó la grieta.

Él te entiende porque es como tú. Porque sabe lo que es ser demasiado, sentir demasiado, pensar demasiado. Conmigo no tendrías que resistir. Podrías abrirte.

Elian gritó. No de dolor físico, sino porque su mente estaba desbordándose. El bosque tembló. Las hojas se elevaron del suelo, girando en espiral a su alrededor. La tierra vibró. Los pensamientos de Elian se proyectaron sin control, creando ondas visibles en el aire.

Luzbel abrió los ojos con alarma.

—Elian —dijo— Escúchame. Lo que sientes no es debilidad. Es poder. Pero si lo dejas entrar, te romperá desde dentro.

Migael se tensó.

Así que ya lo sabes. Un núcleo psíquico tan joven… tan brillante… Con él podría apagar una ciudad entera.

La presión aumentó..Elian comenzó a llorar, incapaz de contener la avalancha mental.

—¡No quiero esto! —sollozó—. ¡Solo quiero que se calle!

La oscuridad avanzó..Luzbel ya no pudo contenerse. Extendió la mano. La luz no explotó. Se filtró..Un resplandor dorado, cálido, atravesó el pecho de Elian como un latido compartido. No quemó. No impuso. Sostuvo.

—Respira conmigo —dijo Luzbel—. Uno… dos…

Elian obedeció, aferrándose a la voz como a un ancla..La espiral de hojas cayó..El temblor cesó. La presión mental comenzó a retroceder. Migael gritó, furioso.

¡No te pertenece!

—No —respondió Luzbel, con una calma terrible— No te pertenece nada que no elija caer.

La presencia oscura fue expulsada de la mente de Elian como una sombra arrancada a la fuerza. El bosque recuperó su forma, el aire volvió a moverse. Elian cayó hacia adelante. Luzbel lo sostuvo antes de que tocara el suelo. El muchacho temblaba, exhausto, los ojos abiertos y llenos de miedo.

—Luc… —susurró—. ¿Qué soy?

Luzbel lo miró con una ternura profunda.

—Alguien capaz de cambiar más de lo que imagina —respondió—. Por eso te quieren. Y por eso debes aprender a protegerte.

Muy lejos de allí, en lo alto de un edificio oscuro, Migael abrió los ojos con furia contenida.

—No importa —dijo—.Ya te vi, Elian. Y ahora sé exactamente cómo romperte.

La ciudad dormía. Ignorante de que su destino acababa de entrelazarse con el alma de un muchacho gótico y con el guardián que había decidido no dejarlo caer.




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