Lucero De La Mañana: El Regreso al Paraíso

El mundo después de la luz

El mundo no se detuvo. Entró en pánico.

En menos de veinticuatro horas, el video del hospital había cruzado fronteras, idiomas y credos. Fue analizado, ralentizado, ampliado hasta el delirio. Ninguna edición lograba explicar lo imposible: alas de luz, sombras expulsadas, cuerpos cayendo vivos donde debía haber muerte. Los gobiernos reaccionaron primero con negación. Luego con miedo.

—No es un ángel —dijeron algunos voceros—. Es un fenómeno desconocido.
—Una amenaza.
—Un arma.
—Un experimento fuera de control.

Los líderes religiosos se dividieron. Unos lo llamaron milagro. Otros, herejía. Los más peligrosos, señal del fin. Las calles se llenaron de velas y de piedras. Elian lo sentía todo como una marea interminable.

—Luc… —murmuró desde el departamento— Están rezándote. Pero también… te odian.

Luzbel permanecía de pie, inmóvil, como si cada palabra humana atravesara su cuerpo sin tocarlo del todo. Pero Elian sabía que no era verdad.

—La fe siempre tiene dos caras —respondió. La esperanza y el miedo a perderla.

—Están organizándose —dijo Elian, llevándose una mano al pecho—. Grupos. Algunos quieren encontrarte. Otros quieren destruirte.

Luzbel cerró los ojos.

—Entonces Migael ya ganó su primer objetivo.

Elian lo miró.

—¿Cuál?

—Dividirlos.

El ataque no llegó como explosión. Llegó como un susurro. Elian se estremeció de golpe, soltando el vaso que tenía en la mano. El cristal se rompió contra el suelo, pero él no lo vio.

—No —susurró—. No puede ser.

Luzbel se volvió hacia él al instante.

—¿Qué viste?

Elian respiraba con dificultad.

—Mi casa —dijo—. Donde crecí.

El aire se volvió denso.

—Mi madre —continuó — Está… está sola.

Luzbel lo supo antes de que terminara la frase.

—Migael.

La imagen se clavó en la mente de Elian sin pedir permiso: una habitación conocida, la luz amarilla del pasillo, una figura sentada en la mesa de la cocina. Su madre, con la mirada perdida, los dedos manchados de sangre ajena, murmurando palabras que no eran suyas.

—Él la eligió —dijo Elian, con la voz rota— Porque sabe que no voy a huir.

La sombra apareció en el reflejo del vidrio de la ventana, como si siempre hubiera estado allí.

—Nunca huyo —dijo Migael—. Solo invito.

Luzbel dio un paso adelante, furioso.

—No la toques.

Migael sonrió.

—No lo hice —respondió—. Ella me dejó entrar. Como dejan entrar al miedo cuando aman demasiado.

Elian gritó.

—¡Sal de su mente!

La presión fue inmediata. Migael apretó la conexión, mostrando imágenes calculadas: recuerdos de infancia, noches de preocupación, lágrimas silenciosas por un hijo distinto, incomprendido.

—¿Ves? —susurró—. Siempre tuvo miedo por ti. Yo solo le di forma.

Elian cayó de rodillas.

—Esto es culpa mía…

Luzbel se arrodilló frente a él, tomándole el rostro con firmeza.

—No —dijo—. Esto es mi responsabilidad.

Y entonces hizo algo que había evitado desde el principio. Abrió su presencia por completo para Elian.

No como poder. Como verdad. Elian sintió la eternidad comprimida en un instante: la caída, el perdón, el Paraíso reconstruido, la misión, la soledad. Sintió la culpa de Luzbel por cada humano tocado por la oscuridad.

—No estás solo —dijo Luzbel—. Nunca lo estuviste.

Se levantó. Las alas se desplegaron, no con violencia, sino con una solemnidad absoluta. El aire vibró. El edificio entero pareció inclinarse ante algo antiguo y despierto.

—Migael —dijo—. Suéltala. Ahora.

La sombra retrocedió un paso. Por primera vez, dudó.

—Si la salvo —continuó Luzbel—, no habrá escondites en la Tierra para ti.

Migael sonrió, tenso.

—Entonces ven —respondió—. Te estaré esperando… en todo lo que amas.

La presencia se cortó. Elian se levantó de golpe.

—Tenemos que ir —dijo—. Ya.

Luzbel asintió.

—Sí —respondió—. Y esta vez… no voy a llegar tarde.

A lo lejos, la ciudad seguía dividida entre fe y odio. Y en una casa silenciosa, una mujer respiraba con dificultad, al borde de una guerra que no entendía. La batalla ya no era celestial. Era humana. Y eso la hacía infinitamente más peligrosa.




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