Lucero De La Mañana: El Regreso al Paraíso

El precio del vínculo

Elian lo sintió antes de saberlo. No fue una visión ni una voz. Fue un tirón seco en el pecho, como si alguien hubiera tensado un hilo invisible hasta casi romperlo. Se detuvo en medio de la calle, pálido.

—Luc —susurró—. Es ahora.

Luzbel no preguntó. El aire alrededor de Elian vibraba con una frecuencia inconfundible: vínculo emocional profundo, abierto a la intromisión. Migael había dejado de tantear ideas y multitudes. Había elegido un nombre.

—¿Quién? —preguntó Luzbel, ya en movimiento.

Elian tragó saliva.

—Mi madre.

La ciudad se volvió un corredor estrecho. Avanzaron sin llamar la atención, sin luz visible, pero con la urgencia latiendo en cada paso. Elian sentía la mente de ella como una habitación con la puerta entreabierta, invadida por un frío que no pertenecía a la noche..La casa estaba a oscuras. Demasiado.

—No entres solo —dijo Luzbel.

Elian asintió, pero su respiración era irregular. Al cruzar el umbral, el aire cambió. No había gritos ni objetos rotos. Solo una calma falsa, sostenida por una presencia que no necesitaba violencia para dominar..Ella estaba sentada en la mesa de la cocina. La luz del pasillo delineaba su perfil inmóvil.

—Mamá —dijo Elian, dando un paso.

La mujer levantó la mirada. Sus ojos no estaban negros. Estaban vacíos.

—Él me dijo que estarías bien —dijo con una voz que no era del todo suya—. Que no debía preocuparme más.

Elian sintió el golpe en el estómago.

—¿Quién te dijo eso?

La sombra se deslizó por la pared, reuniéndose detrás de ella como una segunda silueta.

—Yo —dijo Migael, manifestándose al fin—. Solo quité el miedo. El resto… lo hizo ella.

Luzbel avanzó, su presencia tensando el espacio.

—Sal de su mente —ordenó.

Migael sonrió, tranquilo.

—No estoy dentro —respondió—. Estoy sosteniendo lo que ya decidió.

Elian cayó de rodillas.

—No —susurró— Ella no elegiría esto.

Migael se inclinó ligeramente.

—Elegir no sentir también es elegir.

La presión aumentó. La mujer comenzó a temblar, respirando con dificultad, como si una emoción demasiado grande buscara apagarse.

—Luc —dijo Elian, desesperado—.Se está desconectando.

Luzbel actuó. No con luz abierta..Con presencia. Se colocó frente a la mujer y apoyó dos dedos en su frente. No invadió. No forzó. Recordó..Un destello suave atravesó la habitación: risas antiguas, manos pequeñas aferradas a un delantal, noches de cuidado silencioso. El miedo retrocedió, no por imposición, sino por reconocimiento.

La mujer respiró hondo. Parpadeó.

—Elian —susurró— ¿Qué haces aquí?

Migael retrocedió un paso, irritado.

—Interesante —murmuró—. Así que eso eliges proteger.

Luzbel levantó la mirada.

—No toques lo que ama —dijo—. Porque ahora yo tocaré lo que temes.

La casa no soportó la tensión. Las luces estallaron. El aire se comprimió. Migael dejó de fingir sutileza y se manifestó por completo: alto, oscuro, con una presencia que arrastraba la temperatura del lugar hacia abajo.

—Entonces peleemos —dijo— Aquí. Ahora.

El primer choque fue silencioso. No hubo explosión visible, sino un impacto de voluntades que sacudió paredes y cimientos. Luzbel se movió con precisión contenida, evitando que la energía dañara a los humanos. Migael respondió con fuerza directa, probando límites, empujando..Elian protegió a su madre, sosteniéndola mientras la casa crujía.

—¡Salgan! —ordenó Luzbel— ¡Ahora!

Migael lanzó un golpe de sombra. Luzbel lo interceptó con el antebrazo. El contacto hizo vibrar el aire como metal contra metal.

—Te escondes demasiado —escupió Migael— La Tierra no es el Cielo.

—Por eso sigo aquí —respondió Luzbel— Para que no la conviertas en tu reflejo.

El enfrentamiento se desplazó fuera, al patio, luego a la calle desierta. Faroles parpadeando. Ventanas temblando. Ninguna ala visible, pero todo en el entorno sabía que algo antiguo estaba en juego. Migael sonrió, tenso.

—No puedes vencerme aquí sin mostrarte —dijo— Y si lo haces, ellos te reclamarán.

Luzbel se detuvo. Lo sabía. La victoria total exigiría revelación. Y la revelación traería consecuencias irreversibles.

—Entonces esto no termina hoy —dijo— Pero tampoco te pertenece esta ciudad.

Migael retrocedió, satisfecho.

—Aprendes rápido —susurró—. Nos veremos donde más duele.

La sombra se disipó, dejando la noche temblando. Luzbel volvió junto a Elian y su madre. Ella estaba a salvo, consciente, abrazándolo con fuerza.

—No sabía… —murmuró— Sentí que me estaba apagando.

Elian lloró en silencio.

—Ya pasó —dijo, aunque sabía que no era del todo verdad.

Luzbel los observó, con una decisión clara formándose en su interior. La guerra había dejado de ser conceptual. Había tocado sangre, memoria, amor.

Y eso significaba una sola cosa. No habría más treguas largas. Mientras se alejaban, ocultos otra vez entre sombras humanas, Luzbel entendió que el siguiente movimiento debía ser definitivo.

No para vencer a Migael..Sino para proteger los vínculos que lo debilitaban..Porque ahora, Migael lo sabía..Atacar a la luz no bastaba. Había que romper lo que la sostenía.




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